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El Conde Montepulciano

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El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 7/3/2010, 6:48 pm

Aqui les traigo la secula de Un amor en 1920, su autora es L0kiicita Cullen y con su permiso se los traigo espero q lo disfruten

El Conde Montepulciano



¿Qué sucede con la vida de Bella después de la muerte de Edward? ¿Edward muerto? ¿Qué sucederá cuando el nuevo conde llegue a poner orden al pueblo y a la vida y familia de Bella

"La vida después de"

:::::::: 8 años después ::::::::

-Mami Charlie me tiro el pelo- me dijo mi pequeña hija Anne quien comenzó a lloriquear.

-Charlie compórtate y no le jales el cabello a tu hermana- le dije a mi hijo mientras arreglaba los tirabuzones rubios de la pequeña.

-Mamá ella empezó, dijo que iba a sacarle el agua a Gregorio- el pequeño se refería a la rana que le regalaron en su último cumpleaños número seis.

-Hijo tu hermana no hará eso por que ella te ama- le dije acariciando sus mejillas que estaban húmedas por haber llorado de miedo a que le pasara algo a su mascota –A ver, quiero ver una abrazo grande entre los dos hermanos- les pedí a ambos, quienes se miraron desafiantes al principio, pero mi pequeña Anne sonrío tímidamente.

-Disculpa Charlie, jamás le haría eso a Gregorio- y le tendió su pequeña manita, la que fue aceptada con una enorme sonrisa por parte de mi hijo quien luego la atrajo hacia si para abrazarla. Como amo a mis hijos, los únicos que me han dado la fuerza necesaria para poder vivir luego de que "él" se fue de mi vida.

-¡Isabella!- escuche gritar a mi esposo, quien jamás en todos estos años consiguió un ápice de amor por mi parte, ni siquiera una milésima parte a la que siento por él…aún.

-¿Qué quieres Alec?- le pregunté desganada cuando llegue a él luego de unos minutos, por nuestros hijos intentaba llevar las cosas en paz, después de todo ¿Qué iba a hacer? Si me encontraba sola en el mundo. Cuando decidí casarme con Alec por esta misma razón, toda la familia Cullen se había apartado levemente de mi, los entendía lo se, pero no me dieron la oportunidad de explicarles siquiera como me sentía, pase 3 meses en estado de shock, nadie, absolutamente nadie conseguía sacarme de aquel pozo negro, no comía, no dormía, no hablaba, solo lloraba en mi interior por la perdida de mi corazón, ese que se rearmo lentamente cuando tuve en mis brazos a mis hijos, estuve así hasta que solo llego Esme quien nunca me a dejado sola, incluso hasta el día de hoy.

-¿Esa es la manera que tienes de atender a tu esposo?- me pregunto mirándome con repulsión.

-Vine en cuando pude, estaba jugando con los niños en el jardín- le explique.

–Si te llamo debes venir enseguida- me objeto, por el rabillo del ojo vi a nuestros hijos correr hacia nosotros, por lo que intente fingir mi mejor sonrisa para que vieran que nada pasaba, aunque la pequeña Anne de dos años no entendía nada aún de problemas conyugales, Charlie era bastante inteligente.

-No se repetirá- le susurre bajito.

-Eso espero- me dijo sin siquiera intentar fingir molestia –Necesito que prepares minuciosamente una cena para este fin de semana, tendremos invitados realmente importantes- me informo, cuando los pequeños estuvieron cerca de nosotros, la pequeña Anne me levanto sus brazos para que la tomara y así lo hice, mientras Charlie jalaba la camisa de su padre.

-Papá prometiste que hoy iríamos a elevar cometas al río- le recordó mi pequeño.

-Estoy ocupado Charlie, ve con tu madre- le espeto enojado, girándose sobre sus talones sin siquiera mirar a sus hijos, Charlie tenía sus ojos vidriosos y me dio la espalda para ocultarlo.

-Hijo no te pongas así, sabes que tu padre tenía ganas de este paseo, pero tiene mucho trabajo- le dije acariciando su espalda. Charlie en un arrebato se zafo de mi mano y corrió en dirección a la casa, yo simplemente suspire frustrada.

Camine de la mano con Anne en dirección a la casa, cuando ya estuve dentro Heidi, la sirvienta de la casa se acerco a mi.

-¿Algún problema mi señora?- me pregunto, yo la mire con mi mejor cara inocente, aunque existiera el mínimo problema no se lo diría, ella creía que yo no sabia que estaba siempre vigilándome, pendiente de mi por ordenes de Alec para contarle la mínima información.

-Nada Heidi ¿has visto a Charlie?- le pregunté como si nada.

-Lo vi correr hacia su habitación- me informo, yo asentí para subir a su cuarto y ella se fue dejándome con Anne.

-Tengo una idea- le dije acuclillándome al lado de mi pequeña –Por que no vas a la cocina y le pides a Heidi unas galletas de avena y un vaso de leche y piensas en alguna mascota que quieras- cuando le dije mi idea los ojos de mi hija se iluminaron junto con una gran sonrisa.

-¡Siiiii! ¡Quiero un perrito!- se fue gritando por los pasillos hacia la cocina, yo sonreí orgullosa. Subí las escaleras a paso lento pensando en las mejores palabras de aliento para mi hijo, toque suavemente tres veces a su puerta.

-Toc toc ¿puedo pasar?- dije asomando solo la cabeza a través de la puerta, observe sobre su cama, en la mesita donde dibujaba, donde tenia sus juguetes y no estaba, sonreí al pensar en donde se encontraba.

Camine hasta su cama y me subí en ella estirándome completamente.

-Dios sabes, hoy tenia unas ganas enormes de elevar cometas, lamentablemente nadie quiere acompañarme, me siento tan solita y lo peor de todo es que mi hijo desapareció- dije con un fingido tono de tristeza, sonreí cuando escuche como se removía algo de debajo de la cama, seguido por unos golpecitos en el colchón que hicieron que se levantara un poco –Oh ¿Qué es eso?- pregunte como si estuviese asustada –Es que habrá algo bajo el colchón- y escuche su pequeña risita, débil de seguro por que estuvo llorando, pero no por eso menos hermosa, para mi era el canto que calmaba mi mellado corazón -¿Quién esta ahí?- pregunte temerosa mientras me bajaba de la cama y me arrastraba lentamente hacia el interior de su pequeña cueva que había construido con algunas mantas y almohadas, dentro de ella tenia sus cosas más preciadas, una foto de los cuatro el día que llego a nuestras vidas Anne, una foto cuando le regalaron a Gregorio, su mantita que tenia desde bebé pero tuvo que esconderla ya que Alec jamás permitiría que la conservara ya siento un niño grande, como le decía él. Cuando ya estuve lo suficientemente cerca de él, quien se escondía de detrás de unas almohadas salio para asustarme.

-¡Buuuu!- me dijo con sus manitas cerca de su pecho como si fuera un zombie.

-Oh Dios me han asustado- le dije y me hice la desmayada.

-¡Mamá!- me regaño pero yo no me moví –Mamá ya, se que estas despierta- me decía pero yo no me movía -¿Mami?- y me empujaba rápidamente para que reaccionara, al escuchar su voz preocupada abrí mis ojos para que viera que estaba jugando, sus ojitos me transmitían la preocupación que sentía.

-Aquí estoy amor, solo jugaba- le dije calmándolo.

-Prometo no asustarte nunca más mami- y me abrazo, así quedamos tendidos bajo su cama abrazados –oye mami- me dijo llamando mi atención.

-Dime- le conteste.

-¿Tu jamás morirás verdad?- su pregunta me tenso pues yo jamás hablaba de esos temas, al menos no desde aquel entonces.

-¿Por qué lo preguntas?- le contra pregunte.

-Henry, mi compañero de puesto me dijo que la gente se moría a los 99 años- me dijo, su teoría hizo que una leve sonrisa se formara en mis labios, una sonrisa que oculte ya que este era un tema importante para él –Me dijo que cuando se pasaban de los 100 la gente moría, yo no quiero que me dejes mami- el tema de la muerte y dejar a las personas era algo que no había podido superar fácilmente, me pase dos años intentando que me entregaran el cuerpo de él para poder darle una sepultura digna del amor de mi vida, hasta que finalmente Alec me ayudo, solo me trajo sus cenizas ya que le informaron que lo cremaron debido a las enfermedades que producían los cuerpos, ya con sus cenizas en mi poder y junto con Esme, le hicimos un funeral enterrándolas cerca de la casa que un día él me regalo, cada vez que podía escaparme sin ser vista por Alec o Heidi lo visito, es mi manera de estar cerca de él, llorar lo que no puedo estando en esta fachada de vida perfecta.

Cambie el tema de Charlie, mentirle acerca de estar siempre con él no era la mejor solución, después de todo seguiría siendo una mentira, como aquella que él me dijo ocho años atrás, aquella en la que me decía que jamás me dejaría.

-¿Me enseñarías a elevar cometas?- le pregunte inocentemente.

-Mamá tu sabes elevar cometas- me dijo como si fuera una niña pequeña.

-Pero soy horriblemente mala y tu eres excelente- le dije con una enorme sonrisa, una que me devolvió mostrándome sus diminutos y blancos dientes.

-Esta a punto de caerse tu muela- le dije contenta viendo lo grande que estaba mi hijo –Recuerda de dejarlo bajo la almohada cuando eso suceda- le dije mientras salíamos de debajo de la cama.

-Mamá, ya se que la hada de los dientes no existe, así como santa o el conejo de pascua- me dijo desganado.

-¿Quién te dijo eso?- le pregunte asombrada.

-Me lo dijo papá el año pasado cuando le entregue mi carta para santa, me dijo que ya estaba grande para creer en tonteras- y se encogió de hombros como si no importara, pero a mi claro que me importaba, una rabia creció en mi interior por haberle robado la ilusión a mi pequeño.

-¿quieres que te cuente un secreto?- le dije sentándome en su cama y sentándolo a él en mi regazo, conocía a mi hijo y cada vez que le decía que era secreto su animo subía exponencialmente, junto su cabeza con la mía para que hubiese el mínimo espacio –Tu papá no cree en santa ni en el hada por que ellos ya no lo escuchan, por que se porta sumamente mal y no se come las verduras- le dije, vi en sus ojos un leve brillo.

-Mamá si no existen- me dijo dubitativo.

-Bueno si tu no quieres creer, mejor para mi y tu hermana, así nos traerán más dinero y regalos en estas fiestas- le dije sonriente.

-¿Entonces de verdad existe?- me pregunto esperanzado.

-Pero claro hijo, siempre que tu lo aceptes en tu corazón existirá- y bese su cabeza, él se abrazo a mi.

-Te quiero mami- y unas pequeñas lágrimas cayeron de mis ojos, pensando en otros tiempos que hubiese querido para mí y para él.

Bajamos al primer piso donde encontramos a Anne con su boquita llena de restos de chips de chocolate de las galletas y un tierno bigote de leche.

-¿Comiste galletas con chocolate?- le pregunte seria como si la pillara en una maldad.

-No mami- me dijo mirando al techo, Charlie y yo reímos fuertemente por su pequeña y mala mentira. Me acerque a la pequeña y con mi dedo le saque parte del chocolate y se lo mostré, al sonreírme inocentemente vi en sus dientes más chocolate.

Luego de lavarla nos fuimos al río para elevar las cometas, Charlie ya se veía bastante animado luego de nuestra conversación y Anne, bueno Anne es Anne, una pequeña inocente que disfruta de todo.

-Charlie, mamá me regalara un perrito- escuche que le contó a su hermano, quien llevaba en sus manitas a su mascota y la acerco a su pecho temeroso.

-¿Un perrito? ¡Ey! Que no se vaya a acercar a Gregorio- le dijo asustado.

-Pues yo tengo una idea- le dije a ambos mientras seguíamos caminando – ¿Por que mejor no llevamos la pecera donde vive Gregorio a tu cuarto y cuando llegue el perrito de Anne le hacemos una casita en el patio?- Charlie me miro radiante –Así nunca se encontraran ambos en el mismo lugar.

-¿Puedo llevarme a Gregorio a mi habitación?- la esperanza en la carita de mi pequeño era impagable, ver sus ojitos brillar con tal intensidad era una paz concentrada, yo asentí y mi hijo se echo a correr de felicidad.

-¡Yo igual quiero a mi perrito en mi cuarto!- protesto mi pequeña, yo me lo pensé un rato, ya seria complicado convencer a Alec de dejar la rana de Charlie en su habitación, pero el perrito seria otro cuento.

-Lo veremos Anne, quizás mientras sea un cachorrito pero cuando crezca deberá vivir en su propia casita de perro ¿Por qué no quieres que se enferme por estas encerrado, verdad?- y la pregunta la asusto, asintió inmediatamente.

Al llegar cerca del río Charlie le hizo una especie de muralla con diversas piedras a Gregorio, para así comenzar a elevar la cometa, él sostenía el hilo mientras que yo le lanzaba la cometa al cielo para que comenzara a tirar de ella, Anne animaba a que la cometa volara más y más alto.

Mis hijos reían por sus ocurrencias, se veían en paz y feliz, lo que a mi me calmaba y me hacia feliz, pero esta felicidad no estaba completa.

Recuerdo el día que nació Charlie y la entereza que tuve que sacar de lo más profundo para poder criarlo, seguía bajo una fuerte depresión y la familia de Alec no era una muy buena ayuda, Dídima siempre me chantajeaba con contarle a Alec acerca de mi boda con él, pero finalmente conseguía sonsacarme lo que quería, conocía a Alec perfectamente en estos ocho años sabia muy bien que se formaría la segunda guerra mundial si él se enteraba, sobre todo temía que me quitara a mis hijos, ellos seguían teniendo un poder absoluto provenientes de no se que parte de Italia, ahora ellos eran casi la ley desde que mi padre murió.

Estaba tan abstraída en lo mío que no me percate de que Anne sujetaba la cometa, en realidad la arrastraba intentando elevarla, pero ¿y Charlie?

Mi corazón se acelero erráticamente al no verlo en ninguna parte.

-¿Tu hermano, donde esta Charlie?- le pregunte desesperada a mi hija.

-Gregorio se escapo así que fue a buscarlo, dijo que volvía pronto- me informo mi pequeña. Mire para todos lados intentando buscarlo, pero nada.

-¡Charlie!- grite, pero nada respondía, pasaron un par de minutos más y la histeria comenzaba a tomar parte de mi cuerpo, Anne me miraba preocupada al verme así, no a él tampoco podía perderlo.

Tome la mano de la pequeña y caminamos al interior del bosque gritando el nombre de mi hijo.

-Mami ¿y la cometa?- me pregunto Anne.

-Luego vendremos por ella- le dije mientras caminaba un poco más apurada al interior, seguía gritando por mi hijo pero el silencio era desgarrador, solo se escuchaba el flujo de agua del río, de pronto se escucho unas pisadas un poco más adelante, tome en brazos a Anne para así poder correr y llegar al dueño de aquel ruido, pero grande fue mi asombro cuando encontramos simplemente un caballo, ¿un caballo? Es decir que alguien más estaba aquí, pues tenia montura, mi cuerpo se puso rígido al pensar que alguien podría estar con Charlie, podría ser incluso peligroso.

El miedo ya se había apoderado de mi y gruesas lagrimas salían por mis ojos al pensar en que mi hijo estaba herido o en peligro.

-Mami ¿Por qué lloras?- me preguntó afligida mi hija pasando su pequeña manita para quitas las lágrimas, al verme llorar comenzó a preocuparse y a sollozar también -¿Charlie esta mal?- y sus ojitos comenzaron a anegarse en lagrimas, al verla así intente calmarme para no traspasarle la preocupación.

-No amor, tu hermanito esta bien, solo esta haciéndonos una broma, tu jamás debes hacer algo así por que preocupas a mami, pero él esta bien- bese su cabecita y rogué a Dios por que mis palabras fueran verdad.

Caminamos orillando el río, quizás Charlie aún seguía buscando a Gregorio ¿y que mejor lugar que los sectores húmedos?

Mi corazón se acelero cuando escuche unos murmullos, hice mis pasos más silenciosos al igual que le hacia un gesto a Anne para que no hiciera ruido, al acercarnos más escuche su inconfundible risita, corrí con Anne en mis brazos hasta llegar donde estaba mi hijo sentado a orillas del río, me asusto verlo al lado de un hombre con una complicidad extraña, a aquel hombre nunca lo había visto pero sinceramente en estos momentos no era relevante.

-¡Charlie!- grite enojada, al verlo vivo y sano el enojo por haberse separado llego a mi -¿Dónde te habías metido? hijo por Dios- me arrodille ante él para abrazarlo, sentí que al fin podía llenar mis pulmones con aire sin provocarles dolor.

-Mami Gregorio se salio de mi fuerte y no lo encontré, así que seguí sus pisadas, no lo encontraba y pensé que le había pasado algo- escuche como su voz se quebraba, lo entendía de cierta forma pues su mascota era un regalo de su padre y eso significaba mucho para él –Bueno, encontré a Gregorio- me dijo, pero en su tono de voz note que quería pasarlo desapercibido.

-¿y donde fue que lo encontraste?- pregunte extrañada de que no me relatara su gran acto de heroísmo.

-Bueno él…él saltaba…ya sabes como siempre- me dijo con su sonrisa de niño bueno –Como siempre mami saltaba de aquí para allá- me seguía diciendo.

-Charlie- le apure para que fuera más detallista.

-Ma no te espantes- me dijo y ya solo con escucharlo decirme "ma" supe que algo no andaba bien –Gregorio salto hasta el acantilado- me dijo sin mirarme a los ojos, mis ojos se abrieron como platos y de seguro todo el poco color de mi cara se fue de puro espanto –pero no me paso nada- me dijo poco convencido, escuchamos un leve carraspeo por parte del hombre que seguía de espaldas escuchando el relato de mi hijo, algo en la actitud del hombre me molesto pero no estaba interesada en estos momentos –Bueno, puede que Gregorio haya saltado más de la cuenta y yo por trata de alcanzarlo haya resbalado- y mi respiración se agito –¡pero no paso nada ma!, el señor me sujetó y me salvo de que cayera- y en sus ojitos algo nuevo vi, un atisbo de emoción, como si hablara de un súper héroe –Wow mami lo hubieses visto, salto de su caballo con suma agilidad, así como cuando tu montas y luego se lanzo sin importarle su vida para rescatarme- los ojos de mi hijo brillaban con emoción mientras movía sus manitas para explicar la acción.

-Hijo pusiste en riesgo tu vida- le dije ya un poco más calmada, lo abrace con todas mis fuerzas y todo el amor que le tengo –Creo que le debemos más que la vida a este señor- dije mientras me levantaba y me acercaba tímidamente al señor que estaba de lado con los ojos cerrados, algo en su perfil llamaba mucho mi atención pero no podría decirlo a ciencia cierta, pues el hombre tenia un sombrero que le tapaba en mayoría el rostro y una espesa barba –Muchas gracias señor, no sabe la deuda que tengo con usted al salvar a mi hijo- le dije tendiéndole la mano, el hombre abrió sus ojos y contemplo mi mano, dudoso de si tomarla o no, yo por mi parte me sentía incomoda al tener mi mano tendida y que él no la tomara, cuando la iba a bajar el la tomo y de cierta forma me asusto, su tacto se me hizo familiar y un escalofrío recorrió mi cuerpo, de seguro por que su mano estaba helada –Si nos honrara con su visita en mi casa esta noche para agradecerle su ayuda con una cena, sería muy importante- le dije mirando a mi hijo quien sonreía feliz.

-¡Siii! El me estaba contando muchas historias, quizás pueda seguir contándolas- le dijo mi hijo sumamente emocionado, y me percate de que el hombre aún continuaba sujetando mi mano fuertemente, intente zafarme pero él tenia más fuerza.

-Mami yo también quiero que me cuente historias- dijo mi pequeña que ya estaba de la mano con su hermano, el hombre se tenso y soltó mi mano.

-¿mami?- pregunto el extraño, su voz me paralizo por completo deteniendo mi corazón y cortando mi respiración, el hombre alzo la vista, su sonrisa arrogante que tenia mientras mi hijo relataba lo que él había hecho por él desapareció inmediatamente para darle paso a la tristeza y la decepción, algo seguía removiendo todo en mi interior, hasta que el hombre me miro directamente a los ojos y vi aquellos verdes esmeralda que solo había visto una vez en mi vida, ese verde que jamás podria olvidar y confundir, recordé respirar y me dolió al sentir los latidos de mi corazón en mis oidos… era él, pasarían los años pero siempre lo reconocería…era mi Edward.

-¿Edward?- y me rendí a la inconciencia, perdiendo todo sentido del razonamiento.


Última edición por Kate Denali el 8/9/2010, 6:40 pm, editado 1 vez
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 7/3/2010, 7:01 pm

que bien Barbie mañana sin falta lo leo que ganas de leer esta secuela
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 8/3/2010, 8:39 pm

espero les guste jeje
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Irina Denali el 8/3/2010, 9:38 pm

aa yo n me aguante mas y lo estoy siguendo en FF jajaja ups hermnis ^^
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 9/3/2010, 5:51 am

como ha tenido dos hijos con Alec !!!! estoy deseando saber que paso ahi
es Edward ahhhhhh de donde salio ahora XD ya quiero masssss
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Atal el 9/3/2010, 8:56 am

Irina Denali escribió:aa yo n me aguante mas y lo estoy siguendo en FF jajaja ups hermnis ^^

no poh amiguis igual siguela qui jajajy comenta jajaj

besitos

la historia s genial...

q insertidumbre... esta de pelos esta historia
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Irina Denali el 9/3/2010, 11:27 am

vale la segire por aqui la segire jijii
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Atal el 9/3/2010, 6:12 pm

asi me gusta amiga¡¡¡ yo tambien la sigo en FF pero igual comento aqui y alla...soy fabatica jajaj
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 9/3/2010, 8:30 pm

grax hermanita yo tratare de publicar a la par de la autora para q no caigas en tentacion jeje

"¡La verdad!"

-¿Mami esta bien?- escuche de lejos la voz de mi pequeñita, sonaba extraña pero podía distinguir claramente lo que decía.

-¿Qué la puso así Charlie?- escuche la voz de Alec preguntarle a mi hijo, con el miedo a que Charlie hubiese escuchado lo último que dije y lo comentara reaccione completamente.

-¡Mami despierta, mami despierta!- gritaba alegre aquella vocecita aguda de Anne.

Tuve que abrir y cerrar los ojos un par de veces para acostumbrarle a la brillante luz de la lámpara que se encontraba sobre el buró, lo que me indicaba que en el exterior los rayos del sol o eran tenues o ya no estaban.

-¿Dónde esta?- pregunte, pero al ver los ojos expectantes de Alec, llenos de duda replantee mi pregunta -¿Dónde estoy?

-Te desmayaste, pero la pregunta es ¿Por qué?- ¿Qué iba a decir? "Alec resulta que por unos minutos creí verlo a él, el amor de mi vida, el…" -¡No! Eso no podría decirlo en voz alta- pensé para mí.

-Creo que no desayune como es debido y me bajaron las defensas- me excuse con lo primero que se me vino a la mente -¿Estuve inconciente todo el día?- pregunte extrañada, Alec asintió.

-Charlie me contó lo que sucedió en el acantilado ¿es verdad que lo salvo aquel hombre?- ¿no fue un sueño? ¿De verdad había un hombre que ayudo a mi hijo? Me levante de la cama como pude, en cuestión de segundos Alec estaba a mi lado sosteniéndome del brazo, en estos ocho años el que me abrazara o intentara besarme en publico para mi era una mera cuestión de actuación y hacer de tripas corazón, como se dice, nunca lo había hecho realmente con un sentimiento, nunca me había importado la verdad, pero ahora, ahora que cabía la posibilidad remotamente fantástica de que "él" fuera real, de que su presencia aunque sea milagrosa fuera más palpable, más tangible, algo más que el hermoso recuerdo en mi alma, me producía un asco que me tocara, aunque sea como un abrazo, para mi era como serle infiel.

-Necesito agradecerle personalmente que haya ayudado a mi bebé- le dije soltándome de su agarre, él me miro extrañado pero al ir junto a Charlie, sentarme a los pies de la cama y abrazarlo vio que necesitaba estar con mi pequeño, o al menos eso entendía él claro esta.

-Mamá, ya no soy un bebé, tengo seis- me dijo mi hijo quien intentaba zafarse de mi abrazo; claro que era grande, lo sabia claramente ya que me lo recordaba a diario incluso más que respirar, siempre más maduro que sus compañeros, más valiente y responsable, siempre más.

-Lo se pequeño, es solo que no me hago a la idea de que cada día te hagas más grande, eres todo un hombrecito- le dije acariciando su cabecita, Anne se acerco a nosotros para que la incluyéramos en la muestra de cariño, la senté en mi regazo mientras abrazaba a mi hijo por los hombros.

-¡Claro que si, es igual a su padre! ¿Verdad?- le dijo Alec, tendiéndole una mano, así Charlie salio de mi agarre para ir con Alec, a veces me desconcertaba su modo de tratarlo, podría intentar ser un buen padre o a veces simplemente olvidaba todo.

-El Sr. Sanguinetti ya se fue, pero esta cordialmente invitado para mañana a cenar con nosotros como una muestra de agradecimiento por lo que hizo por Charlie- Me informo Alec –Así que te encargaras de preparar y ordenarle al servicio que quiero lo mejor para mañana, al parecer nuestro invitado se adelanto- algo de lo ultimo que dijo me quedo dando vueltas la cabeza y antes de que saliera le hable.

-¿A que te refieres con que se adelanto tu invitado?

-¿Recuerdas que te informe que este fin de semana vendrían unos invitados muy importantes? Bueno resulta que él es uno de ellos y al parecer viene en representación de toda la familia, necesito que brilles mañana por la noche ¿de acuerdo?- yo solo asentí.

-Tengo sueño mami- me dijo mi pequeña, besé su cabecita y me dirigí a su cuarto con ella en mis brazos para acostarla, le cambie su ropita a su pijama de conejito que tanto le gustaba por que tenia un pequeño pompón de colita en la parte trasera, nos fuimos al baño a lavar sus dientes y ya lista la metí bajo las mantas, ella como todas las noches me miraba con esos ojitos de "quiero un cuento", ya estaba tan acostumbrada que no tenia que verbalizarlo, fui hasta la repisa y tome "Hansel y Gretel" ya que era uno de sus favoritos por que tenia muchos dulces.

Así comencé a leerle mientras estábamos abrazadas, ella mientras escuchaba, con sus manitas jugaba con el lazo de mi vestido enrollándolo y haciendo pequeños nudos, de pronto los bostezos comenzaron a hacerse más seguidos y sus manitas a decaer un poco, lo que me hizo sonreír, verla en paz, tranquila era el mejor premio que podría recibir por tanto sacrificio, ¿Qué culpa tiene un hijo de los errores de los padres?

Cuando Anne finalmente dejo caer sus manitos, me levante lentamente sin emitir ruido, acomode las mantas para taparla bien, deje encendida la lamparita que ella le llamaba "espanta cuco" y salí de su habitación dejando la puerta levemente abierta. Camine hacia el cuarto de Charlie para acostarlo, pero al parecer Alec ya lo había echo ya que cuando llegue Charlie estaba ya metido en su camita con solo la luz de su lámpara, me asome para verlo descansar.

-¿Mami?- escuche su vocecita, asome mi cabeza por la puerta y lo vi con sus ojitos abiertos sin una pizca de sueño.

-Sigues despierto- le dije cuando entre y me senté a su lado.

-Si mami, quiero dormir para que sea mañana pero no puedo- me dijo triste, pero en su voz se escuchaba la ansiedad.

-¿Por qué tan ansioso?- le pregunte con una sonrisa juguetona para que me contara lo que lo tenia así.

-El Sr. Sanguinetti me dijo que vendría más temprano mañana para continuar contándome sus historias, mamá son geniales- me dijo emocionado, pero solo con escuchar a ese tal Sr. Sanguinetti, el nuevo héroe de mi hijo, aquel hombre con esos ojos que tanto me recordaban a él, mi corazón se contrajo de miedo.

-A sí ¿y le dijiste a tu Alec que vendría antes?- pregunte como que la cosa no quiere.

-Si, me dijo que lo atendiera bien por que él llegaría a la hora de la cena- y sus ojitos brillaban con la emoción.

-Entonces duerme- le dije pellizcando suavemente su naricita –Así el día de mañana llegara más rápido- y le sonreí para apoyarlo, mi pequeño me sonrío de vuelta y abrió sus bracitos para invitarme a su pequeño calor infantil.

-Te quiero mami- y yo sonreí como boba por sus palabras, me separe de él y lo llene de besos por toda su carita, me sonrío y lo deje descansar.

Cuando llegue a mi cuarto me quede estática al verlo metido en mi cama, él me sonrío como yo supuse seria una sonrisa seductora, pero para mi era una simple sonrisa.

-Alec ¿Qué haces aquí?- le pregunte algo desganada dirigiéndome al tocador para quitarme los aretes y el leve maquillaje de mi rostro, intentando hacer el máximo de tiempo.

-¿No puedo pasar la noche con mi esposa?- su pregunta hizo que mi estomago diera un vuelco.

-Alec, aún estoy cansada y no tengo fuerzas- rogaba por que no insistiera, pero escuche como se levantaba de la cama y por el espejo vi que se acercaba a mi desnudo, me levante de un salto y fui hacia los cajones del armario para tomar mis ropas de dormir, cuando me gire él ya estaba detrás de mi acorralándome con su cuerpo.

-Yo podría darte fuerzas- y se acerco a mi cuello para besarlo, lo empuje para salir de ahí y camine rápidamente hasta el baño.

-Por favor Alec, me desmaye y estuve inconciente todo el día, no creo que sea adecuado para mi salud- lo escuche gruñir pero no daría marcha atrás.

-¡Es solo que me molesta que cada vez que hemos tenido relaciones yo haya estado tomado, no lo recuerdo y ahora que estoy completamente lucido no quieres!- una leve sonrisa apareció en mi rostro, pero como seguía de espaldas a él, no lo percibió.

-¡No es culpa mía que andes borracho!- le dije molesta cuando me gire a encararlo -ninguna sospecha- pensé para mi, contenta.

-Vamos Isabella- me dijo intentando acercarse a mi, yo alce mi mano para que se detuviera y negué con mi cabeza -¡Después las mujeres se quejan por que los hombres tenemos amantes!- escuche que dijo enojado antes de salir de mi cuarto azotando la puerta.

-Como si me importara- susurré cuando entre al cuarto de baño, ¿Qué era lo que me estaba pasando? Llevaba ocho años de mi vida convertida en una mujer sumisa, consumida por la soledad y la pena y hoy por primera vez desde entonces, solo con ver unos ojos parecidos a los de él, me llegan todas las fuerzas –Mídete Isabella, recuerda que Dídima es tu sombra y él sigue siento un hijito de mamá- me repetí mientras veía mi rostro en el espejo y un brillo nuevo apareció en el.

Decidí darme una ducha para relajar mi cuerpo, cuando ya estuve lista, seca y cambiada, me metí a mi cama para dormir, pero al parecer las ansias de Charlie eran contagiosas por que no podía conciliar el sueño pensando en que mañana saldría de esta absurda idea de que lo había visto, parecía cerdito en el barro de tanto que me giraba en la cama, aún así no pude encontrar el mejor lugar, claro, el algún punto de la noche derrotada me quede dormida.

-¡Mamá levántate!- salte asustada de la cama ante el grito de mi hijo, que no dejaba de brincar en ella -¡Levántate!- seguía gritando emocionado, cuando enfoque mi vista ya un poco más despierta lo vi ya vestido y peinado, algo raro en él ya que nunca lo hacia, le gustaba su pelo al viento, sonreí al ver lo que vestía, una camisa verde a cuadros y un pantalón azul nada combinable.

-¿Tanto entusiasmo hijo?- le pregunte, lo tome de la mano y lo jale hacia mi, haciéndolo caer al colchón, le sonreí maliciosamente y comencé a hacerle cosquillas, escuchar sus risitas eran un bálsamo para mi magullado corazón y alma.

-¡Detente…detente!- me gritaba entre risitas – ¡Ma detente!- y cuando comenzó a ponerse rojo de tanto reír, me detuve.

-Eso es por despertarme tan temprano bribón- y cuando alce la vista vi a mi pequeña Anne aún en su pijamita bajo el marco de la puerta, tallando sus ojitos y arrastraba a su mantita.

-Ven aquí- le dije cuando miro la escena entre su hermano y yo, ella me sonrío y corrió con sus cortos pasitos hacia nosotros, con pequeños saltitos intentaba llegar a la cama pero como no podía, Charlie la tomo en brazos y la ayudo a subir, definitivamente me había ganado el cielo aquí en la tierra con mis pequeños.

-¿Qué haremos hoy?- les pregunte animadamente, Charlie me miro como si me hubiese crecido otra cabeza y recordé la visita -¡OH!- dije nerviosa –Bien, entonces es hora de levantarnos e ir a tomar desayuno- y Charlie para variar fue el primero en bajarse de la cama, Anne aún tenia carita de sueño así que la acomode en mi cama y basto un par de cariños más para que quedara nuevamente dormida.

Me duche y vestí en un completo silencio para no despertar a mi pequeña, cuando baje a la cocina, Heidi ya había preparado el desayuno.

-Buenos días mi señora- saludo Heidi, yo asentí con mi cabeza –El Sr. Alec me dijo de la cena de esta noche, tengo que prepararlo todo según usted disponga- e hizo una leve mueca, como si le doliera tener que seguir mis ordenes, sabia que así era pero no le quedaba de otra,

-Alec quiere que se utilice lo mejor, saca la vajilla de plata y referente al menú creo que los camarones serian una buena opción, acompañarlo con algunas salsas y de fondo, papas asadas y el Carpaccio de lomo que tan bien te queda- le dije despreocupadamente, mire a Charlie quien me sonrío y así comenzamos a comer, él no paraba de hablar de su nuevo héroe y yo con cada una de sus palabras me ponía más nerviosa, era absurdo lo sabia, pero la sensación de conocerlo era extraña, más extraño era que él impacto de verlo a los ojos me había causado aquel desmayo, finalmente tras comer, subí con Charlie a su habitación para ayudarlo con su ropa, le aconseje simplemente que cambiara su camisa por una color rojo sangre muy bonita que tiene.

Por ordenes de Alec, toda la servidumbre estaba ordenando y arreglando lo mejor posible la casa, era algo inquietante verlo tan preocupado por esta visita, algo me había mencionado que vendrían unos señores de grandes cargos de allá de la Italia, lugar de descendencia de sus padres, era una mera cuestión de títulos pero al ver a ese hombre, algo desaliñado, uno no pensaría que pueda tener un cargo mayor que el de Alec o sus padres, en fin, si era una especie de socio, debe ser igual de turbios que todos los Vultiri.

Mi cargo de Condesa hace mucho había dejado de tener validez, ahora era simplemente la esposa de un Vultiri y para los demás eso era más poder, para mi era simplemente un peso que cargar.

-Mamá, Anne ya despertó- me aviso mi hijo.

-Dile a Heidi que prepare el desayuno de tu hermana, por favor cariño- le pedí al Charlie, él asintió y corrió escaleras abajo – ¡No corras!- le grite, escuche como en el acto sus pasitos se hicieron más lento. Primero pase por la habitación de mi pequeña por sus cosas, cuando llegue a mi cuarto Anne se estiraba con un gran bostezo –Veo que la pequeña durmiente a despertado- le sonríe y me senté junto a ella, la tome entre mis brazos, la lleve hasta el baño y la bañe para luego cambiarla con un lindo vestidito rosa.

Luego de que Anne tomara su desayuno, pasamos gran parte del día en el jardín, Charlie y Anne jugaban con Gregorio, Charlie le recomendaba cual sería el mejor perrito para Anne, sonreía al verlos tan entusiasmados, yo por mi parte recostada en una de las bancas leía un libro, esta mañana había despertado con la necesidad de leer "utopia", lo malo fue que para sacar el libro, tuve que hurgar en aquella cajita metálica con llave que tengo muy bien escondida bajo una de las tablas de mi habitación, dentro de ella tenia muchos recuerdos, aunque son hermosos recuerdos, siguen siendo dolorosos, unas partituras, unas escrituras, este libro, algunas cartas, mi argolla de matrimonio, en fin.

-¿Cuándo iremos por el perrito?- me saco de mis pensamientos mi pequeña, lo pensé un momento y le sonreí.

-¿Qué te parece dentro de dos semanas cuando cumplas los 3?- le pregunte, ella comenzó a dar pequeños saltitos de felicidad, y grititos que por unos minutos me recordaron a Alice… Alice- suspire triste, como los extrañaba, como extrañaba a toda la familia, como extrañaba poder ver a Esme a diario, sin tener que escondernos para poder charlar, como me gustaría poder ser lo suficientemente fuerte y sincera para poder explicarles las cosas, así como lo hice con Esme, lamentablemente no me dieron la oportunidad y para mi eso fue suficiente prueba de su falta de confianza.

Ding dong

Escuche y mi cuerpo instantáneamente se tensó.

-¡Es él!- grito entusiasmado mi hijo, su ansiedad no ayudaba mucho con mis nervios, estire mi mano hacia Anne quien la tomo de inmediato y caminamos hacia la entrada principal de la casa, a medida que avanzaba el nerviosismo crecía y podía escuchar claramente los latidos de mi corazón en mis oídos.

A lo lejos divise a mi hijo conversar con el mismo señor de ayer, incluso a esta distancia podía vislumbrar el entusiasmo de mi pequeño, cuando ya estuve lo suficientemente lo vi, se veía más elegante y formal, con ese toque arrogante y elocuente que gusta de una mujer, pero sobre todo…era él

Mis rodillas inmediatamente se convirtieron en arena, provocándome que casi cayera al suelo, digo casi por que aquel hombre ya me tenia firmemente aferrada contra su cuerpo, sentía un calor único emanar de sus manos que se encontraban en mi cintura, lo que me provocaba a mi a la vez un calor nuevo, más que nuevo, podría decirse que era como un viejo recuerdo, abrí mis ojos titubeantes por el miedo.

-¿Se encuentra bien Señora Vulturi?- su voz, sus ojos, su piel, mi respiración seguía atorada en mi garganta, esto no podía ser, yo lo enterré.

-Edward ¿Cómo…tú?- dije con la voz temblorosa, tantos años evitando decir su nombre producto del dolor que me causaba, pero decirlo esta vez frente a él había aminorado aquel efecto, sentí como sus músculos se tensaban y de inmediato me dejo firme sobre el suelo, separándose de mí.

-Disculpe señora Vulturi pero creo que me confunde con otra persona- dijo dándome la espalda, su voz, era él, pero estaba entre nervioso y enojado.

-Charlie ve con Anne al jardín trasero, ya que Gregorio quedo solo en la pileta- le dije a mi hijo quien frunció su ceño y conociéndolo como lo conozco iba a comenzar a protestar -¡Ahora!- le dije un poco más molesta, me dio pena tener que gritarle pero los nervios los tenia a flor de piel y no ayudaba mucho que no obedeciera.

-Creo que esta un poco nerviosa Señora Vulturi ¿quiere que le traiga un vaso con agua?- definitivamente su actitud era la que me estaba enfermando.

-¿Qué es eso de Señora Vulturi? Edward soy yo Bella- le dije mientras me acercaba a él y acariciaba su rostro, él tomo mi mano para sujetarla en el aire y quitarla molesto.

-Creo que esa es una actitud un poco osada para una mujer casada sobre todo si no nos conocemos- se escuchaba la rabia en sus palabras.

-No sabes lo que dices, Edward ¿Dónde has estado? Tu estabas muerto, yo te enterré junto con Esme- su rechazo estaba haciendo un hoyo en lo poco que me quedaba de corazón.

-Señora por favor- su voz se escuchaba débil, como si estuviese bajando la guardia –No sabe lo que dice.

-¡Edward! Se que eres tu me lo dice el corazón- le dije acercándome a él, tome su mano y la puse sobre mi corazón, él se veía igual o peor de nervioso que yo –Es solo que no entiendo por que me mientes, no entiendo donde has estado todo este tiempo- las preguntas desbordaban mi cabeza.

-Por favor- me dijo casi rogando, apartándose de mí.

-Ya me dirás donde has estado, hay muchas cosas que debo decirte, explicarte, contarte- le dije mientras el me daba la espalda, pienso que quizás estaba igual de nervioso que yo al verme, pero eso no importaba en estos momentos, una nueva esperanza creció en mi pecho pensando en la nueva vida que tendría con él, con mis hijos, esta sin duda era una segunda oportunidad de Dios.

-¿Sr. Sanguinetti?- me puse rígida al escuchar la voz de Alec a mis espaldas, me gire rogándole a Dios que ahora si estaba conmigo, que no haya escuchado nada.

-Sr. Vulturi siento si llegue muy temprano- le dijo Edward, quien se acerco hacia Alec para darle la mano como saludo, Alec sonreía, esa sonrisa que solo indicaba una cosa "un buen negocio", tenia todas las ideas patas arriba, no entendía que hacia Edward de amigos con Alec, de hecho, si Dídima se enteraba que estaba vivo, era como si hubiese vuelto a la vida solo para morir a manos de ellos.

-Veo que ya conociste al Sr. Sanguinetti, Cariño- me dijo Alec, quien me tomo de la mano para acercarme a su cuerpo, luego me abrazo por la cintura y beso la comisura de mis labios, yo no había reaccionado pensando en todo lo que estaba sucediendo, no entendía nada y necesitaba que me explicara, que me dijera la verdad ¡ahora!

-¿Sanguinetti?- le pregunte mirándolo a los ojos, esa duda, esa pequeña debilidad que demostró minutos atrás se vio opacada por la arrogancia y la soberbia.

-Así es cariño, el Sr. Sanguinetti viene desde Italia específicamente desde Toscana para hacer negocios con la familia, él es el Conde Montepulciano- me informo, ¿Italia? ¿Conde? –Y además por lo que me a contado Charlie es un héroe- me soltó y fue donde él para tomarlo de la mano y abrazarlo en agradecimiento.

Los tres nos adentramos a la casa, el tal Sr. Sanguinetti iba delante de nosotros y podía ver que de vez en cuando se giraba levemente a mirarnos, yo iba detrás de él con Alec de mi mano, me molestaba de sobremanera que quisiera hacerse el esposo ejemplar, tratándome de cariño, querida y una sarta de tonteras sin sentimientos.

-¡Papá!- grito mi hijo que venia desde el jardín trasero, la pequeña Anne venia caminando directo hacia mi -¡Sr. Anthony!- ¿Anthony? Mi piel nuevamente se erizo y lo mire nuevamente.

-¿Anthony?- pregunte en voz baja, una nueva sonrisa apareció en su rostro, era una risa socarrona.

-Hola campeón ¿Cómo te encuentras?- se agacho hasta quedar a su altura y lo saludo con la mano, la situación me ponía un poco tensa.

-Bien, Gregorio parece un poco estresado si- le dijo mi hijo con algo de tristeza, al parecer su ranita desde que se había enfrentado con la muerte saltaba menos.

-Deberías llevarlo con el doctor de animales- le aconsejo poniéndose de pie y despeinando sus cabellos color café claro.

-Mi amor iremos al despacho para que nadie nos moleste, si necesito algo se que estarás ahí para atenderme- me dijo Alec, una mueca de asco se poco en mis labios, pero al parecer no era suficiente demostración para él ya que pensó lo que no era, se acerco más a mi dejando un leve beso en mis labios, de inmediato mire a Edward quien tenia la vista fija en Anne, pero percibí que nos había estado mirando.

-Que linda pequeñita- dijo de pronto -¿Qué edad tiene?- y me miro de inmediato a mi, yo me ruborice sabiendo lo que eso significaba.

-Es hermosa ¿verdad?, va a cumplir 3 en un par de semanas, esta demás decir que está cordialmente invitado- le dijo Alec.

-Se parece a usted Sr. Vulturi- su vista seguía fija en mi.

Creo que si vamos a hacer negocios podríamos trataron de tu ¿no le parece?- ahora Anne se encontraba en mis brazos, sus manitas acariciaban suavemente mi rostro que aún seguía enrojecido.

-Me parece bien Alec.

-¿Te parece si nos dirigimos al despacho a tratar cosas de hombres?- le pregunto petulante, él asintió dejándonos a los tres mirando por donde iban, dejando a mi hijo expectante por seguir hablando con él, a la pequeña Anne sin entender mucho que sucedía y a mi en lo particular sumamente confundida, físicamente era él, pero su forma de ser no lo era, éste era un hombre lleno de rencor, dolor y arrogancia, el no era mi Edward –crack, dolor en mi pecho- no era el mismo que me esperaba en el altar, no era mi Edward –crack, dolor en mi pecho- no era mi esposo, no era mi Edward –crack, dolor en mi pecho- ¿podría existir una persona en el mundo igual a otra? Este debe ser el caso, por que yo tuve su cuerpo, que yace enterrado en aquel cementerio improvisado por Esme y por mí.

Era increíble como pasaba la hora de rápido, Alec nos pidió que almorzáramos los pequeños y yo en el jardín ya que ellos tenían aún cosas importantes que tratar antes de la cena de ésta noche, quien se seguía mostrando desconforme con que lo sacaran de la conversación era Charlie, de solo ver su entusiasmo por su nuevo "héroe" me causaba algo de risa y de nervio.

Así es como había llegado la hora en donde comencé a vestir a mis bebes, a Charlie lo vestí con un pequeño traje de sastre negro, camisa blanca y su pequeña corbatita, se veía realmente hermoso, todo un caballerito. Anne eligió un vestidito color rojo carmesí que contrastaba con sus hermosos cabellos rubios que caían liso sobre su espalda y así a ambos listos los deje bajar para que estuvieran ya con los invitados que estaban en la planta baja, cuando ya era mi turno de elegir algo me encontraba en un debate, por una parte vestir lo de siempre, mostrarme como una dueña de casa más y así dar a conocer que tan diga de ser una Vulturi no era, por otra parte podría arreglarme lo mejor posible, sacar cualquier atributo que pudiese conservar e intentar impresionar a cierto invitado, pero también se podría pensar que lo hacia por Alec, ¿finalmente que decidí?...ya lo saben, ustedes igual son mujeres.

Saque mi mejor vestido azul, uno de los pocos que había podido comprar por mi cuenta, era bastante ajustado y llegaba a la rodilla, tenia un pronunciado escote cuadrado y por esta vez opte por zapatos de tacón del mismo color que el vestido, solté mi cabello y acomode lo mejor posible aquellas ondas, me mire al espejo y decidí que ya más nada podía hacer, suspire pesadamente pidiendo un poco de suerte para esta noche. Me tome del barandal de la escalera, enfoque mi vista en la lámpara de araña del siglo XI que colgaba desde el centro de la recepción, con cada paso que daba la respiración más se me atoraba, la sensación era como si caminara por una larga tabla en donde solo me esperaba el vacío, varios invitados, en su mayoría hombres, se voltearon a verme, eran miradas cargadas de lujuria lo que me daba una mayor confianza, era extraño sacar esta nueva personalidad, una personalidad que se encontraba dormida en alguna parte de mi inconciente.

Los murmullos no se hicieron esperar y como un deja vu, una escena se repitió en mi cabeza, mientras terminaba de bajar los últimos peldaños lo divise, al fondo del resto de los invitados, estaba él junto a mis hijos y Alec, camine en su dirección con una confianza renovada, los hombres se volteaban a mirarme pero para mi nada de eso tenia importancia, yo solo veía sus ojos y camine, recordé aquel día en el que él me esperaba bajo aquel arreglo floral en la iglesia, pero ésta vez hubo un cambio bastante diferente, cuando llegue junto a ellos unas manos diferentes tomaron las mías, unas manos heladas y nada suaves en comparación con las de él.

-Luces magnifica- me dijo Alec quien beso mis manos cuando llegue a ellos.

-Si me lo permite amigo mío- le dijo su invitado –Tiene mucha suerte de tener una esposa tan hermosa- y me sonroje de inmediato, un halago de Alec nunca surtía efecto en mi, siempre tuve la sensación de que simplemente yo era un trofeo para él, algo que el gano pasando sobre cualquier persona.

-Si Ma, estás muy linda- me dijo mi pequeño, yo baje solo un poco para besar su mejilla, mire a Anne y repetí la acción.

-Ustedes son los que lucen encantadores- les dije a ambos.

-Bien ¿Qué era lo que nos estabas diciendo Charlie?- pregunto Alec.

-A si, ¡Fue increíble, lo hubieses visto papá!- escuchar el entusiasmo de mi pequeño me hizo sonreír, siempre tan apasionado hasta para contar la más minima idea.

-Cualquiera en mi posición hubiese hecho lo mismo- su voz, cerré los ojos al escuchar su voz, aquella melodía que me había sido arrebatada y hoy inexplicablemente estaba ante mi.

El timbre de la entrada principal sonó y Alec de inmediato vio de quien se trataba, mi mirada siguió la suya y ahí entro el resto del clan Vulturi, sus primos Demetri, Feliz y Jane entraban con ese garbo petulante y superior que han tenido siempre, detrás de ellos sus tíos Cayo y Aro, Cayo siempre a sido algo arisco, en cambio Aro a sido algo más amable que el resto de la familia, incluso más que Marcus y Dídima, bueno cualquiera puede ser más simpático que Dídima.

-Querida espérame un momento, iré a saludar y volveré con ellos para que los saludes- me dijo, se acerco para besarme en los labios pero desvíe levemente mi rostro para que fuera en la mejilla, el enarco una ceja pero no le di importancia, luego miro a su invitado –Anthony permíteme unos momentos para saludar a mi familia- él asintió para dejarlo ir.

-¿Puedo ir contigo papá?- le pregunto Charlie, Anne también se unió y así los tres partieron a saludar.

Tras encontrar algo de determinación lo mire, él ya me estaba mirando fijamente lo que me cohibió un poco.

-Es una hermosa casa, tiene todos los lujos dignos de una señora como usted- me dijo burlesco.

-¿Por qué estas así? ¿Por qué no viniste antes a mi?- le pregunte con dolor –Ocho años creyendo que estabas muerto y apareces de la nada, como un Conde- lo miraba extrañada, quería de vuelta a mi Edward.

-Siendo una mujer casada no debería estar pensando en buscar a alguien que ya no esta, bueno por lo que se ve así es, dejo de buscar- me dijo enojado.

-No sabes nada, pase años buscándote- le dije con mi voz quebrada –Años, hasta que un día trajeron tú cuerpo y el mundo ya no tenia sentido.

-Por favor Señora no siga con eso, no soy quien dice ser- y había dolor en su voz.

-De eso estoy de acuerdo, eres muy distinto al Edward del que me enamore un día- respire para mantener las lagrimas que amenazaban con salir -No puedo creer que estuviste lejos todos estos años para conseguir un titulo, dinero, estatus- le dije con repulsión, me gire para marcharme cuando él tomo mi brazo y me giro fuertemente para encararlo.

-¡Dijiste que me esperarías el tiempo necesario!- me gruño con los dientes fuertemente apretados -¿Y que me encuentro? Que tienes dos hijos ¡Dos!- su mano temblaba fuertemente en mi brazo – ¿A eso le llamas amor?- y con este echo confirme lo que ya sabia y él intentaba negarme, era él -Tu si que sabes amar- me espeto, su mirada asqueada estaba causando una pena tremenda en mi.

-Tu no entiendes, hay muchas cosas que debo explicarte pero no es el lugar, no es el momento- le dije triste, ya no queria que me hablara así, no podia escucharlo más –Pero esta es una nueva oportunidad- nuestras voces cada vez bajaban más de volumen, por miedo a que alguien nos oyera.

-Tu tienes tu vida y yo tengo la mía, de lo único que puedo agradecerte es el haberme mantenido con vida- su voz volvió a ser arisca y arrogante, me soltó el brazo como para dejarme ir pero ahí me quede ya que estaba comenzando a enojarme pero igual necesitábamos hablar, no era el lugar y eso esta claro, la casa estaba atestada de Vulturi y lo que menos quería era que supiera que Edward Cullen estaba vivo, tuve que sacrificar mucho para que el resto de los Cullen pudieran estar en paz, como para que nuevamente se abrieran cierto odio.

-Entiéndelo ¡necesito decirte la verdad!- le grite enojada.

-¿De que verdad le hablas amor?- y al escuchar la voz de Alec me gire inmediatamente asustada, ahí frente a mi me miraban expectantes Alec, sus primos, sus tíos, mis hijos, Marcus y…Dídima.

Dum dum dum......





jejeje no mentira aqui les dejo otro

"Invitado Especial"

-¿De que verdad le hablas amor?- y al escuchar la voz de Alec me gire inmediatamente asustada, ahí frente a mi me miraban expectantes Alec, sus primos, sus tíos, mis hijos, Marcus y…Dídima.

Sinceramente la mirada expectante de Dídima era lo que más me preocupaba, estaba a la espera de mi respuesta al igual que el resto de la familia Vulturi.

-¿Y bien?- presiono Alec, por unos segundos me permití mirarlo a él para poder relajarme de la penetrante mirada de Dídima, necesitaba la cabeza fría para que pronto se me ocurriera algo, pero involuntariamente volví a mirar a Dídima, ¡PEOR!

Ahora Dídima estaba mirando directamente a Edward, en parte podía percibir esa mirada especulativa, tenia miedo a que lo reconociera, mire a Edward para que se fuera antes de que lo descubrieran, pero cuando lo mire vi que le sonreía a Dídima y ella ¿le estaba devolviendo ahora la sonrisa?

-Alec, su esposa me estaba intentando convencer por su cuenta de que hacer negocios con su familia es lo mejor que debería de hacer- le soltó Edward como si nada aquella mentira, lo mire a él, luego a Alec, luego a Dídima y de regreso a él, por patética que fuera simplemente asentí con la cabeza afirmando sus palabras, Alec sonrío y palmeo su espalda y luego me beso en la comisura de los labios.

-¿Desde cuando estas interesada en la economía familiar?- me pregunto divertido como si todo esto fuera una diversión, yo estaba casi con el hígado en la mano y a él le hace gracia las cosas que inventa Edward ¿Edward? -¿Te sientes bien? Te pusiste pálida- me dijo Alec abrazándome por la cintura, yo baje la mirada ya que no me estaba sintiendo muy bien.

-¿Ella es tu hermana?- escuche preguntar Edward ¿a quien se refería?, ¿es una broma verdad? Dídima miraba ahora a Edward de una manera extraña, no sabría decir como pues era la primera vez que la veía así, podría jurar que ella estaba mirándolo de modo seductor -¿No me vas a presentar a tu hermana Alec?- le volvió a preguntar, ahora él se encontraba ya al lado de Dídima sosteniendo su mano, ¡puaj! Y se la beso, no es que fuera a sentir celos ni mucho menos, pero esto era muy extraño, a mi me trataba como una completa desconocida, sumamente molesto y a ella, a ella precisamente, la única culpable de nuestra separación y ahora la trata como si fuera de cristal.

-Ella es mi madre Anthony- le respondió Alec, Dídima no dejaba de sonreír.

-Oh, mis disculpas Sr. Vulturi- le dijo a Marcus –Tiene una esposa encantadora- le dijo sin dejar de mirarla, ¡Basta! Que deje de hacer eso.

-Así me doy cuenta- dijo Marcus con su mandíbula levemente apretada mirándola Dídima quien no apartaba la mirada de Edward, es que sin duda nadie podía pasar por alto aquellas miradas que le estaba dando a mi Edward, si Marcus que es su marido se dio cuenta.

Al menos ya podía respirar tranquila, la excusa de Edward había sido suficiente para Alec y el resto de la familia, pero al parecer había sido más útil las miradas que le daba a Dídima, quien iba encantada riendo de su brazo mientras Edward le iba contando anécdotas de una vida que yo no entendía, una vida que no existía ¿o si? Había pasado ocho años en los que estuvimos separados, habíamos pasado cerca de un año desde que mi padre me había hecho ir vivir a la casa del campo, ¿habría sido ese año más fuerte que los ocho que él vivió lejos de mi? Al parecer así era, éste era otro Edward, uno más petulante, altanero, orgulloso e incluso más elocuente.

Ya estábamos todos sentados para la cena, Charlie no cabía más de la emoción al contar nuevamente el relato de cómo el "Sr. Sanguinetti" lo había salvado a él y a Gregorio.

-Es que debieron verlo, él salto de su caballo tan rápido, luego desenvaino su espada para cortar la cuerda del ronzal del caballo, la ató a un árbol y se lanzo a salvarme- sonreí al verlo tan entusiasmado, a decir verdad, hace mucho no lo veía así y si en algo por primera vez en la vida podía coincidir con Alec, era que Charlie se parecía a su padre.

-Anthony creo que tienes un seguidor- le dijo Jane una de las primas de Alec, todos en la mesa rieron por lo dicho, claro, todos menos yo que no podía encontrarle la diversión a la noche, Edward estaba frente a mi, luego de largos ocho e inexplicables años en los que no tengo la menor idea donde estuvo, pues Dídima no deja de acapararlo, ¡y vuelve la celosa!

-¿Sabes utilizar bien la espada?- le pregunto Alec, pregunta que me hizo salir de mis pensamientos.

-Algo- dijo Edward ¿intentara no parecer menos o de verdad sabe? Sin duda muchas cosas nuevas tenía este nuevo Edward.

-Vamos ¿estas intentando ser modesto o de verdad no sabes mucho? Por que mi hijo te esta haciendo quedar como todo un héroe- le bromeo Alec –Podríamos hacer una apuesta quizás- le dijo sonriendo.

-¿Y que podríamos apostar?- ahora Edward le seguía el juego, un juego que podría ser peligroso.

-Lo que quieras, tengo tanta confianza en mis habilidades que seria capaz de apostarte una cena con cualquier mujer de esta casa- y alzo sus manos dando a conocer que se refería a todas las mujeres que nos encontrábamos en la mesa, yo lo mire con el ceño fruncido para advertirle que no dije más –Hasta mi mujer, para que veas la confianza que me tengo

-¿Cualquier mujer entonces?- le pregunto Edward con esa sonrisa que hace tanto no veía, esa que me hizo sonrojar al sentir un leve cosquilleo en cierta parte privada de mi anatomía –Pues entonces es un trato- le dijo estirando su brazo para estrechar su mano, ambos se miraron desafiantes pero con una sonrisa el rostro.

-Cuando gustes Anthony, ¿ya tienes donde vivir?- me tense al entender aquella pregunta, Alec quería ser tan hospitalario que de seguro lo invitaba a quedarse en ésta casa.

-Antes de venir aquí, envíe a mi brazo derecho y muy buen amigo Theo quien compro la mansión de Rockingham- informo, ¿Rockingham? Como podía ser eso posible si era uno de los lugares más caros y exclusivos de Londres, yo desde que me case con Alec es verdad que vivía llena de lujos, lujos que nunca disfruto pues intento ser lo más austera posible, pero incluso los Vulturi no podían darse el gusto de vivir en un lugar así.

-¿Rockingham? Wow si que sabes vivir- le dijo Jane con una sonrisa seductora, podía ver los signos de chelines por todo su rostro, ¡perfecto más competencia!

-La verdad es que yo hubiese preferido algo más pequeño pero ya deben de conocer como vive mi abuelo- dijo como si nada

-Es decir que tu eres descendiente directo de los Sanguinetti de Montepulciano?- le preguntaba Dídima completamente embobada.

-Así es ¿los conoce?- le pregunto él con ese tonito de voz tan meloso, ¡Aggg! Si se, estoy celosa ¿y que?

-Pero Anthony deja de tratarme de usted, si casi tenemos la misma edad, a Alec lo tuve muy joven- le dijo con esa sonrisa que ya me estaba asqueando, pronto necesitaba inventar alguna excusa y salir de ahí, sino pronto armaría algún espectáculo de adolescente hormonal enamorada –Además claro que los conozco, solía tomar el té con Amelie, la esposa de Arch mientras Marcus hacia negocios con él- le contó.

-Amelie murió hace algunos años ya- y la voz de tristeza de Edward fue real, me dieron ganas de abrazarlo pero debo decir que solo quede en el "ganas" pues mi Dídima, que "coincidentemente" estaba sentada a su lado, ya le estaba acariciando el brazo.

-Lo lamento Anthony, hace mucho que no sabemos de ellos, pues desde que murió el jefe de policía de esta ciudad, prácticamente nosotros ponemos el orden aquí- la mención de mi padre frente a Edward provoco que tosiera fuertemente expulsando parte del vino blanco que tenia en la boca –Pero síguenos hablando de ti, si eres descendiente directo de los Sanguinetti, prácticamente tu tienes más poder que nosotros aquí- y pude ver como los ojos de Alec y Marcus flameaban en llamas por aquel comentario de Dídima ¿será eso verdad? ¿Pero de donde saco él tal posición?

-¿Y que paso con el jefe de policía?- Edward cambio de tema, no se si lo hizo por que aquel tema le concernía a él o por que le interesaba más el tema de mi padre, tema bastante doloroso aún.

-Un campesino lo mato- soltó Dídima como si nada.

-¿Lo mató?- pregunto Edward, pude ver como sus ojos se oscurecieron levemente.

-Es una larga y desagradable historia- le contesto Dídima –Pero al menos se hizo justicia y se llevaron a esa escoria de aquí ¿no es cierto Isabella?- trague en seco, ¿sabrá que él es Edward? O ¿simplemente es una pregunta? Del modo en que la hiciera para ambas partes no puedo complacer, suspire, pensando siempre en la prioridad.

-Dídima, sabes que no me gusta hablar de lo sucedido con mi padre- baje mi mirada ya que sentía fuerte y penetrante la de Edward.

-Pero al menos estarás contenta de que se lo hayan llevado a ese muerto de hambre ¿no?- y esa sonrisa de triunfo tenia que salir a relucir una vez más, una vez más de tantas ya.

-Claro- dije sin ganas, al mirar a Edward por el rabillo del ojo pude notar como se tensaba –Fue lo mejor- dije sin ganas, ¡perdóname! Le gritaba con la mirada, pero no tenia de otra, juro que le diré la verdad en cuanto pueda, haré todo lo humanamente posible por hacerlo, por evitar a toda costa esa mirada triste y asombrada que estaba teniendo él en estos momentos.

-Al parecer no le tenían en la mejor estima a aquel hombre- dijo Edward.

-No te preocupes Anthony, no pienses que viniste a un lugar rodeado de ese tipo de personas, él simplemente fue el primero de muchos que cayeron bajo la mano de la ley de los Vulturi- y seguía acariciando su antebrazo, que irónica es la vida, si ella supiera a quien esta tratando de impresionar.

-¿Qué paso con él?- pregunto un poco más ofuscado.

-El campesino fue…- pero fue cortada.

-¡Ya basta mamá! No creo que a Anthony le interese la desagradable vida de ese muerto de hambre, nosotros ya hicimos lo correcto en su debido momento por haber asesinado a mi suegro y eso es suficiente- le dijo Alec, pronto en la mesa se instauro un incomodo silencio del cual solo se podía escuchar los sonidos de los cubiertos sobre la vajilla.

-Mami ya tengo sueño- me dijo bajito Anne, con tantas emociones me distraje de mis propias responsabilidades, ya era hora suficiente para que mis hijos fueran a dormir.

-Si me disculpan- dije levantándome de la mesa a lo que el resto de los hombres hacia lo mismo con una venia –Debo ir a acostar a estos pequeñines- les informe mientras tomaba entre mis brazos a Anne y Charlie también se levantaba para seguirme.

-Gracias Sr. Sanguinetti- y vi como se acercaba a él para estrecharle su mano.

-Cuando quieras- le dijo Edward sonriéndole.

-Tiene que enseñarme a utilizar la espada- aunque se acerco a él y le susurro bajito, todos en la mesa pudimos escuchar lo que le decía.

-Nunca me lo habías pedido a mi- le dijo Alec con el ceño fruncido –Pensé que no te interesaba- antes de que saliera a flote un nuevo desplante machista de Alec preferí llevarme a Charlie.

-Vamos a dormir Charlie, ya es tarde- le dije mientras le estiraba mi mano para que se la tomara, pero antes de eso Edward se acerco a su oído y le susurro.

-Cuando quieras campeón- y le alboroto los cabellos -¿Cuánto años tienes?- le pregunto de pronto, su mirada se engancho con la mía poniéndome sumamente nerviosa, iba a contestarle pero no alcance.

-¡Tiene seis!- le contesto rápidamente Dídima –Es un encanto mi nieto ¿no? Saco lo mejor de Alec- y la mirada de Edward se entristeció, nuevamente aquel dolor que tantos años me había costado mantener oculto afloro, ver sus hermosas esmeraldas sufrir internamente me mataba ¿pero que podía hacer en estos momentos?

-Vamos Charlie- le presione nuevamente para que viniera conmigo, él nuevamente estrecho la mano de Edward y luego corrió hacia mi para tomar mi mano, ya los tres subimos al segundo piso, primero acomode a Anne en su camita ya que era la que estaba más cansada, luego me fui con Charlie a su cuarto.

-Mami, el Sr. Sanguinetti me va a enseñar a manejar la espada- me decía entusiasmado -tu me vas a dejar ¿verdad?- como podía negarle algo así a mi hijo.

-Siempre y cuando Alec te de permiso- le dije advirtiéndole, no me gustaría que se ilusionara y luego él no lo dejara. Me quede un buen rato acostada al lado de Charlie ya que con la exaltación y la emoción, el sueño nunca le llegaba, cuando note que su respiración era más lenta ya compasada me separe brevemente para verlo dormir, así con suavidad me salí de su agarre, le deje un beso en su frente y baje nuevamente con nuestro tan "emocionante" invitado.

Ya no estaban en el comedor por lo que me fui a la sala más amplia de la casa ya que de ahí provenían los ruidos y una exquisita pieza musical, cuando cruce el umbral me encontré que era Edward quien tocaba en el piano de cola de la casa.

-Isabella cariño ven, mira Anthony es un excelente pianista- me dijo Alec y tomaba mi mano para acercarme a él, él se posiciono detrás de mi y me abrazaba por la cintura, yo no podía dejar de mirar a Edward quien me miraba a mi con rabia y pena a la vez, las notas musicales cambiaron de pronto…mi canción.

El aire huyo de mis pulmones al escucharlo tocar mi canción, aquella canción que él había compuesto para mi, sus ojos no se apartaban de los míos mirándome intensamente, lleno de preguntas, reclamos pero sobre todo tristeza y desilusión.

-¿Quién es el compositor de esta canción? Se que la he odio en otro momento pero no recuerdo donde- le dijo Alec quien no me soltaba.

-Era de un compositor iluso que murió de amor- le dijo Edward sarcásticamente, al menos para mi lo fue ya que para Alec fue como una broma por que soltó una pequeña risita que fue acompañada por Edward.

La melodía nuevamente comenzó a cambiar al igual que su actitud, ahora se veía como este nuevo Edward que apareció tras ocho años, lleno de rabia, arrogancia, indolencia, sus dedos ahora tecleaban con furia las teclas del piano…Tristesse, esa era la nueva melodía que él comenzó a tocar, esa única melodía que él sabia que para mi era evocar todo lo malo de mi vida, esa canción que únicamente él sabia lo mucho que me lastimaba, el corazón se me contrajo tanto por la pena que creí que me desarmaría en ese instante, lo mire sin entender por que hacia eso y una sonrisa petulante apareció por su rostro, ¿Quién era él y que había hecho con mi Edward? Hubiese llorado en ese mismo momento de no ser por que Alec hablo.

-Vamos Anthony toca algo más alegre- alentó Jane, quien al escuchar la nueva música que tocaba Edward saco a bailar a Alec, así el resto de los presentes comenzaron a bailar por la sala dejándome a mi sola con él.

-¿A que estas jugando? ¿Te divierte venir después de ochos años a martirizarme de ese modo? ¿A eso viniste, a hacerme sufrir?- le susurre enojada mirando por el rabillo del ojo si alguien se acercaba.

-¿Qué yo te vine a hacer sufrir? Veo que seguiste tal cual los pasos que tu padre quería para ti, una niñita caprichosa que cree que todo es por ella- me dijo, en sus ojos podía ver la rabia –No todo en esta vida es por ti, puede que en algún momento lo haya sido pero eso ya es pasado.

-Nada de lo que crees saber es como es, hay mucho que debemos hablar- le dije a la defensiva, no me gustaba verlo así, cuando le dije eso nuevamente sonrío sin ganas, de modo arrogante -¿Quién eres tu y donde esta mi Edward?- le pregunte con la voz quebrada, sentía las lagrimas a punto de salir.

-Creí tener algo de él aún, pero fue cosa de verte unos segundos, con tu nueva, feliz y lujosa vida para que todo eso muriera- su mirada era penetrante.

-¿Feliz? ¿Que sabes tú de si he sido feliz o no? ¡te creí muerto maldición! Como puedes pensar que era feliz de esa manera- le espete enojada y salí corriendo de la sala, escuche de paso la voz de Alec pero no me detuve a escucharlo, llegue a mi cuarto y ahí me encerré, me encerré en esas cuatro paredes dejando al fin fluir aquella pena tan grande que por miedo no podía expresar libremente, aquella pena que incluso en mis meses de catatonía no demostraba, es que haber creído muerto a Edward todos estos años y llevar esa pena sin chistar era doloroso, el saber ahora que estaba vivo era una de las felicidades más grandes que había sentido en mucho tiempo, tan igual como cuando Charlie nació, pero él verlo ahora así me estaba lastimando incluso más que aquella muerte que creí.

Estaba pensando en como mi vida había cambiado en un par de días, en como las cosas podrían llegar a cambiar si solo me dejara explicarle, si dejara de tener miedo, ese miedo que había crecido con los años y con las amenazas de Dídima, estaba tan abstraída en ello que no escuche cuando la puerta de mi habitación fue abierta, estaba por gritar del miedo cuando unas manos me apretaron la boca, incluso entre las sombras podía reconocer al dueño de esas manos, fue cosa que se moviera unos pocos centímetros para que la luz de luna que se filtraba en el visillo lo iluminara, el intenso verde de sus ojos me invitaban a olvidar su actitud, a olvidarme de esta nueva y mentirosa vida que llevaba.

-No grites soy yo- me dijo bajito mientras quitaba sus manos de mi, mis labios ya extrañaban su tacto, incluso en estos largos ocho años mi piel lo reconocía con facilidad.

-¿Qué haces aquí? Alguien te puede ver- le dije nerviosa mirando hacia la puerta.

-Dije que iría al baño, Alec y el resto de la familia ya están algo pasado de copas y piensan que yo lo estoy de igual modo- me dijo y por un instante vi como sonreía como un niño haciendo travesuras –Solo vine a decirte una cosa- y lo mire fijamente, expectante –Si realmente tienes razones para haber hecho todo lo que hiciste, te daré una sola oportunidad para que me las digas y expliques- sus ojos me rogaban de cierto modo que realmente tuviera esas razones –Te espero en el jardín trasero cuando todos se hayan ido y… tu esposo ya este acostado- lo último lo dijo casi escupiéndolo, yo iba a protestar y decirle que no dormía con él pero me acallo poniendo sus dedos en mis labios –Solo una oportunidad Bella, no me defraudes, solo espero que sean razones de peso- me dijo antes de levantarse y caminar hacia la puerta, algo lo hizo dudar ya que se detuvo, yo seguía semi recostada esperando a ver que le sucedía, se giro para mirarme directamente a los ojos y en cosa de segundos estaba frente a mi con sus ojos intensos puestos sobre los míos, con una de sus manos me apretó de la cintura y la otra la llevo a mi nuca, con una fuerza exquisita unió nuestros labios en un beso fiero y lleno de pasión, de igual manera sus manos aferradas firmemente en mi espalda me apretaban a su cuerpo lleno de necesidad, solo de sentir esa misma urgencia me hacia tiritar de pies a cabeza, es que ocho años reprimidos para ambos y ser liberados de golpe era una experiencia cautivante, pronto lleve mis manos a su espalda para unirlo más a mi, me beso de una manera única, nueva, una excelente fusión entre éste nuevo Edward y mi Edward, lamentablemente lo bueno siempre se acaba, él se separo levemente de mi y podía sentir su sonrisa en mis labios, yo aún no podía abrir los ojos ya que intentaba recomponerme y recuperar el aire, además intentaba grabar lo mejor posible aquel momento, exhalé todo el aire contenido de mis pulmones al fin por la fascinación, en realidad más que exhalar aire fue un suspiro, abrí mis ojos para encontrarme nuevamente esa mirada arrogante llena de satisfacción.

-No creo que tu marido te haga sentir así solo con un beso- me dijo con esa voz petulante antes de dejarme tendida nuevamente en la cama con el corazón y cierta parte baja de mi anatomía a mil y él, salir como estoico de la situación.

Decir que no podía dormir esperando a que la fiesta acabara, era decir una gran mentira, sin bien, no podía darme el lujo de dormir unos minutos y luego despertar para reunirme con Edward, pues existía la posibilidad de que me quedara hasta el siguiente día, esto no tenia nada que ver, claramente sufriría de insomnio una buena cantidad de días ya que aún continuaba híper ventilando luego de semejante beso, de sentir como quemaban mis labios por la ausencia de los suyos, así espere impaciente a que las luces se fueran, así con el corazón en la boca y la respiración a mil me levante de la cama cuando ya habían pasado cerca de diez minutos desde que escuche la puerta de la habitación de Alec cerrarse. Camine entre nerviosa y ansiosa por este encuentro, encuentro que conciente e inconcientemente estuve anhelando por ocho años, un encuentro en donde dejaría mi corazón, mi alma y los inmundos secretos de los que me he tenido que ver envuelta solo para proteger a mis hijos, para proteger a quienes más quiero en esta vida.

Cuando llegue a la puerta que daba al jardín pude divisar su silueta, tan perfecta incluso solo a la luz de la luna, tan magnifica como antes e incluso más, ya que inexplicablemente aún para mi, él poseía un nuevo garbo, una nueva prestancia que solo se adquiría cuando se tenia estudios, cuando se era todo un conocedor, esa elegancia arrogante que lo hacia verse más atractivo aún, incluso con su cabello y barba más crecida a como lo conocía cuando era solo un adolescente, camine en su dirección intentando no hacer mucho ruido para así sorprenderlo, tal error, la sorprendida fui yo.

-¿Anthony?- escuche de pronto y me oculte ya bastante cerca de Edward y de ésta nueva "visita".

-¿Jane?- le pregunto él igual de extrañado que yo.

-Si ¿Qué haces aún aquí? Y solo- mis manos se cerraron en puños al percibir ese tono pícaro en su voz.

-Necesitaba aire antes de irme, creo que bebí más de lo acostumbrado- le dijo.

-¿Pero estas bien verdad?- le pregunto y pronto se acerco a él para tocarle la frente, ese simple gesto me hacia hervir más la sangre, en el mismo momento en que la vi poner sus ojos sobre Edward supe que sentía alguna clase de interés.

-Si, gracias por la preocupación Jane pero ya me iba, mi chofer debe estar por recogerme si es que no esta ya- podía ver como él me buscaba disimuladamente -¿No lo has visto, a él o a alguien más?- le pregunto despreocupado, Jane sin entender la segunda intención simplemente negó.

-Sabes- le dijo con esa vocecita inocente que no le creería jamás –Si quieres puedes descansar en mi habitación mientras esperas a tu chofer o mejor aún puedes irte por la mañana- y pasaba su inmunda mano por el pecho de mi amado -No tengo problema en que pases ahí la noche- y podía ver como lentamente se acercaba a él, por otra parte no es que Edward estuviese oponiendo mucha resistencia –Alec me invito a quedarme esta noche ya que se me hizo muy tarde- le explico.

-Realmente la oferta es muy tentadora mi querida Jane, pero hay que hacer las cosas bien y jamás podría abusar de la gentil hospitalidad de los Vulturi, menos faltándole el respeto en su propia casa con una de sus mujeres- y él paso su mano por una de sus mejillas poniéndome más enojada aún, sin pensarlo y solo dejándome llevar por la rabia, estampe mi mano hecha un puño en la pared de concreto.

-¡Aush!- grite despacito pero lo suficientemente audible –Duele como un demonio- dije ya más para mi, pero me alerte al escuchar que Jane y Edward me habían oído.

-¿Quién esta ahí?- pregunto ella -¿Anthony lo oíste verdad?- le pregunto ella, me hinque para no ser vista, teniendo mi puño aferrado sobre mi otra mano al percatarme de que éste sangraba por los nudillos, ¿Cómo era posible que los hombres pudiesen pelear con una facilidad y más, sin salir lastimados?

-Será mejor que nos vayamos- le dijo Edward –Puede que simplemente alguien haya despertado- y vi que intento llevarla al interior de la casa.

-Creo que es mejor ir a ver quien es, para asegurarnos- le dijo ella saliéndose de su agarre y caminando directo hacia mi, pensé en que podría decirle cuando me descubriera ¿pero que le diría? Si literalmente estaba escondida husmeando con una mano ensangrentada, me extraño dejar de escuchar sus pasos por lo que me asome levemente para ver que tan cerca de mi estaba, pero miles de dagas llegaron a mi pecho al verla a ella colgada del cuello de Edward…besándolo o debería decir, besándose pues lo veía a él bastante animado besándola sin intentar apartarla. Eso dolía, de verdad dolía en lo más profundo de mi corazón.

-Cretino arrogante- dije en voz alta antes de salir de ahí, corrí directo a mi cuarto para no ser vista, para refugiarme en el una vez más, para dejar de ser espectadora de aquel beso, yo quería ser participe de sus labios, jamás la espectadora, y verlo por primera vez incluso de antes, era doloroso, habíamos perdido mucho tiempo ambos, había perdido mi oportunidad de decirle la verdad pero esta vez no había sido mi culpa, ¿tendría una nueva oportunidad? ¿Realmente él se la merecía ya que había llegado con esa nueva actitud? ¿él en si, se merecía la verdad? Jamás creí pensar en la posibilidad de no querer tenerlo cerca de mi, pero al parecer así era, él estaba haciendo un muy buen trabajo si lo que venia luego de ocho años era venir a terminar de matar mi corazón ¿el problema? El problema es que lo amo más que a mi vida y conociéndome, sería capaz hasta de humillarme, una vez más, por él.
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Irina Denali el 9/3/2010, 8:34 pm

nooooooooooo aaaaaa queria que se acararn las cosas pero no aaa ya quiero el otro capi esto se puso bueno con drama pero bueno
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 9/3/2010, 8:36 pm

jajaja ya sera esperar el siguiente cap
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 10/3/2010, 2:58 pm

primero se hace el tonto que no sabe nada y luego recrimina este Edward deberia empezar ha escuchar...............y ya me cabree con la tipa esa que se le colgo al cuello me ha dejado toda intrigada de saber que iban ha hablar .....pobre Bella encima de que se expone a que la pillen no consigue hablar con el .....
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 10/3/2010, 4:24 pm

esa jane como es de entrometida pero edward la beso affraid
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 10/3/2010, 4:40 pm

yo lo mato ..............o mejor dicho la mato
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 10/3/2010, 4:50 pm

a ambos hay q golpearlos, edward pudo haber encontrado una mejor forma de distraerla q besandola
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 10/3/2010, 4:55 pm

tienes toda la razon .....Edward !!!!!!!!
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Atal el 11/3/2010, 7:30 pm

esta historia esta mas buena¡¡¡¡ no saben na lo q viene
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 12/3/2010, 11:22 pm

atal no digas nada
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Atal el 13/3/2010, 8:26 am

jajaj ni se te oacurra amiga solo le doy suspenso jajaja mi boca esta cerrada
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 13/3/2010, 12:30 pm

que malas que sois eso no se vale ..................ya la habeis leidooo
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Atal el 13/3/2010, 2:46 pm

jajaj son pocos los capitulos que hay asi q no te preocupes amiga no te has perdido de mucho jajaj
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 13/3/2010, 3:36 pm

xole linda solo te estamos molestando, la autora lo tiene hasta hay en cuanto actulice te lo traigo
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por xole el 13/3/2010, 5:08 pm

jajajaj vale ..........no te preocupes Barbie estaba de broma Atal ya me tiene acostumbrada a sufrir
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Atal el 13/3/2010, 8:26 pm

q linda mi amiguis.... no te preocupes ya leeras todo jajaj
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Re: El Conde Montepulciano

Mensaje por Bbra el 14/3/2010, 9:13 pm

jajaja q mala eres atal XD
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