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Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Atal el 8/10/2009, 7:26 pm

bueno amigayo vivo el dia...
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 9/10/2009, 8:10 pm

creo que tendre que tomarme eso mas a pecho-....
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Atal el 9/10/2009, 8:11 pm

si amiga es lo mejor, asi cada dia se toma como mas liviano, te lo digo por experiencia, aunque a vces no te niego q el dia es horrible pero pasa y al dia es diferente, te quiero amiga arriba el animo
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 9/10/2009, 8:15 pm

yo tambien te quiero


y a todas en realidad
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Atal el 9/10/2009, 8:24 pm

linda arriba
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 9/10/2009, 8:33 pm




gracias...


pero saben una cosa????.... hace algun tiempo comence a escribir una historia... el verano de este año...

pero mas adelante... me gustareia que la leyeran mas adelante eso si
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Atal el 29/11/2009, 7:12 pm

amiga te extrañamos y la continuacion de tu historia, espero pronto nos pongas otro capitulo y nos dejes asi
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 30/11/2009, 7:07 pm

ups...

gracias por acordarte...

lo que sucede es que aun no me logro afirmar emocionalmente... pero ya pasara... espero subir pronto el proximo cap...


adios, cuidate... (y a todas en realidad)

las quiero
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Bbra el 14/12/2009, 11:48 pm

kate al fin pude leer tu fic.... affraid q sorpresita lo de mariane y thomas q horror

por favor no me dejes con el suspenso, ojala katherine le de su buen jalon de greñas y la ponga en su lugar por regalada y manipuuladora roba novios
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 16/12/2009, 8:23 pm

gracias

ya viene el proximo, ya viene

y ademas otra historia que vengo escribiendo desde enero

abrazos
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 20/12/2009, 7:36 pm

Por fin de nuevo, después de tanto tiempo…

* * * * * * *


Capítulo 17: ÉSTE ES NUESTRO PRESENTE




KPOV

¿Por qué había llegado a esto? ¿Cómo habíamos llegado hasta esto?

Siempre pensé que el odio de Marianne hacia mí era por lo que le había hecho, por haberla convertido en lo que era, pero me acababa de dar cuenta tras más de cien años, y por el peor de los modos existentes, que su odio venía arrastrándose desde mucho antes. Pero ¿por qué?

Y Thomas, el hombre que tanto había querido y con el cual me casaría, me había estado engañando con mi propia hermana, y quizás por cuánto tiempo…

¿Cómo no me pude dar cuenta antes? ¿Cómo nunca vi nada que estuviera fuera de lo normal, si hasta Meme lo sospechaba? ¿Que acaso, yo era la única que no se había dado cuenta?

Deambulé bastante sin saber a dónde, caminando sola sin tomar en cuenta el silencio que antes tanto me inquietó, hasta que finalmente, la inercia me llevó a la ciudad otra vez. La misma ciudad que era ajena a mí, con cada participante de ésta loca vida sumido en sus propios problemas, sin darse cuenta del cuerpo sin alma que pasaba a su lado. Avanzaba como sonámbula, aún en estado de shock, y ni siquiera atisbé el momento en que el patio de la casona me recibió.

Tantos años con la culpa y el remordimiento en mí, pero que no completaba la razón de un odio inentendible, que no hacía sentido en el mar de preguntas que tenía en mi cabeza.

Si Thomas no me quería, ¿por qué estuvo conmigo? ¿Por qué le importaba más una posición que otra cosa? ¿Por qué tantas palabras de amor falso que yo creía como una tonta? Cada roce de sus labios en el dorso de mi mano que hacían sonrojarme, cada susurro con un “te quiero”, cada mirada soñadora que me llevaba al cielo y me hacía bajar con un vértigo especial, o cada sonrisa que me deslumbraba de emoción y que ni siquiera iban dirigidas hacia mí.

Oportunismo… Amor por posición.

Pero Marianne, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué? ¡Por qué!


Tomé el habitual impulso en cierto punto de la pared Este, y escalé de prisa hasta la ventana abierta de mi habitación con solo una imagen en mi mente, y la cual no quería desaparecer por más que lo intentaba, pero de la nada aquella amarga visualización se rompió.

—¡Katherine!

Aquella voz diciendo mi nombre lo cambió. Tan pronto como lo oí, fue también el mismo momento en que Robert se abalanzó sobre mí estrechándome entre sus brazos con fuerza, y de inmediato su esencia y su presencia me golpearon, haciendo el contraste a todo lo que había estado pensado.

¿Cómo pude alguna vez llegar a confundirlo con Thomas? ¿Cómo pude osar a ofenderlo a tal magnitud?

Fue su piel, su calidez, su aroma, el sabor de sus labios al chocar con los míos con desesperación y alivio, fue todo lo que hizo abrir mis ojos y darme cuenta que ahora sí era correspondida. Que él jamás podría hacerme daño.

Correspondí su abrazo y apoyé mi rostro en su hombro ignorando cualquier deseo que no fuera el de amarlo. Me podría haber derrumbado, pero todo en él ahora me daba fuerzas para mantenerme en pie. Él lo era todo para mí, y a pesar de lo que hice en el pasado, no permitiría que Marianne lo engañara como alguna vez ella y Thomas lo hicieron conmigo; con un amor falso por venganza a algo desconocido para mí, pero que ésta vez iba dirigida al hombre que amaba.

Si, he amado una sola vez. Ahora, e iba a luchar por lo que quería.


RPOV

¡Por qué no llegaba!

Ya había transcurrido demasiado tiempo desde que Katherine salió a cazar y todavía no había ni luces de ella. No servía de nada pasearme como león enjaulado sin poder salir a buscarla, cuando en cualquier momento podría llegar. O eso era lo que deseaba. Solo debía esperarla; tener paciencia y esperarla.

¿Y el sueño?

No, Robert. No seas trágico, ¡por favor!, me dije en el mismo momento en que aquel pensamiento cruzó por mi mente, y consigo vino una interna discusión conmigo mismo.

Pero en el sueño ella estaba herida…

No, Robert. No insistas, me seguí diciendo. Además el sueño era de día…

Pero… ¿y si era un presagio?

No, Rob. Tú no piensas así. ¡Basta! Solo ten paciencia y espérala, que ya llegará.

Terminaba de convencerme de aquello, cuando en ese preciso instante escuché un sonido casi imperceptible desde la ventana, pero estaba tan atento a cualquier cosa que pudiera suceder, que lo oí como si fuera un timbre. Al darme la vuelta y dirigirme al foco de alarma, de inmediato y por fin vi a Katherine entrando con suma rapidez a través de la ventana abierta.

Tenía la mirada algo perdida, pero al menos estaba aquí, conmigo.

—¡Katherine! —solté al instante alcanzándola para estrecharla entre mis brazos.

La besé, sintiendo la fría calidez de sus labios algo ausente, pero yo seguía repitiéndome que al menos ahora estaba conmigo.

—Amor, ¿dónde estabas? —le pregunté preocupado.

—Cazando —respondió sin más en un tenue susurro.

Había puesto su cabeza en mi pecho, pero de ahí no se movía, así que en esa misma posición la llevé hasta la orilla de la cama y la ayudé a sentarse, lo cual pareció ser un alivio para ella.

—¿Por qué tardaste tanto? ¿Sucedió algo? Estaba preocupado por ti —solté atropelladamente.

—Solo me encontré con alguien —respondió aún sin alzar la vista ni la voz.

—¿Con alguien? ¿Balthazar? ¿Te hizo algo? ¿Te dañó? —me apresuré a decir levantando su rostro entre mis manos para que me mirara.

—¿Balthazar? —repitió como si ni siquiera recordara quién era él, pero al menos eso era bueno, porque decía que no se había aparecido.

Pero si no se encontró con él, ¿con quién entonces?

—¿Qué sucedió? —insistí.

—Marianne —dijo evitando mi mirada.

—¿Marianne? ¿Qué te dijo? —pregunté preocupado.

Por lo que ella me había dicho cuando la conocí y por como Katherine llegó, no parecía ser nada bueno.

—Ella… ella no me odia solo por lo que le hice; por convertirla —respondió.

—¿De qué hablas? —pregunté confundido.

—Ella me odia desde mucho antes y no sé por qué —dijo con la voz calmada, y como si rebuscara en pensamientos que le costara encontrar.

—¿Por qué lo dices? —insistía, pero ella no parecía escucharme.

—Y Thomas nunca me quiso, tampoco.

¿Thomas? ¿Qué tenía que ver ese tipo muerto aquí?

Que él no estuviera vivo, no significaba que yo no pudiera sentir celos.

—Él amaba a Marianne. Ella me lo dijo, pero aún así él estaba conmigo… Es por eso que me odia —continuaba analizando palabras con suma concentración—. Por eso debe ser… Pero si él la amaba, ¿por qué no hizo lo que su corazón le dijo en vez de engañar al mío?

Ahora lo entendía. Ni por muy distraído que yo pudiese ser, podría no darme cuenta de lo que Katherine quería decirme. Ése tonto la engañaba con su hermana, o lo que era aún más doloroso para ella, era su hermana quien la engañaba.

—Amor, él era un tonto —dije tomando sus manos—, pero ahora no está aquí. ¿Recuerdas? Yo estoy contigo.

Levantó su mirada para encontrarse con la mía, y… ¡cómo la amaba! Cómo amaba esa mirada inocente de mar profundo cuando me miraba así, tan pura, tan… cálida.

—Lo sé —dijo envolviendo sus manos en las mías a la vez—, por eso te pido perdón. Perdón por alguna vez pensar que eras como él.

Aunque me molestó, él ya no tenía cabida aquí, y mucho menos por cómo la había engañado.

—¿Recuerdas también, que no volverías a pedir perdón por nada nunca más? —inquirí sonriéndole, haciéndole saber que ya nada de eso importaba—. ¿Lo recuerdas?

—Pero tú no te lo merecías —me contradijo.

—Creo que me valoras más de lo que merezco —comenté—, pero ya olvídalo, no importa, ¿de acuerdo?

Asintió con la cabeza bajando su miraba como una pequeña niña, pero aún había cosas que me inquietaban.

—Katherine, ¿qué más te dijo Marianne?

El hecho de que la primera y única vez que nos vimos hiciera lo que hizo, dijera lo que dijo, y me confundiera como lo hizo, no era de menor importancia, y para engañar a su propia hermana cuando se supone que todo debía estar bien entre ellas, no creo que se quedara simplemente callada.

Ella volvió a levantar la mirada mirándome fijamente.

—Ella te quiere —contestó—. Te quiere tener para vengarse de mí, estoy segura.

Eso fue más de lo que esperaba, aunque ni siquiera sabía qué esperar.

—No te preocupes, amor, que eso no ocurrirá —dije restándole importancia, con algo de miedo por lo que ella había provocado en mí la primera y única vez que la vi—. Yo solo quiero que tú me tengas.

—Pero…

—Pero nada —la interrumpí colocando un dedo sobre sus suaves labios—. Ella está cegada por el odio de algo que en realidad tú no tuviste nada que ver —porque lo que lo originó fue ese Thomas…—, y pronto ella se dará cuenta de todo lo que ha hecho, así que ahora no te envenenes más. Ya sufriste bastante por mucho tiempo, y lo que pasó hace más de cien años ya no vale tu condena. Es el ahora lo que importa —mi determinación era precisa—. Y en cuando a mí, ella no podrá hacer nada para separarme de ti. ¿Lo entendiste?

Volví a sentir su mirada traspasándome con intensidad, pero ahora notaba una determinación que no podía solo dejar pasar.

—Tampoco iba a dejar que lo consiguiera —dijo forzando una sonrisa.

—Es bueno oírlo —señalé atrapando sus labios con los míos, porque de verdad que era excelente oírlo de su boca, aunque en el fondo yo sabía que todavía daba vueltas en su cabeza lo que había hablado con su hermana, y que trataba de restarle peso por mí.

Si tan solo pudiera borrar todo mal pasado de su memoria…

—Y hay otra cosa que quiero pedirte también —recordé de pronto con nerviosismo.

—Lo que quieras —contestó sin mirarme.

Vaya, esto era más difícil de lo que me imaginaba.

—No me tientes, porque ya se me están ocurriendo algunas ideas con crema batida —bromeé ante mi cobardía para hablar, además de mis intenciones de que riera, y aunque conseguí lo último, su sonrisa no llegaba del todo a sus ojos.

Quería que volviera la sonrisa de antes de que se marchara a cazar, aquella que esbozaba cuando lamía sus dedos con salsa haciéndole cosquillas.

—Bueno, en realidad es algo que hace tiempo quería pedirte —continué, pero ésta vez hablando en serio—. Aunque sé que éste no es el mejor momento, pero no podía seguir esperando más días.

—¿De qué se trata?

—Quiero pedirte… que seas mi novia —dije al fin.

—¿Tu novia? —inquirió confundida.

—Sí, mi novia —repetí relajándome un poco—. Oficialmente.

—Pero…

—No, espera —la detuve antes de que continuara con ese “pero”—. Quiero que seas mi novia, y ya sé lo que dirás sobre “hasta que se acabe” por todos los miedos que tienes, pero yo tengo esperanzas de que todo saldrá bien.

Esperanzas era lo que más tenía.

—¿Pese a todo? —preguntó.

—Pese a todo —respondí—. Ten en cuenta que sería como una manera formal, o algo así, de llamarle a nuestra relación —insistí—. Además de una palabra, las cosas seguirán siendo como antes —si es que no puedo hacerlas mejor—. En serio.

—Pero si serán igual que antes, ¿por qué quieres que sea tu novia? —inquirió confundida.

—¿Por favor? —pedí sin responder a su pregunta.

—¿Te hará feliz?

—Por supuesto —contesté, aunque no sé muy bien el por qué de que así fuera.

—Entonces, de acuerdo —respondió esbozando, o más bien, forzando una sonrisa tras un suspiro—. Acepto ser tu novia.

Era algo simple, de algunas palabras solamente, y no se trataba de que antes no le hubiese pedido a alguien que fuera mi novia, pero ahora me hizo tan feliz… Y aunque ese momento no era el más apropiado, era el momento que tenía.

La abracé y luego la besé.

—Gracias —dije cuando me aparté de sus labios con dificultad, sobre todo porque sabía que ella seguía pensando en Marianne, y aún así me había respondido—. Y ahora, novia mía —le hablé besando su frente, y sonrió cuando le dije “novia”—, ¿quieres descansar o quieres hacer algo más?

—Tú, descansa —dijo tranquilamente tras un suspiro—. Tu horario no es igual al mío, ¿lo recuerdas?

Si lo recordaba, pero de hecho, yo ya había dormido unas horas antes.

—Ambos descansemos —le propuse recostándome en la cama extendiendo mis brazos hacia ella—. Ven aquí, que yo te cuidaré, novia mía.

Intentó sonreír de nuevo y aceptó mi invitación colocando su cabeza en mi pecho.

Así estuvimos bastante tiempo mientras que yo acariciaba su cabello, y ella con sus dedos trazaba patrones alrededor de los botones de mi camisa sobre mi pecho.

Estaba aquí, a salvo, conmigo. Solo esperaba que el tumulto de sus pensamientos desapareciera mientras descansaba y que se centrara solo en olvidar las palabras de su hermana. Ya nada del pasado le haría daño mientras yo estuviera a su lado. Éste era el presente.

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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 20/12/2009, 7:40 pm

KPOV

Es cierto. Al principio no supe qué responder, pero luego de haber estado pensando en cómo pude haber sobrevivido sola tantas décadas, no pude hacer otra cosa que llegar a la conclusión de que no podía negarle algo a la única persona que se había atrevido a amarme, incluso pese a todo peligro y toda adversidad que eso significaba.

¿Qué daño podría causar esto (bueno, más todavía)? Solo eran unas simples palabras (o de eso quería convencerme).

No es que de la noche a la mañana hubiese decidido venderme su alma, pero aún así…

—Entonces, de acuerdo —respondí finalmente forzando una sonrisa que pudiera apoyar lo que en el fondo sentía; felicidad—. Acepto ser tu novia.

Fue fácil, y él se alegró.

El abrazo que me envolvió no era por cualquier capricho ni simple cortesía. Su calidez era más que gratificante, y además, la inmensa emoción que Robert despedía no me podía infundir algo menos que… felicidad. Me hacía estar solamente aquí, haciéndome olvidar de momentos todo mal pasado.

Luego me besó... Era un beso profundo y exigente, pero por sobre todo; sincero. El que me decía como tantas veces lo bien que jamás podría estar, que podría dejar de existir mañana e irme al infierno, pero ya no importaría porque había conocido el cielo.

No era Thomas, ni estaría con Marianne. Él siempre me decía la verdad. Él nunca me podría engañar.

—Gracias —dijo cuando con dificultad sobrehumana logré apartarme de sus exquisitos labios, incluso cuando era yo quien debería decírselo. Era yo quien estaba agradecida por acompañarme, por estar conmigo y por hacerme sentir, cuando creía no soportarlo más, que éste era el presente y no había nada malo antes de él.

Robert sonreía con letargo, y sus orbes esmeraldas aún se mantenían cerrados por un corto momento antes de volver a reaccionar.

—Y ahora, novia mía —agregó besando mi frente, y me hizo sonreír cuando me llamó “novia”. Nunca alguien me había llamado novia—, ¿quieres descansar o quieres hacer algo más? —agregó.

—Tú, descansa —decidí tras un suspiro.

A pesar de que me gustaría tenerlo por siempre mirándome, eso no significaba que pudiera manejarlo como yo quisiera.

—Tu horario no es igual al mío —agregué—, ¿lo recuerdas?

Me sonrió antes de recostarse en la cama extendiendo sus brazos hacia mí.

—Ambos descansemos —propuso—. Ven aquí, que yo te cuidaré, novia mía.

Ésta vez fui yo quien sonrió, y acepté encantada su invitación reposando mi cabeza en su cálido pecho, escuchando su palpitante corazón lleno de vida, deleitándome con su agradable y relajante aroma. Y así estuvimos bastante tiempo mientras que Robert rozaba con lentitud mi cabello haciéndome sentir un dulce hormigueo por todo el cuerpo. Acaricié su pecho por encima de su camisa, y me quedé allí pensando en todo lo que había sucedido esta noche. En todo lo que me había enterado. En todo lo que me quedaba por vivir y en todo el tiempo que me quedaba con Robert, hasta que varios minutos después escuché su lenta respiración adormecida por el cansancio.


RPOV

Podría ser fácil decir que acababa de despertar entre ángeles, o mejor dicho, entre uno de ellos y por sobre todo el más hermoso de todos. Pero sabía que si alguna vez se lo decía, comenzaría a hablar sobre sí misma como si fuera un monstruo, y yo no quería eso.

Su mano fría y cálida a la vez, acariciaba mi rostro en cuanto comencé a desperezarme, y sus ojos no dejaban de mirarme fijamente mientras no dejaba de sonreír.

Estaba entre sus brazos (aunque se supone que antes de dormirme era yo ella quien estaba entre los de ella), y rodeaba su cintura con uno de mis brazos a peso muerto, lo que me hizo querer levantarlo para no incomodarla. Había una manta que me cubría hasta la cintura que antes no estaba, estaba sin zapatos y solo había un halo de luz desde su velador.

—Bueno días —dijo depositando un beso en mi frente.

Se sentía tan bien.

—Buenos días —respondí cerrando los ojos para disfrutar el momento y su dulce aroma.

Me imagino que solo habían pasado un par de horas desde que cerré los ojos, pero aún así me sentía con energía, aunque debo reconocer que tenía el presentimiento de que cuando llegara el momento de alejarme de ella, todo el letargo volvería.

—¿Cómo te sientes? —le pregunté enfocando mi atención total en ella, ya que me daba la impresión de que no había dormido nada pensando en todo lo de anoche.

Es cierto que su horario no era igual al mío, pero por lo menos al yo haberme quedado dormido, significó que no tuve la oportunidad de ser de mucha ayuda para poder despejar su mente.

—Me gusta verte dormir —dijo con una sonrisa, aunque no respondió realmente a mi pregunta—. Me da tranquilidad, incluso siento que nada ni nadie puede lastimarte.

Un miedo inmenso por sus palabras recorría mi estómago, como si todo en realidad fuera más peligroso de lo que yo lo estaba viendo, y al parecer Katherine se percató de mi alarma.

—¿Estás bien? —me preguntó sintiendo su suave voz y respiración recorriendo mi piel.

—Lo estoy —respondí, aunque no era del todo cierto—. Me gusta estar en tu compañía —agregué.

Oí como reía suavemente por lo bajo.

—¿Y no te aburres?

—¿Aburrirme? ¿Por qué? —inquirí mirándola a los ojos de nuevo.

—Bueno, como estamos aquí encerrados todas las noches —comenzó—, o mejor dicho tú lo estás, y tu sueño ya debe haber cambiado por el solo hecho de quedarte conmigo.

Hasta yo sonreí por lo que dijo.

—Este último tiempo ha sido el mejor que tenido en años —dije rozando su mejilla—, y no lo cambiaría por nada del mundo.

Me dio un pequeño beso en los dedos cuando rozaron sus labios, y dio un largo y silencioso suspiro.

—Decir que me siento más que afortunada sería poco —dijo con un brillo especial en sus ojos, pero no dejaría que me ganara.

—No tanto como yo lo estoy —lo contradije besando su mano—. Te amo.

Iba a besarla de nuevo, cuando mi teléfono comenzó a sonar insistentemente.

Ella rió con diversión mientras se aclaraba la garganta al escucharme maldecir por lo bajo por tan inoportuna interrupción.

¿Quién podría estar llamando a ésta hora?

Mi teléfono estaba sobre una mesa en una esquina, en el mismo lugar en el que lo había dejado la última vez que llamé al celular de Katherine, y pensé en no contestar, pero después de todo podría ser algo importante como para que tuvieran que llamar tan temprano.

Me levanté siguiendo la luz de la pantalla, y al tomar el teléfono me llevé dos sorpresas. La primera era que no era tan temprano como lo suponía. Eran más de las diez de la mañana. ¿Cómo pude dormir tanto?

Di media vuelta para mirar a Katherine, quien continuaba sonriendo y se encontraba de rodillas sobre la cama viéndome fijamente.

—¿Porque me dejaste dormir tanto?

—Me gusta verte dormir —dijo encogiéndose de hombros.

Moví la cabeza de un lado a otro y sonreí, pero el teléfono seguía sonando.

—¿Diga? —contesté haciéndole muecas a Katherine,… mi novia.

Si. Mi novia.

—¿Robert? Soy Cindy —contestaron al otro lado de la línea, y esa era la otra sorpresa.

—Te dejo solo —articuló Katherine junto a mí antes de irse al baño, y yo asentí con la cabeza para seguir escuchando a mi representante.

—Como hace días que no he sabido nada de ti, llamaba para avisarte acerca de tus compromisos —continuó con un dejo claro de sarcasmo en sus palabras, y ahogué unas risas por su “profesionalismo”—. Resulta que este viernes es el baile… ¿o la cena? Bien, no lo recuerdo, pero es a beneficio de la Fundación “Auxilio”, la que agendamos el mes pasado. ¿Lo olvidaste? —preguntó algo que había resultado evidente, porque no esperó a mi respuesta—. Si. Lo olvidaste.

Directo al grano. Esta mujer no se iba con rodeos.

—Bien, ¿a qué hora? —pregunté sentándome en el borde de la cama detrás del dosel.

—Es a las ocho en punto en el Salón de la fundación —respondió sin perder tiempo—. En la tarde te haré llegar las invitaciones.

—¿Las invitaciones? —pregunté con la curiosidad a flor de piel por ese sentido de pluralidad.

—Así es. Podrás ir con tu chica si quieres —respondió.

Eso sería increíble. Demasiado increíble, de hecho.

—Lo siento, pero no creo que sea bueno para ella esto de las cámaras —me excusé pensando en todos los peligros para ella con respecto a eso—. Aún no olvida lo de las fotos —agregué, pero escuché como reía.

—Olvidé decírtelo, ¿cierto? No te lo dije —se respondió ella misma aún riendo—. La cena–baile, como deberías saber, es de etiqueta, pero además es de máscaras —me informó haciendo hincapié en lo de “cena–baile”—. No me preguntes por qué, porque no tengo ni la menor idea, pero pueden ponerse unas lindas máscaras enormes con tal que no los reconozcan a simple vista —concluyó con deleite.

—Eso es realmente… genial —musité, pero no pareció escucharme.

—Solo para algunas fotos tendrás que quitarte la máscara, pero tu chica puede estar lejos para eso —opinó con despreocupación—, y en el remoto caso de que a alguna sanguijuela se le ocurra seguirte (N/A: Se entiende que se refieren a los paparazzi, ¿cierto?), simplemente te escabulles, te cambias de máscara, y hasta de corbata si estás paranoico, y voilà. Todo solucionado —concluyó hilarante.

—Cindy, eres una ¡genio! —solté llegando al nivel de su alegría.

—Lo sé, lo sé —se jactó antes de volver a un tono serio nuevamente; absoluta seriedad—. Pero por favor, ahora llevas zapatos normales. Nada de zapatillas. Aún me pregunto cómo con todo el dinero que tienes, no te compras algo decente —agregó más para sí misma—. ¿Sabes? Voy a hacerte llegar un par de zapatos. ¿Cuál es tu número? —siguió hablando—. Bueno, no importa. Tú ves cómo te los calzas.

Fruncí el ceño.

—Gracias, supongo —dudé un segundo ante tanta efusividad y espontaneidad.

—No hay problema, para eso me pago —continuó—. De acuerdo, eso acordamos entonces. Adiós, y saludos a tu chica.

—Bien… En tu nombre serán… —respondí aún con cierta y abrumadora diversión por Cindy—. Adiós.

Ambos colgamos y yo me recosté sobre la cama esperando que Katherine saliera del baño.

Sería perfecto para ella. Podría invitarla a salir sin tanto peligro como ella se lo estaba imaginando en todo, que eso era lo importante. Además no habría por qué preocuparse por Marianne, porque para el baile se requerían invitaciones, y así no podría molestarla.

Es cierto que yo apoyaba la reconciliación entre hermanas, pero cuando una de ellas no estaba de acuerdo, y es más, amenazaba a la otra, reconciliación era demasiado pedir.

Miraba con detenimiento el dosel blanco de la cama mientras tenía mis brazos por detrás de la cabeza, cuando la musical voz de Katherine junto a mi oído, me hizo saltar de la sorpresa.

—¿En qué piensas? —articuló riendo con diversión.

Ni siquiera escuché cuando salió del baño, y mucho menos cuando se acercó hasta susurrarme las palabras al oído.

Por mi orgullo traté de recomponerme rápidamente.

—Pensaba en ti —contesté ante sus sonrisas controlando el bochorno, y pronto recordé lo que acababa de suceder.

Me enderecé sobre la cama y la miré de frente estando de rodillas sobre el lecho, al tiempo que buscaba sus manos para tomarlas mientras hablaba.

—Acaba de llamarme Cindy, mi representante —comencé a decir con sus ojos atentos a lo que yo decía, pero de pronto recordé que ella podía escucharlo todo—… ¿No escuchaste lo que hablaba?

Me sonrió con indulgencia cuando me respondía, negando con un movimiento de cabeza mientras hablaba.

—Por supuesto que no. No me gusta entrometerme en tus asuntos, y mucho menos escuchar una llamada telefónica.

Sentí sonrojarme.

—Oh… Bien. Bueno —me recompuse nuevamente—, ella acaba de llamarme para avisarme sobre un baile de beneficencia —¿o cena? En fin, para qué alargarse más—. El asunto es si… ¿quieres ir conmigo?

—No creo que sea buena idea —comenzó a decir frunciendo sus labios naturalmente sensuales, pero antes de que continuara la detuve.

—Es de máscaras y no podrán reconocerte —me apresuré a decir—, además que habrá mucha seguridad y necesitas una invitación para entrar, y yo ya dispongo de una para mí, y una para ti.

No decía nada y se mantenía en silencio mirando nuestras manos unidas, mientras buscaba una respuesta.

—Por favor —insistí.

—¿Y si no es seguro? —desconfiaba.

—Lo es. Habrá seguridad contratada especialmente, como te dije, y nadie podrá reconocerte ni molestarte.

—Yo no me refiero si es seguro por mí, lo digo por ti —dijo mirándome a los ojos, traspasándome con su mirada—. Eres tú el que me preocupa.

Ahí estaba de nuevo preocupándose por mí.

—Yo estaré bien, no te preocupes —intenté aquietarla antes de volver a suplicar—. ¿Irías conmigo? ¿Por favor?

De pronto esbozó una de esas sonrisas traviesas y sensuales que a mí me gustaban tanto.

—Imposible negarme si me lo pides así —dijo.

—¿Eso es un sí? —pregunté, y como respuesta se encogió de hombros y me besó.


Después de conversar sobre cómo lo haríamos para irnos, y a pesar de que insistí en que quería llegar con ella, dijo que sería mejor que cada uno fuera por su cuenta y que allá nos encontráramos. No quería ponerme en peligro, y por mi vergüenza no quise seguir discutiendo sobre eso. Eso me hacía sentir más inútil.

Después de varios minutos, Katherine bostezó y recordé que era ella quien dormía a esta hora, así que decidí que mejor sería dejarla descansar.

Reuní mis cosas, busqué las llaves de la habitación y de mi auto, y me dispuse a despedirme de mi, ahora, novia.

—Adiós, cariño—dije besando sus dulces labios, y aunque ella ya estaba más que en un estado de somnolencia, me respondió con intensidad—. Dulces sueños.

Calculando, para ella deberían ser lo que para mí eran las tres de la mañana, y al parecer Katherine no acostumbraba a trasnochar, ¿o a trasdiar? Esa palabra ni siquiera existe…

—Adiós —me dijo algo grogui intentando abrir los ojos, y no me cabe duda que apenas cerré la puerta, ella cayó en un profundo sueño.


KPOV

¿Qué me hizo decir que sí?

…Simplemente el hecho de verlo sonreír.

Como él mismo lo había dicho, éste era el presente; nuestro presente, pero a pesar de eso yo aún no podía dejar de lado todo lo que había sucedido.

Palabras daban vueltas una y otra vez en mi cabeza, y no podía dejarlas pasar así como así, aún era mucho que asimilar.

Toda la noche me la pasé pensando, y solo la acompasada respiración de Robert al dormir me obligaba a hacerme a la idea de que no podía involucrarlo en más, sobre todo cuando veía lo mucho que se preocupaba por mí al reparar en lo que me estaba ocurriendo. Por eso mismo fue que cuando despertó, fingí que nada había sucedido, que nada me importaba, pero en el fondo no era así; una vez más estaba actuando…

¿Qué me quedaba ahora? ¿Seguir actuando como una autómata?

Cerca del mediodía, según mi propio reloj interno, el sueño comenzaba a vencerme y ya no podía mantener mis ojos abiertos. En cuando Robert se dio cuenta, decidió que me dejaría dormir, y se despidió dándome un beso profundo exigente, antes de dirigirme una cálida sonrisa de las que tanto amaba. Cerró la puerta con cuidado y rapidez, y de inmediato caí en un profundo y tormentoso sueño.

Mi vista la atrapó de lleno la llama de la vela sobre mi velador, y pensaba en lo hermosa, imponente y poderosa que se veía, en el daño que podía llegar a causar, y en cómo yo me podría extinguir fácilmente en una de ellas. Pero también pensaba en lo frágil que era viéndose así. Que un solo soplo bastaba para acabarla y solo sería humo perdiéndose en el aire.

Lo último que vi fue un halo gris evanesciéndose entre la oscuridad.


RPOV

Conduje por las calles de la ciudad pensando…

¿En qué pensaba? En todo pensaba, y a la vez todo se revolvía. Cosas buenas, cosas malas, y entre todo ese tumulto de pensamientos, un pequeño local apartado llamó mi atención. Parecía ridículo lo que iba a hacer, pero me pareció que no perdía con intentarlo.

Estacioné junto a la acera, apagué el motor del vehículo, tomé el jockey y los anteojos oscuros de la guantera, y me dispuse a caminar hacia la carnicería.

Había una mujer anciana comprando cuando entré, así que me di la vuelta hacia unos aparadores que exhibían un montón de trozos de carne sangrienta, y se me revolvió el estómago el pensar que Katherine tenía que alimentarse de ellos. No era lo mismo pensar que se alimentara de una persona, que de un animal, pero simplemente no le quedaba de otra.

Me preguntaba si se le podría llamar canibalismo a su modo de alimentarse, cuando en ese momento el que atendía, un hombre de de edad y rollizo con el pelo comenzando a teñirse de blanco, llamó mi atención.

—Señor, ¿en qué le puedo ayudar? —preguntó amablemente con una voz algo nasal.

Evité a la mujer que se iba, y con incomodidad me dispuse a hacer mi extraña pregunta.

—Buenos días —saludé—. Me preguntaba si acaso tendría… Bueno… —no sabía cómo demonios decirlo, y el hombre me miraba impaciente esperando (al menos no me había reconocido, y eso era bueno)—. Usted... —ah, qué diablos—. ¿Usted tiene sangre?

—¿Sangre? —inquirió alzando una ceja mientras reía—. ¿A qué se refiere?

Al parecer no me creía.

—Que si acaso tiene sangre para vender —le aclaré sintiendo como la incomodidad aumentaba.

—¿Quiere comprar sangre? —preguntó sorprendido, pero al menos me estaba creyendo, y fue por eso mismo que me miraba perplejo y cauto a la vez, pero esa actitud me estaba molestando. Me miraba como si fuera un loco…

Aunque seamos realistas: En su lugar, tal vez habría hecho lo mismo.

—Bueno, ¿tiene sangre que me pueda vender? —pregunté tajantemente, y el hombre se dio vuelta hacia una puerta oscuro que había tras el mostrador.

—¡Bill! ¡Éste hombre quiere compra sangre! —le gritó, y por un momento me alarmé que alguien más pudiese escuchar. Por fortuna no apareció nadie.

Pocos segundos después, salió un hombre menudo que era todo lo contrario al que atendía, mirándome con la misma expresión que el otro. Llevaba un delantal blanco de plástico manchado de rojo, con lo que quise pensar que era pintura.

Nunca me había afectado todo esto de la sangre, pero al parecer ahora estaba viendo las cosas desde otro punto de vista.

De pronto el hombre menudo, Bill, cambió se expresión.

—¿No lo conozco de alguna parte? —preguntó de inmediato, y tuve que agachar la cabeza por temor a que me reconociera.

—No lo creo —respondí antes de preguntar de nuevo, deseando salir de allí cuanto antes—. ¿Pueden venderme la sangre, o no?

Entre los dos se miraron y el más pequeño se encogió de hombros, como si no le importara mucho.

—De acuerdo —dijo el mayor—. La traen de inmediato.

Y sin más preámbulos, Bill desapareció por la puerta tras el mesón.

Se estaban demorando demasiado, y no quería ni imaginarme qué estaba pasando detrás.

Mientras yo miraba todo a mi alrededor buscando un punto neutro que no me hiciera pensar en “ciertas cosas”, lo que por lo demás se hacía difícil porque había carne por todas partes y el olor era sumamente cargante, el hombre mayor no apartaba su vista de mí. Por fortuna, luego entró otro hombre que acaparó toda la atención de él, y yo quedé libre de momento.

Me sentí más aliviado, pero solo fue hasta cuando Bill volvió con una botella llena de un líquido rojo oscuro que llamó la atención del hombre que acababa de entrar, y que además trajo consigo una nueva ola de nerviosismo por lo que pudiese imaginar si me reconocía.

—Aquí está su pedido, señor —anunció el dueño, y a toda prisa me apresuré a pagar para poder salir de allí, preguntándome en qué había estado pensando cuando decidí entrar.

Traté de esconder la botella bajo mi ropa al salir de la calle, mientras recordaba el por qué lo había hecho, cuando una voz masculina me habló.

—¡Rob! —dijeron sujetándome del brazo izquierdo, y al girarme me di cuenta que era el mismo tipo que había entrado a la carnicería después de mí, un hombre como de mi altura, tez bronceada, y cabello y ojos oscuros.

Entre lo alarmado que estaba porque me hubiesen reconocido, ésta vez me percaté de algo que no me había percatado antes, y es que ese tipo llevaba una cámara fotográfica bajo el brazo.

—¿Esa sangre es para tu novia, la vampira?







* * * * * * *
Hola!!!!!!!!!!!
Siento haberlas dejado botadas tanto tiempo, pero aquí llegué otra vez

Espero que les haya gustado el capítulo, ya que van más cosillas por ahí. Es cierto que fue el que más me costó, pero espero que valga la pena para avanzar.
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Bbra el 22/12/2009, 12:07 am

affraid kate como me dejas con ese final...!!

no puede ser un paparazzi affraid q horror noooooooo

y esa ·"%&$·&· marianne q se cree
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 22/12/2009, 7:11 pm



gracias por leer

echaba de menos tus comentarios
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Atal el 24/12/2009, 5:03 am

amiga, despues de algunos dias sin entrar al foro me encuentro con tu historia, me encantó pero no me dejes con ese final poh...
espero no te demores tanto con la continuacion
besitos
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Bbra el 29/12/2009, 9:31 pm

Zafrina escribió:

gracias por leer

echaba de menos tus comentarios

sorry por abandonarte tanto tiempo linda a mi tambien me hizo mucha falta mi dosis de anti-robsten pero lo valio la historia esta cada vez mejor
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 31/12/2009, 8:06 pm

gracias!!!!

resulta que ya tengo el nuevo cap. y lo estoy pasando en limpio, pero se me va a hace muy largo, asi que lo voy a dividir en dos cap.

paciencia, si'????

y el sig cap. ya lo estoy escribieendo
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Bbra el 9/1/2010, 11:05 pm

huyyy kate por fis apurate ya estoy hasta la coronilla de robsten

necesito mi antidoto anti-robsten
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 15/1/2010, 6:51 pm

hola barbie!!! bueno, aqui un poquito anti robsten.... pero como se los había dicho hace tiempo, ahora pasamos a un punto de vista distinto.... espero que les guste


*******





Capítulo 18: Hermana Mayor, primera parte; EL TRATO








Hace dos semanas atrás…

Marianne y Jack


—«Debes cuidar a tu hermana, mi hermosa pequeña. ¿Lo entiendes? Desde ahora solo serán tu padre,
ella y tú» —dijo la mujer desde el lecho de su cama con una voz débil; apenas audible—. «¿Me lo prometes?».


—«¿Por qué, mami?» —preguntó la niña asustada—. «¿Y tú dónde estarás?».

—«Eres una niña valiente, Marianne» —seguía diciendo sin responderle—. «Prométeme que lo harás, hija».

—«Te lo prometo, mamá».


El maldito sonido de una sirena, la despertó de golpe de aquel repetitivo sueño en una cama desconocida. A la misma mujer que antes era una niña, a la misma mujer que antes era hija, hermana y mortal.

Usualmente no se quedaba dormida después de una sesión de sexo, pero la última experiencia había sido tan deplorable, que no pudo evitar cerrar los ojos y dejarse llevar en el mundo de sueños odiados.

Hermana…, pensó. Sí, como no. Ella nunca sería la hermana de ella.

Miró junto a ella, y el apuesto y gran deportista yacía exhausto bajo el edredón de la cama de aquel motel en el que habían ido a parar. Era una lástima que tantos músculos no sirvieran para poder entregar todo lo que recibió. Habían sido solo dos orgasmos y el tipo, el cual ni siquiera recordaba su nombre, había caído exhausto sin nada más que entregar. Al parecer, los anabólicos estaban acabando con lo bueno del sexo masculino.

Pero al menos tenía una excelente sangre, pensó evitando la tentación de morderlo de nuevo mientras dormía.

Aún podía ver la mordedura que le había hecho en el cuello ya cicatrizando. A lo mucho, desaparecería en un par de horas para dar paso a un lindo y seductor moretón, pero ella seguía insistiendo: «Nada en comparación a todo lo que recibió».

¡Qué desperdicio!

Marianne se acercó con lentitud hasta su oído para poder hablarle.

—Ey, guapetón —susurraba, pero él no despertaba, en vez de eso seguía roncando con la boca ligeramente abierta, así que decidió que haría todo en breve, sin alargarse; tenía cosas más importantes de las que ocuparse—. Cuando despiertes no recordarás lo que soy —comenzó a decir como lo hacía cada vez que tenía un encuentro—. Te vestirás, te marcharás, y jamás le dirás a alguien que estuviste aquí, lo único que estará en tu memoria será que… —lo pensó y sonrió con complacencia ante sus palabras—… será que tuviste la noche más maravillosa de tu vida.

Podría haber hecho que pensara que estuvo con una prostituta, pero aún tenía su dignidad, aunque a nadie le importara.

Tener sexo con un vampiro era algo que nunca se olvidaba, a menos que utilizaran sus capacidades para interferir, algo a lo que siempre tenían que recurrir cuando veían algo demás, pero era un mal menor teniendo en cuenta todas las ventajas.

—Y no olvides visitar un médico por esos ronquidos —agregó con una ceja alzada, antes de levantarse y recoger su ropa para poder vestirse.

Cuando chequeó la hora en el reloj sobre la mesa de noche, eran solo las dos de la madrugada, pero agradeció que el sonido de la molesta sirena la despertara para poder irse. No hubiese sido agradable esperar más por lo que la televisión le había informado.

Mientras el tipo estaba en el baño hace un par de horas, ella había encendido la televisión esperando encontrar algo interesante, pero ¿qué encontró? La fugaz imagen de su hermana en la pantalla, y la misma que hubiese reconocido en cualquier parte.

Qué irónico era para ella encontrarse con Katherine en la televisión, en un canal de espectáculos, después de no haberla visto en ¿cuánto? ¿Veinte años? Y más encima, con ese actorcito que se creía vampiro. Al parecer, el luto por Thomas ya se había acabado para su hermana…

¿Cómo se atrevía, después de todo lo que les había hecho?

Pero no se saldría con la suya. No mientras Marianne estuviera cerca. Sería fácil apartarla de ese falso vampiro, al igual como lo había hecho con su “amiguita”, Elizabeth. Para ella fue fácil hacerlo, y ni siquiera tuvo que esforzarse con sus dones para que aquella mortal odiara a Katherine y saliera huyendo.

, se dijo mirando fijamente el interior de sus recuerdos, esto también sería fácil.


Marianne se fue a la estación de trenes como los viejos tiempos, y calculó el tiempo que se demoraría en llegar, antes del amanecer, hasta la ciudad en la que Katherine se encontraba. La cacería ya había terminado y había sido buena (evitando el tema del sexo, claro), así que no había más por hacer… en ninguna parte.

Cuando vivías tanto como ella lo había hecho, o cuando habías visto todas las cosas que ella había visto, y a pesar de que el mundo era un tumulto de constantes cambios, simplemente terminaba por aburrirte. Siempre eran las mismas cosas… Aparece algo revolucionario, pero luego se vuelve como todo: repetitivo,
repetitivo, repetitivo.


Cuando llegara nuevamente la fastidiosa noche, iría a dónde la habían visto, y aunque nunca le había sido difícil encontrarla (lo que eso no significaba necesariamente que la hubiese buscado antes), ahora todo se mostraba ante sus ojos.

¿Qué mejor momento que éste para hacerla pagar?

Llegó hasta su nuevo destino cerca de las cinco de la madrugada y se bajó del tren como otro insignificante mortal. Aunque había poca gente a esa hora, no pudo evitar ver lo que ocurría a su alrededor. Abrazos iban y venían, reencuentros, alegría. Madres, hijos, amigos, hermanos…

Nunca esperaría un reencuentro como el de aquellos con su hermana. Para ella Katherine estaba muerta, y no se sorprendería si ella pensaba lo mismo recíprocamente.

—¿A dónde vamos? —le preguntó de pronto Mike, el hombre que había conocido en uno de los vagones del tren, y solo en ese momento se dio cuenta de que él aún seguía a su lado.

—Lo siento, guapo —le habló girando para atrapar su mirada—, pero mi grata compañía solo llega hasta aquí.

Aún faltaba para el amanecer, pero todavía necesitaba dinero y un lugar donde pasar el día, así que se replanteó el hecho de dejar ir a su acompañante tan rápido.

—Aunque pensándolo mejor… —continuó, y tras hablar unos momentos, ambos se fueron a un hotel que él “amablemente” pagaría.

Pasó el día con él, aunque la mayor parte se lo llevó durmiendo después de que Mike le diera “algo” de lo que el otro tipo no había podido, pero por más que quiso disfrutar, sus intentos fueron infructuosos. No podía dejar de pensar en lo que se venía encima, y todo el rencor guardado volvía con más fuerzas.


A mediodía logró que Mike se fuera a dar un paseo por la ciudad, y ella se quedó durmiendo; preparándose para lo que se venía, pero fue antes del atardecer cuando otro sueño volvió a aparecer.




La niña jugaba con una muñeca de risos dorados brillando al sol en el jardín de la inmensa casona colonial, y un hombre joven, de cabellos castaños peinados hacia atrás, se le acercó con paso seguro.


—«Hija, ¿dónde está Annie?» —preguntó mirando a su alrededor, más allá del jardín; más allá de los
altos setos verdes.


—«No sé» —contestó con su vocecilla impregnada por la inocencia, antes que el llanto de otra pequeña
niña se hiciera escuchar.


El hombre corrió alarmado al encuentro de su otro tesoro, y segundos más tarde regresó con una pequeña muñeca de porcelana de dos años con delicados rizos negros, y unos llorosos ojos de un azul tan límpido como el océano.

«Sht» —decía calmando a la pequeña réplica de una muñeca con la ternura que solo un padre podría tener—. «No pasa nada. Solo fue un rasguño» —agregó dándole un beso en la mejilla que hizo sonreír a ambos.

El hombre se dirigió a su otra hija, y su expresión cambió de inmediato de la ternura a la severidad, ante los ojos de una infanta.

—«Deberías poner atención a tu hermana cuando sales al jardín» —la reprendió—. «Eres su hermana mayor y debes cuidarla».

Marianne no respondió, pero se quedó muy quieta pensando, a su corta edad, en todo lo que había
pasado.


Si acaso no fue nada lo que se hizo su hermana, según su padre, ¿por qué la había mirado de ese modo?

Arrojó lejos su muñeca de risos rubios sobre la glorieta, haciéndose añicos en el suelo, y salió corriendo para refugiarse bajo el gran manzano florecido de primavera, con lágrimas recorriendo sus sonrojadas mejillas.



En ese momento Mike entró nuevamente a la oscura habitación del hotel, y de golpe Marianne abrió los ojos con la respiración agitada, y un corazón, que si latiera, estaría palpitando desesperadamente.

Cada vez que se acercaba a su hermana, comenzaban a frecuentar ese tipo de sueños.

—¿Por qué está todo tan oscuro? —se hizo escuchar cuando se dio cuenta de que Marianne lo escuchaba; la bella y misteriosa chica que había conocido en el tren.

Avanzó hasta las ventanas para correr las cortinas y lo que las cubría, pero aún era de día.

—¡NO! —soltó Marianne poniéndose de pie al instante para detener la mano de Mike, quien se espantó con la fuerza del agarre de una mujer, más que por la velocidad con que había llegado hasta él.

A estas alturas, su mente lo asimilaba como si fuera algo normal.

—¡Qué te pasa! —dijo molesto zafándose del agarre de ella—. ¿Estas loca, o qué?

El chico se frotó la mano afectada, pero Marianne optó por ocupar sus capacidades de nuevo para tranquilizarlo, y que así no hiciera un escándalo antes de tiempo.

—Deja la oscuridad —susurró acercándose con suavidad y con una provocadora sonrisa—. Me gusta.

Llevó su mano a la entrepierna de Mike que comenzaba a reaccionar de inmediato ante sus caricias, y eso fue suficiente para ella. Podían pasar cien años, o cien siglos, pero a los hombres seguirías convenciéndolos de lo que quisieras de la misma manera: con sexo.

—¿No lo prefieres así? —continuo susurrándole cerca del cuello, acariciando sus
labios en él.






—A-a
decir verdad… está perfecto —contestó Mike, sintiendo que el calor comenzaba a
subir rápidamente, dando paso a lo que él buscaba y necesitaba, pero a lo que
Marianne acudía solo por diversión y placer.






Un
largo rato después de que hubiesen concluido con sus juegos, Mike se paseaba de
un lado a otro en la habitación, y Marianne podía percibir la confusión que
sentía.






Tal vez tantas veces de
interferir en su mente podrían causarle un daño en el cerebro
, pensó con
despreocupación, y luego sonrió por lo estúpido que sonaba. Como si fuera a
importarle lo que le pasara a un humano.






Tras
otra vuelta, vio como se detenía, tomaba el control remoto del televisor y lo
encendía, comenzando a pasar de canal en canal como si buscara algo que ni él
sabía.






Marianne
pensó que la escena que veía era cómica por unos momentos, pero la imagen de
Robert Pattinson, el mismo con el que había estado su hermana, apareció en la
pantalla llamando toda su atención, dejando todo lo demás de lado.






—¡Déjala
allí! —le ordenó enervándose de un salto para acercarse más a la televisión.






—No
me digas que tú también estás loquita por él —soltó Mike despectivamente, pero
notándose más normal—. Mis amigas babean por ese tipo, pero yo no sé qué…






—Silencio
—soltó para poder poner su máxima atención.






Todo
lo que saliera sobre él en esos momentos, le serviría para encontrar a esa
bastarda.






Lo
que ocurrió a continuación fue aún más irónico de lo que había estado sucediendo
hasta ese momento. Tras fotos que ya había visto el día anterior, aparecieron
imágenes en vivo (según el enunciado) de donde se suponía que estaba viviendo
la supuesta novia de aquel actorcito, su propia hermana.






Sonrió
con deleite y diversión por todo lo que veía. Decir que era simple curso del
destino era mucho, ¿pero qué otra cosa podría ser? Ya conocía esta ciudad al
revés y al derecho, porque ya había estado antes en ella, y también sabía en
dónde se ubicaba esa casona.






Sería
fácil. Todo hablaba a su favor.









Tiempo
más tarde abandonaba a Mike, haciendo que el afectado creyera una de sus tantas
historias antes que la verdad, disponiendo también el salir del hotel en busca
de su desagravio, para lo cual tomó un taxi que la llevaría a la vieja casona
del lado norte de la ciudad.






Mientras
avanzaban, el taxista no dejaba de mirarla por el espejo retrovisor, pero por
primera vez desde que salió al mundo, ella no era consciente de lo que sucedía.
Solo se limitaba a mirar por la ventana sin percatarse de cómo las luces
brillantes de la ciudad de noche dibujaban figuras surrealistas con su halo a
medida que avanzaban, ya que recuerdos antiguos seguían amenazándola con
torturar su mente. Aún sentía el mismo rencor, rabia y desdicha de hace diez o cien
años. Pero por sobre todo, culpaba a una sola persona; la culpaba a ella.






Mejor
hubiese sido estar solo sus padres y ella, y sin nadie más. Desde que nació que
se dedicó a arruinar y destruir a su familia. Si no fuera por ella, su madre no
hubiera muerto, su padre hubiera sido un hombre feliz, y ella hubiese tenido en
su tiempo al hombre que quería, y no a tipos como Mike cada noche por medio, o
a veces todas las noches por aburrimiento. Pero ahora estaba condenada a vivir
entre sombras, y también era por culpa de Katherine.






Cuando
llegaron a la dirección indicada, Marianne volvió a reaccionar y se bajó del
vehículo sin siquiera flirtear con el tipo, como acostumbraba a hacerlo. Solo
se detuvo a mirar y analizar el lugar, descubriendo que todo seguía absolutamente
igual a como lo recordaba… O casi igual. Había pintura más reciente y la verja
estaba en mejor estado que la última vez, pero todos eran detalles
insustanciales, ya que a su vez, se dio cuenta de que no había nada de prensa
como lo había pensado. Ni una sola alma quedaba de dónde se supone había un
verdadero show. El lugar estaba vacío y de inmediato sintió una ola de
desilusión consentida, ya que no podría delatarla frente a todo el mundo como
lo quería. La venganza tendría que esperar.






Y bueno, ¿qué más serían
unos días en comparación a décadas?
, pensó.






Se
paseó por el lugar y dejó que sus sentidos desarrollados hicieran lo suyo.
Escuchaba risas y conversaciones insignificantes a su alrededor, proveniente de
las casas contiguas que no le llamaron en lo más mínimo la atención, pero
pronto notó un familiar efluvio que inundó no solo sus sentidos, sino que
también su memoria, activando lo que no quería aceptar; la cercanía que iba más
allá de una relación familiar, la cercanía que le recordaba a las tardes
escuchándola tocar el violín de niñas, corriendo por la playa a la que su padre
las llevaba, y también escuchándolo a él mismo cuando les leía antes de dormir.






Eran
sentimientos encontrados, pero a la vez quiso que desaparecieran. No quería recordar
sentimentalismos tontos que aquí no tenían cabida. Prefirió pensar que solo era
el mismo y conocido aroma dulzón que le decía que allí estaba; que la había
encontrado otra vez, o mejor dicho, que el destino se la había presentado
nuevamente.






No
sabía qué hacer primero, estando a un paso de verla frente a frente. Pensó en
enfrentarla de una vez por todas y terminar de una buena vez, pero de pronto,
entre los matorrales que había junto a la alambrada que daba a un sitio eriazo,
vio a un hombre agazapado esperando por algo impacientemente. Era de tez
bronceada y de cabello negro, con unos ojos oscuros, misteriosos y astutos. Era
guapo, bastante a su parecer… aunque demasiado para la percepción hacia un
humano.






Decidió
dejar de lado esa imagen, ya que él solo era la comida, y luego se percató de
que aquel hombre tenía una cámara fotográfica, por lo que en resumidas cuentas,
estaba más que claro lo que ese hombre era, y fue él mismo quien le hizo
cambiar de opinión. En vez de actuar de pronto, como se lo había planteado,
decidió que sería mejor esperar; esperar a ver qué sucedía.






Sabía
que su hermana estaba adentro, y podía sentir en todo el ser de aquel extraño y
apuesto mortal, que según sus emociones, él estaba esperando algo. Se sentía
inquieto, y la emoción por un triunfo lo inundaba por completo, lo que según
los augurios que recorrían la mente de Marianne, sería mejor esperar.






El
destino le estaba formando un camino, y ella lo iba a tomar sin preocuparse de
tomar atajos. Iba a ir lento, pero seguro. Tomaría cualquier indicio que le
jugara a su favor y luego barajaría todas sus cartas. Tenía un haz bajo la
manda, y solo tenía que saber cómo y dónde usarlo. Pero eso solo el tiempo se
lo diría.






Y
el tiempo no fue mucho. Minutos después, mientras se entretenía degustando su
visión con el mortal, escuchó como algo se abría en lo alto. Al ponerse en
alerta, se dio cuenta que el sonido provenía del tercer piso, de una ventana
que se estaba abriendo, y tras observar
la escena con atención, logró ver a un rostro pálido con un perfecto y delicado
fino cabello largo y negro cayendo por sobre sus hombros.






Está igual, pensó con una sonrisa
de burla. Nunca cambia… Y nunca cambiará.






Lo
último se lo dijo más con resentimiento que con otra cosa, y tuvo que contener
las ansias de ir y gritarle como la hermana mayor que era por haber hecho algo
inapropiado.






En
ese momento también se dio cuenta de que no fue la única que se percató, sino
que el guapo mortal también lo había notado, y se había levantado de su escondite
para tener mayor facilidad al tomar la fotografía que tanto había estado
esperando. Comenzaba a enfocar el lente de la cámara para la toma, cuando a
Katherine se le ocurrió saltar en ese mismo momento desde el tercer piso como
si nada, sin percatarse del espectador o “los” espectadores que tenía a su
haber.






¿Cómo podía ser tan
despistada e imprudente?,
se preguntó con un bufido. Se supone que quiere pasar
desapercibida, pero ahí estaba haciendo estupideces, otra vez…






Pero
a ella no le importaría. No estaba allí para eso, y de hecho, le convenía que
todo eso hubiera sucedido, ya que así se ahorraba la lata de unas cuantas
explicaciones a favor de su propósito.






El
hombre, al apenas verla en el suelo a salvo y sin ningún rasguño, dejó caer la
cámara que tenía en las manos por el asombro, la cual quedó colgando de la
correa alrededor su cuello. Estaba a punto de abrir la boca como un completo
bobo, cuando Marianne vio como su hermana se apresuró al reaccionar al
percatarse de que la habían visto, y sonrió al ver como el pánico se apoderaba
de su hermana.






>>—Tú
no has visto nada y ahora te irás —escuchó como decía mirando fijamente al
mortal, que aturdido, le hizo caso y comenzó a caminar alejándose lentamente.






Marianne
observó toda la escena desde las sombras, y a pesar de la distancia a la que
estaba, se percató de que su hermana no tenía idea de qué era lo que acababa de
hacer, porque la confusión que sentía desde ella, llegaba a ser incluso más
fuerte que la de la expresión de su rostro.






Tan
rápido como el hombre se alejó, vio que Katherine comenzó a hacer lo mismo, y
ella se quedó de pie en las sombras observando sin hacer nada, sorprendida a la
vez de que la que por desgracia era su hermana, tuviera algún tipo de don
desarrollado que significaba que había abandonado su voto de abstinencia; su
auto prohibición de humanos.






Dejó
que Katherine se fuera, ya que después podría seguirle el rastro tan fácilmente
como la había encontrado, y se dedicó a seguir al aturdido fotógrafo ante la
repentina y acertada idea de que él podría servir en su propósito.






Él
caminó por la orilla de la calle ignorando vehículos que hacían sonar sus
cláxones, y por un momento ella se preguntó qué estaría pasando por esa cabeza
ahora. No parecía reaccionar, y por más que intentaba percibir sus emociones,
no había nada además que un repentino vacío circular, como si sus emociones, de
momento, fueran una réplica de un particular sonido blanco.






El
hombre siguió caminando del mismo modo, pero de pronto se detuvo y su mente
reaccionó en un chispazo, como si se hubiese sintonizado en el dial correcto.
Miró a su alrededor, pero ya había llegado a un tramo en el que no había
absolutamente ni una sola alma a varios metros a la redonda, y su confusión
atrajo a Marianne.






Ella
salió de entre las sombras, y se paró de frente a su mirada perdida que ya
pasaba a una expresión de sorpresa y admiración por su repentina aparición,
pero aún así, con cautela y cierto miedo sumamente reservado. Aunque a ella,
obviamente, no se lo podía ocultar.






Marianne
sonrió mientras se le acercaba para encararlo, dejándolo embobado por su
belleza y su piel tan blanca como la porcelana; tan blanca como alguien que
había visto hace poco, pero no podía recordar dónde, y aquello daba paso a su
confusión.






Cuando
ella estuvo a menos de un metro de distancia, el hombre retrocedió intimidado
mientras Marianne lo flanqueaba, mirándolo de pies a cabeza, y encantada por
tal perfección humana. La ropa moderna resaltaba su tonificado cuerpo, y no
pudo evitar sonreír cuando tuvo una
perfecta visión de su espalda, y con admiración y diversión, pensó que él tenía
un culo sexy.






Absorbió
el aroma a loción mezclado con la esencia de su piel con agrado, pero ella
venía a otra cosa.






—¿Q-quién
eres tú? —balbuceó el apuesto hombre con los nervios a flor de piel,
despertando en él, la fascinación de lo que ella tanto deseaba.






Siguió
observándolo, pero no respondió, y su intensa mirada amenazaba con traspasarlo
y romper sus defensas.






De
momento, ella sabía que él no recordaba lo que le había sucedido, pero sabía
que si seguía distrayéndose de esa manera, tampoco lo iba a recordar pronto.






—¿Qué
quieres? —insistió, esta vez con la voz un poco más firme.






—Qué
gentil y educado, mi buen hombre —se burló con ironía, haciéndose escuchar por
entre el tranquilo silencio de la noche, y recordando con nostalgia los modales
que antes tenían los hombres frente a una mujer—. Al parecer, los años van
carcomiendo la elegancia del sexo masculino. ¡Qué lástima! —agregó haciendo un
florido movimiento con su mano derecha, pero a la vez aquel movimiento, en
conjunción con la luz de las farolas de la calle, sacó destellos brillantes de
un anillo en particular en su mano; un anillo que por más que fuera especial,
le recordaba de nuevo la relación que tenía con la propietaria del otro
ejemplar; sin contar a su padre, que ya estaba muerto.






El
hombre alzó una ceja confundido sin percatarse del repentino flash, tanto por
su manera de hablar, como por lo que había sucedido antes, y con gracia le
siguió el juego, sorprendiéndose al mismo tiempo de lo que estaba haciendo.






—Mis
disculpas, bella dama —le dijo haciendo una reverencia, y esta vez ella también
se sorprendió por la gracia innata del hombre, a pesar de que tenía una laguna
mental en su mente—. Mi nombre es Jackson Orwell, pero puedes llamarme Jack.






Tomó
su mano derecha y rozó sus labios en el dorso de su mano, enviando una
corriente eléctrica por su brazo.






—¿Me
haría el honor de conocer su nombre, bella dama? —preguntó sonriendo, con la
galantería de todo un don Juan.






—En
realidad, no —le respondió Marianne sin prestarle importancia, provocando que
la expresión de Jack se desencajara de la sonrisa que le dedicaba—. ¿Te
gustaría caminar? —sugirió tomando su brazo para guiarlo con ella, y con un
poco de su toque, Jack aceptó sin decir una palabra.






Caminaron
por minutos de incomprensible silencio, y Marianne sonreía cada vez más
complacida por lo que causaba mientras avanzaban. Después de un rato,
finalmente ella decidió que era mejor comenzar.






—Jack,
¿recuerdas dónde estabas? —le preguntó logrando que su acompañante se detuviera
de pronto.






—¿“Dónde
estaba”? —balbuceó mirando a la nada, ajeno a la extraña situación; ajeno a su
galantería y a su realidad.






—¿Qué
es lo último que recuerdas? —continuó notando el esfuerzo que él hacía por
recordar.






—Yo-yo…
estaba trabajando —dijo con dificultad y Marianne tomó su brazo para continuar
caminando, llevándoselo contigo.






—¿En
qué trabajas? —preguntó, aunque para ella era más que obvio que Jack era uno de
los nuevos caza recompensas del medio, e incluso podría ser él quien tomó las
fotos que ella vio en la televisión.






—Soy
fotógrafo —contestó en voz baja.






—¿Qué
estabas haciendo hace un rato? ¿Lo recuerdas? —insistió, y él tuvo que hacer
grandes esfuerzos por tratar de que su mente se aclarara.






Iban
caminando como si fueran un par de amigos que se conocían de toda la vida, a
pesar de que acababan de verse por primera vez hace solo unos momentos, y todo
gracias al don innato y desarrollado que ella poseía, resultando verdaderamente
fascinante. Él le respondía todo lo que ella quería.






—Fui
a trabajar, y estuve esperando afuera de una casona para poder tomar una
fotografía —comenzó a decir, pero luego se detuvo recordando que había algo más
en la sensación de familiaridad con Marianne, y eso ella lo pudo sentir en el
instante.






Era
el momento preciso. Marianne lo hizo detenerse y lo guió para que se sentara
junto a ella en una banca al lado de la vereda.






—Escúchame
—le dijo tomando su rostro entre sus manos para observarlo fijamente,
deleitándose al mismo tiempo de su mirada temerosa y de la increíble calidez de
su piel—. Tú estabas trabajando y tu memoria solo llega hasta ahí, pero ahora
no hay nada que puedas olvidar —continuó viendo como sus palabras dichas con
cautela en conjunción a su toque personal, comenzaban a hacer efecto en la
mente de Jack—. Ahora, recuerda —agregó, y su última palabra caló hondo en la
mente de Jack.






Había
sido sencillo romper el efecto de su hermana en él, lo que también le decía que
seguía siendo débil, y que quizás en una lucha, ella perfectamente podría
derrotarla. Pero también estaba el importante punto de que no se ensuciaría las
manos al saber que alguien más podría hacerlo por ella, o que incluso todavía
se quería dar tiempo para disfrutar del show.






Jack
se soltó de su delicado agarre y se puso de pie mirando a su alrededor.






—¡La
mujer! —soltó sorprendido en un efecto retardado, y su mirada se detuvo de
pronto en Marianne para hablarle—. Ella saltó de la ventana y no le sucedió nada.
Ella…






—Sht
—lo hizo callar antes de que siguiera balbuceando. Nunca fue buena para
soportar ese tipo de escenas—. Yo te lo puedo explicar todo.






—¿Dónde
estoy? —le preguntó.






Marianne
miró a su alrededor y frunció el ceño con sutileza.






—Buena
pregunta, pero después lo solucionaremos —respondió poniéndose de pie para
quedar a su altura.






Tanta
cercanía entre ellos, aumentó el miedo en él al ver que la piel tan blanca de
aquella mujer, se parecía a la de la mujer que había ido a ver; la misma que
vio saltar de un tercer piso. Estaba seguro de que había una especial
familiaridad.






—¿Quién
eres? —preguntó dando un paso atrás.






—¿Estás
bien? ¿No hay daño cerebral? —bromeó alzando una mano para tocar su cabeza,
pero él se aparto de inmediato recordando
que incluso había flirteado con ella—. Mi nombre es Marianne y estoy
aquí para ayudarte —continuó ignorando su repentina hostilidad.






—¿Ayudarme?
—repitió abriendo los ojos más confundidos que antes.






Si
Marianne pudiera hacer un gráfico con el nivel de desconcierto de Jack, el cual
equivaliera a sus ingresos monetarios diarios, ahora sería millonaria; de eso
no le cabía duda. Pero aunque no tuviera ingresos monetarios, podría divertirse
bastante con él.






—Así
es. Estoy aquí para ayudarte, y a la vez, proponerte un trato que nos
beneficiaría a ambos —le contó, notando como llamaba su atención en breve, al
darse cuenta que era algo que le beneficiaría.






Era
un hombre astuto.






—Resulta
que tú quieres conseguir algo de esa mujer que acechabas —dijo dando justo en el
cabo según la emoción de Jack, pero él la interrumpió.






—¡Yo
no la acechaba!






—Como
sea —dijo Marianne enarcando una ceja—. El asunto es que yo puedo ayudarte a
conseguirlo, pero siempre y cuando hagas algo por mí.






—Yo
no necesito ayuda para conseguir lo que quiero —soltó volviendo a la calma.






—¿Seguro?
—le preguntó con incredulidad—. ¿Quieres volver a salir de allí sin recordar
nada?






—Espera.
¿Tú cómo…? Tú… ¿Viste lo que hizo? —se alteró de pronto, pero más con
admiración que otra cosa—. Eso es…






—¿Increíble?
Lo sé —lo interrumpió un poco molesta por la fascinación de él—. Resulta que
ella puede hacer eso y más.






—Pero…
¿cómo?






—Fácil
—respondió cruzándose de brazos—. Es un vampiro.






Era
increíble como tantas emociones pasaban a la vez por Jack, pero aún así su
expresión se detuvo en una arrogante sonrisa de incredulidad, que hizo pensar a
Marianne que tal vez esto sería más complicado de lo que se lo imaginaba.






—¿Y
tú qué eres? ¿Una bruja? —se burló.






—¿Una
bruja es lo que te parezco? —inquirió molesta por un instante, pero solo fue
hasta ver cómo Jack apremiaba a disculparse.






—¡No!
¡Por supuesto que no! —dijo nervioso—. No fue eso lo que quise decir, es solo
que… —su actitud volvió a cambiar—. Bueno, es solo que… ¿no te das cuenta de lo
ridículo que suena lo que me dices?






Marianne
dio un profundo suspiro.






—Por
supuesto —respondió ya de mejor ánimo—. Pero ella sí es un vampiro, y no es la
única… Somos muchos como ella, aunque mejores —comentó mostrando sutilmente sus
colmillos, haciendo que Jack se estremeciera en un escalofrío y ella riera por
dentro—. Si quieres puedo demostrártelo —sugirió lascivamente.






—¿Qué?
¡No! Yo no… Yo…






—No
importa, de todas maneras no es a eso a lo que vine —lo interrumpió dándose
cuenta que ya no necesitaba de sus capacidades para que él lo estuviera
escuchando, a pesar de el tumulto de emociones que lo embargaban—. ¿Y qué me
dices? ¿Aceptas el trato?






—Yo
solo quiero fotos del actor y de ella, nada más —respondió ignorando el hecho
de que acabara de decirle que era un vampiro.






La
incredulidad de Jack por lo que acababa de escuchar la dejó de lado, y prefirió
anteponer lo que por tanto había trabajado, y esa propuesta le daría algo.






—¿Tú
qué querrías a cambio de ayudarme? —le preguntó por fin.






Bien.
A él no le importaba lo que ella dijera con tal de conseguir su propósito, y
por eso ni siquiera le importó haber perdido una parte de sus recuerdos y luego
haberlos recuperado.






Él era un caso
increíble,
pensó
con diversión.






—Yo
quiero que desenmascares y le muestres al mundo, lo que la chica del actor, de
verdad es —habló sintiendo una pequeña ola de ira contenida—. Que se avergüence
por todo lo que ha hecho, y que ella misma se de cuenta de que debe mirar el
sol por primera vez —concluyó.






Sus
ojos brillaron por el odio que despidió, y aquello heló la sangre de su
acompañante, sintiendo cosquillas desde la punta de los pies a la cabeza. Ya
cuando Marianne se percató de cómo la veía, de inmediato le dirigió una
sonrisa.






—¿Y
cómo se supone que haría lo que quieres? —preguntó mirándola fijamente,
preguntándose por qué había tanto rencor impregnado en sus palabras.






—Simplemente
con decirle al mundo quién es y lo que hizo —le respondió—. Eso sería
suficiente para que hiciera algo.






—Bien,
y suponiendo que fuera un vampiro en realidad —continuó sin querer convencerse
de las palabras que había escuchado—, ¿cómo lo probaría?






—Aún
no me crees —dijo en voz baja tras un suspiro, dándose cuenta de lo que
sentía—. ¿Cómo crees que saltó de siete metros sin ningún rasguño? —le preguntó
con ironía, y causó efectivamente el efecto que quería en él—. Te voy a dar su
nombre, y con lo inteligente que debes ser, tú mismo descubrirías la verdad, y
así mismo te convencerás —lo tentó.






A
Marianne siempre le gustó subir el ego de los hombres, o de cierto modo
tentarlos, pero en este caso sintió que era distinto; sintió que era más un
juego, o incluso un desafío para él.






—De
acuerdo —respondió finalmente—. Habla y yo te escucho.






Caminaron
hasta el departamento de Jack tras encontrar el camino correcto, y allí ella se
dispuso a darle el nombre de su hermana, su fecha de nacimiento y el lugar del
mismo, y le dijo que eso sería suficiente para comenzar. Lo que sí, en ningún
momento le dijo que ella era la hermana mayor de quien querían exponer, ni mucho
menos por qué lo quería hacer.






A
Jack no le importó la falta de información. No preguntó sobre ella, ni de dónde
venía, y mucho menos eso de los vampiros que todavía no se creía. Pensó que tal
vez sería mejor comenzar averiguando acerca de alguna paciente que se escapó de
un hospital psiquiátrico, pero luego se arrepintió por todo lo que le ofrecía.
Con tal de ganar dinero; lo que sea. Y lo que pagarían cuando consiguiera lo
que ella le prometía, sería grandioso.






Marianne
vio la hora y decidió que era mejor marcharse. Aún debía ir a la casona, y
desde allí seguir el rastro de Katherine.






—Ha
sido un placer hacer negocios contigo, Jack —le dijo alzando una mano para
estrechársela.






—Igualmente
—se apresuró a responder antes de que se marchara, y lo que fue más
sorprendente, sin apenas verla.






Estaba frente a algo
grande
,
pensó. Incluso más grande que ir a la
siga de estrellas de cine del momento.









Esta noche Jack tendrá
mucho en qué pensar
,
se dijo Marianne deleitándose con sus pensamientos mientras avanzaba por las
calles como una sombra, hasta que de pronto alcanzó el rastro reciente de su
hermana, incluso antes de llegar a la casona, y lo siguió. Por lo que se pudo
percatar, llevaba bastante tiempo tomando el mismo camino.






Tras
unos minutos, el rastro se detuvo de pronto frente a un edificio enorme junto a
un parque, llegando justo a tiempo para ver como su hermana volvía a saltar de
una ventana, pero esta vez desde un quinto piso, lo que le hizo cuestionarse
con diversión si acaso se había convertido en un ladrón, o algo parecido… O
incluso si en realidad pensaba en querer pasar desapercibida cuando cualquier
mortal podría verla.






Bueno,
no. Podía ser que su hermana aún fuera débil como para identificar a otro de su
especie como ella lo era, pero para identificar a un simple mortal, seguía
siendo fácil.






Gran cosa, pensó.





Katherine
se quedó unos momentos frente al edificio como si esperara algo, así que fueron
otros momentos los que tuvo que esperar hasta que por fin se marchó, y de nuevo
estuvo en la encrucijada de si echar un vistazo al lugar de dónde venía, o
seguirla a ella finalmente.






Decidió
la primera opción. Tal vez hubiera algo interesante.






Subió
con tedio hasta el quinto piso del edificio hasta llegar al balcón de donde
había salido su hermana. Se dio cuenta de que estaba cerrado con llave, así que
tuvo que forzar un poco para que la cerradura cediera. En el interior estaba
oscuro, aunque nada que para ella la cegara, así que se detuvo a observar el
lugar, mientras que de una habitación del mismo departamento, podía escuchar el
correr del agua en la ducha y sus posteriores movimientos. Solo por el tenue
aroma que percibía, se pudo dar cuenta de que su hermana había estado allí en
compañía de un hombre.






Se
detuvo en el balcón a degustar de la brisa nocturna que acariciaba sus brazos, y
además de la vista que era realmente maravillosa, aunque ella estaba segura de
que hubiese sido mejor si pudiese ver un amanecer y no más oscuridad.






Justo
en ese momento la puerta de una habitación se abrió, y una suave voz masculina
le habló.






—Volviste
—dijeron llamando su atención, y por su tono de voz, dedujo que estaba bastante
aliviado—. Me alegra, porque necesitaba decirte unas cuantas cosas —agregó.






Ciertamente
la había confundido con alguien más, y no le cabía duda de que hubiese sido con
su hermana.






Marianne
ignoró aquello y se dio la vuelta para encontrarse con la persona que le había
hablado, y se deleitó bastante ante tal visión.






—Vaya.
¡Chico Cullen! —soltó al percatarse de quién era.






Se
apresuró a encender la luz, porque sentía la incertidumbre aumentar en el chico
vampiro, sobre todo después de hablarle.






Lo
miró de pies a cabeza deteniéndose unos momentos en la pequeña toalla blanca
que le cubría ciertas partes, y realmente se veía mejor en persona que en
fotos. Ya se podía imaginar lo mucho que disfrutaría con ese cuerpo, pero a
pesar de todo aquello, una extraña sensación la invadió al verlo de cerca con
mejor claridad. Aún no sabía qué era, pero el moretón en su cuello la distrajo.
Era una clara marca de que Katherine había vuelto a las viejas andadas.






Cuando
le habló de su hermana llamándola por su apellido, como cuando eran
adolescentes, se sorprendió nuevamente al saber que él no tenía idea de quién
hablaba. En realidad no sabía nada de ella.






Y pensar que había
pensado en sacarle algo de información…,
pensó.
Increíble. Deplorable. Humillante.






Después
de que Robert se fuera a vestir, rápidamente se ubicó frente al sillón que ella
había elegido; un cómodo diván de cuero negro.






Comenzaron
a conversar, y a pesar de que no sentía ninguna pizca de miedo ni incredulidad
de su parte, la curiosidad y la necesidad de saber que sentía de parte de él,
eran extraordinarios. Nunca se había imaginado que un mortal pudiese sentir
esas emociones de esa manera.






A
medida que iban hablando, se dio cuenta de que había dicho muchas cosas, pero
el moretón que Robert tenía en su cuello la volvió a despertar de su plática.






—Creo
que tampoco te imaginas el tiempo que ha pasado sin que haya bebido la sangre
de un humano —le dijo con el refulgir latente en su mirada; con rencor de que
hubiese comenzado a vivir como si fuera libre.






Sintió
que Robert se sobresaltaba antes de comenzar a hablar atropelladamente.






—Ella
lo hace porque no se siente bien tomando algo de alguien sin su consentimiento.






Bien.
Eso era más de lo que se imaginaba.






—¿De
verdad dijo eso? —soltó con incredulidad tras una carcajada al pensar en todo
pasado, y que parecía que por primera vez le hubiese importado.






¿Cómo podía ser tan
cínica?
,
pensó. ¿Era, acaso, un mal chiste?






—Esas
son las ironías de la vida... —dijo recordando todo lo que había pasado estos
últimos días—. Nunca dejan de sorprenderme, si hasta pareciera que cada una es
más irónica que la anterior.






Y
hablando de ironías, se detuvo observando al actor con detenimiento, y aunque
Robert Pattinson era de piel pálida, cabello cobrizo y de ojos verdes, no dejó
de llamarle la atención la familiaridad con otra persona, pero no podía
recordar con quién.






Robert
le siguió preguntando cosas que ella no se molestó en negar. Esa noche había
hablado bastante y ya se estaba acostumbrando a la sensación, pero cuando le
preguntó sobre el anillo que llevaba puesto, ella sintió un leve ápice de celos
en el actor cuando le contó que su hermana estuvo comprometida. Pero además de
eso, recordó algo sumamente importante al respecto.






—¡Thomas!
—exclamó sintiendo como el nombre de su antiguo y turbulento amor, le hacía
hervir la sangre a pesar de la sonrisa que intentaba mantener.






Ironía. Maldita ironía, pensó. Incluso esa
misma pudo ser la razón por la cual su hermana se acercó al actor.
Conociéndola, podrían ser por las cosas más cursis.






A
medida que continuaban, Marianne se deleitaba cada vez más como podía convertir
la pequeña chispa de celos que él tenía, en una enorme llamarada de furia.
Sabía que en ese momento él no la podía comprender totalmente, pero no le
importaba. Mencionar a Thomas había sido un golpe duro a su ego que aumentaba
su enfado. Fueron palabras tras palabras que hacían aumentar su furia a nuevos
niveles.






Esto
estaba resultando fácil, igual que con la amiguita que tenía, Elizabeth. Ahora
solo tenía que hacer que cediera ante ella, y el resto sería pan comido.






Lentamente
se acercó colocando sus manos por sobre su pecho, despertando su nerviosismo.






—Yo
te daría mucho más de lo que ella podría —lo desafió a tan solo unos
centímetros de sus labios, a punto de
probar el motivo por el que su hermana se tomara tantas molestias.






De
pronto el desconcierto rozó su expresión al ver como Robert se resistió ante
ella. Nunca le había sucedido algo así; ni siquiera cuando era mortal y
engatusó a Thomas Delade.






Lo
escrutó con la mirada analizando lo que había sucedido, pero no podía llegar a
ninguna conclusión que le diera una explicación para lo que había sucedido. No
podía ser que fuera porque se estuviera debilitando, ya que había comido solo
unas cuantas horas antes, y tampoco podría decir que fuera porque el actor
fuera más poderoso que ella, porque él ni siquiera era un vampiro; solo era el
alimento, un simple mortal. ¿Cómo podía resistir tal fuerza?






—No
te preocupes, tengo paciencia —dijo finalmente forzando una sonrisa que le
mostrara lo sin cuidado que le tenía su actitud, por mientras que aprovechaba
de rozar su abdomen con delicadeza—. Sé que terminarás cediendo, y cuando
ocurra; esperaré.






Se
despidió depositando un fugaz beso en la comisura de sus labios, que no solo
despertó una repentina lujuria en su víctima, si no que también le hizo sonreír
internamente por lo que estaba consiguiendo. No servía para completar lo que
planeaba, pero al menos era algo, o eso era de lo que intentaba convencerse.






Volvió
nuevamente hasta la ventana para marcharse ante la promesa de que él volvería a
verla de nuevo, y saltó a una solitaria calle que la esperaba para seguir
maquinando su camino, pero no sin la dura ira que sentía en su estómago. El
enfado era constante mientras se alejaba.






¿Cómo
ese mortal pudo haber bloqueado su toque de la manera en que lo hizo? ¿Estaba
perdiendo su don? Al menos había despertado cierto enojo hacia Katherine en él…
Pero no era suficiente, se seguía diciendo, y no podía dejar de compararlo con
su antigua amiga, Elizabeth, o incluso con Thomas cuando era humana. Le había
resultado fácil conseguir lo que quería en ellos, pero él ¿cómo pudo
resistirse?






Pero
no se quedaría así. Marianne no iba a descansar hasta que ella terminara
quedándose sola; hasta que él terminara odiándola. Iba a insistir, aunque por
el momento, debería esperar a que Jack hiciera su trabajo






Volvió
a la casona en donde Katherine se hospedaba, incluso antes que ella misma, y
ocupó una habitación bajo la suya para esperarla. Nadie la molestaría por ese
día, tampoco nadie sospecharía nada, y lo que era aún mejor; desde allí podría
escucharlo todo.






Otra
ventaja de todo lo que era capaz de hacer.





* * * * * * * *





Pronto les subo la otra
parte, ya que salió algo largo…






Espero que les haya
gustado.



Comenten. Dejen sus
post….



Abrazos…

[justify]

por cierto, no se que le paso a la organizacion de las estrofas... estan todas desordenadas y me dio algo de flojera seguir ordenandolas....
espero que no les moleste...

pronto la segunda parte....


ah, y ademas subi un one shot hace tiempo de navidad con los cullen, leanlo si, y me dicen que tal. esta en los one shot, se llama "Una loca navidad con los Cullen"
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Bbra el 17/1/2010, 9:14 pm

q buen cap, aunq sigo sin entender todo el odio de marianne si ella es la zorra manipuladora q le quito el novio a la hermana y su transformacion fue culpa de balthazar

bueno esperare impaciente el siguiente cap kate
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Re: Una Historia Diferente (Fanfiction sobre Rob) (+18)

Mensaje por Zafrina el 28/1/2010, 7:27 pm

gracias barbie, y tanto odio es porque... bueno... mas adelante lo digo...

y bien, ahora les digo que estoy trabajando y llego a casa a las 12 a solamente dormir, estoy muy cansada, pero como hoy sali temprano, subo las segunda parte


******** ********

Capítulo 19: HERMANA MAYOR, 2ª parte; MAQUINACIONES


Marianne y Jack

Pasó el día en una oscura habitación con olor a humedad, y para nada cómoda. Sin lujos, ni electricidad, y reconsideró si tal vez sería mejor buscar otro lugar cerca donde quedarse. El lugar era lamentable, y ni siquiera escuchó algo productivo del tercer piso.

Su hermana se paseó por la habitación, se dio un baño, vio televisión, y luego volvió a salir. Estuvo a punto de seguirla, pero nuevamente una corazonada se lo impidió, y se quedó a esperar.

Tras un par de horas de no hacer nada, y de no escuchar nada interesante alrededor tampoco, el sonido de una puerta abriéndose, y luego pasos que iban subiendo por la escalera, la alertaron. Se levantó y corrió hasta la puerta que daba efectivamente a la escalera que conectaba las tres habitaciones de esa ala, y tras abrir levemente la puerta, logró ver a Pattinson entrando a la habitación de Katherine.

Marianne estuvo de nuevo en la encrucijada de si ir hasta donde él estaba, y terminar ya el trabajo que había comenzado, o mejor esperar hasta que algo más cayera a su sesto.

Finalmente se decidió por la segunda opción; nuevamente esperar.

Paseó de un lado a otro hasta que finalmente la voz de su hermana la sacó de un tedio realmente insoportable. Había estado encerrada en esa habitación desde antes de que amaneciera y estaba llegando a sentir claustrofobia.

Escuchó como discutieron brevemente, lo que le dijo que ya habían hablado de ella y de que estaba de vuelta. Su hermana estaba algo sorprendida de que estuviera viva y de que por primera vez alguien le hubiese hablado de ella, pero a pesar de eso, se dio cuenta de que el actor no le había dicho todo lo que había sucedido en su apartamento, ni tampoco lo que había sentido.

Bueno. Eso también era por algo.

Él le pedía que hablara sobre ella con un interés que Marianne no lograba comprender, y ya que al principio su hermana se rehusaba a hacerlo, la necesidad en él iba aumentando. No había conocido nunca a alguien con tanta preocupación por una persona. ¿Es que acaso no le importaba lo que era?

Cuando Marianne escuchó que Katherine finalmente accedió a hablar, ella se tendió sobre un polvoriento mueble con los brazos cruzados bajo su cabeza preparándose para, después de tanto tiempo, saber algo de ella directamente.

En cuanto, comenzó la dejó petrificada.

>>—Estos son mis padres —escuchó de la voz de su hermana, y pudo imaginarse algo de lo que ella tenía en sus manos para que hablara así—. Mi madre se llamaba Ángela y mi padre se llamaba Arthur —se detuvo un momento, y Marianne tuvo que volver a sentarse mirando el cielo raso, como si así pudiese ver a través de las paredes.

¡Cómo le gustaría poder ver a través de las paredes!

—Y la bebé que sostiene ella, es Marianne, a los dos meses de que naciera —agregó.

¿Estaba escuchando bien? ¿Acaso aún guardaba esos recuerdos? ¿Ella, la misma que había destruido la familia que ahora osaba a pronunciar?

>>—Entonces, este libro fue un obsequio de tu madre para tu padre —escuchó del actor, y aquellas palabras la descolocaron.

También tenía el libro de su padre.

Imágenes fugaces de dos niñas sentadas frente al fuego en invierno, mientras su padre les leía, pasaron por su mente como halos de estrellas.

Risas, alegría… Algo que no había vivido desde hacía muchas décadas.

>>—Así es —continuó, y a estas alturas sentía la ira traducida a una extraña sensación en su garganta—. Mi padre era un apasionado por la literatura; en especial de Poe; entre sus hijas y la vida de negocios que llevaba, claro. Este libro, por ser el último recuerdo de mi madre, él siempre lo cuidó como un tesoro hasta el día de su muerte…

¡Muerte que tú provocaste!, pensó con ira.

No pudo quedarse allí por más tiempo y seguir escuchando lo que aquella extraña tenía que decir. No podía continuar allí como si nada, fingiendo que lo que escuchaba era ajeno a ella, como si solo fuera una película que no quería ver.

Salió de la casona sin preocuparse de que Katherine la pudiera oír, y caminó sin rumbo hasta que el recuerdo de Jack despertó su apetito.

Solo se había alimentado el día anterior, pero no pudo ignorar el hecho de que su boca se hacía agua al recordar su aroma. Tal vez era el hecho de que la rabia que sentía, le hacía necesitar hincar sus colmillos en una piel tersa y masculina, o quizás era simple costumbre. Lo único que sabía, era que necesitaba tenerlo.

Cuando llegó a su departamento él continuaba despierto, y lo pudo ver sentado en una silla móvil frente a un computador portátil, leyendo muy atentamente documentos que ella no le puso atención. Vestía solo un pantalón holgado que seguramente usaba para dormir, dejando a la vista una buena armería de músculos bien marcados y tonificados. Iba descalzo, y usaba unos finísimos anteojos de armazón al aire que le ayudaban a poder ver con la luz de la pantalla, y además le hacían lucir más sexy de lo que era.

Jack no la oyó entrar, pero en cuanto Marianne se ubicó de pie detrás de él, él inmediatamente volteó a mirarla intuyendo que algo pasaba, y su expresión fue de total sorpresa.

—¡Vaya! Creí que no te volvería a ver —exclamó girando en la silla despreocupadamente, como si no fuera consciente de lo que ella era capaz de hacer, sobre todo cuando esa mirada podía decir más de lo que aparentaba.

Marianne no respondió, y en vez de eso su mirada lo traspasó, preguntándose a la vez si alguna vez alguien como Jack se interesaría por ella, o si tan solo existía una persona para ella, como su hermana tenía… aunque ni siquiera se lo mereciera.

Recordaba que él ni siquiera se había interesado por ella más allá de su trato, y tampoco le había preguntado sobre cómo era su vida, cómo se sentía ser como era, y ninguna de las preguntas que Robert insistía en hacerle a su hermana. Lo único que preguntaba, era como atrapar al actor y a Katherine.

¿Es que acaso nunca podría importarle a alguien antes que a su hermana?

—Tendrás que darme más información si quieres destruir a Katherine Jacobs —dijo sin tomarle importancia a su potente mirada—. Por más que he buscado sobre ella, aún no e podido encontrar nada concreto —continuó—. Todas las referencias de ese nombre son simples comentarios, de los que ni siquiera la mitad corresponden a ella… Y solo si es que hay alguno que corresponda.

—Tienes que esforzarte más —soltó sin más con la voz punzante y fría.

—Vamos, nena. Soy solo un fotógrafo con acceso a google —se quejó meciéndose en la silla, mientras jugueteaba con un bolígrafo en sus labios, al tiempo que esbozaba esa arrogante sonrisa que ya había visto antes—. No me puedes pedir lo que haría un federal, o un mago. Tienes que darme más.

Darle más. Cómo quería darle más en ese momento. Lo único que quería era darle una buena lección y olvidar lo que había escuchado. Sentir ese abdomen duro contra ella, y no sentir nada más. Y fue eso mismo lo que la hizo tomar más a en serio sus deseos.

—¿Quieres más? —lo desafió sin apartar su mirada al ignorar sus bromas, y sin esperar a que le respondiera, lo tomó de los hombros atrayéndolo hacia sí misma para luego besarlo exigentemente, entregándose por completo a lo único que era capaz de sentir en esos momentos.

Jack tardó en reaccionar ante la ardiente y exótica boca que lo reclamaba. Ella era hermosa, y él lo sabía, pero por sobre todo, era desafiante, y jamás se imaginó que sería capaz de hacerlo reaccionar de la manera en que lo estaba haciendo.

En ese mismo instante, deseó tenerla por completo a su merced y tocar hasta el último centímetro de su cuerpo.

Se quitó los anteojos con dificultad y se apresuró a tomar a Marianne de su cintura con fuerza, sintiendo como su cuerpo podía tocarla más allá de lo que se veía a simple vista.

Él jamás se preocupó de las relaciones que nunca quiso comenzar, por lo que era un ser libre que vivía y disfrutaba de todo. Solo cuando necesitaba sentir el aroma y la sensación de la piel femenina friccionándose contra la suya, eran los momentos en cuando ocupaba los encantos que lo habían galardonado como un conquistador empedernido cuando estaba en la universidad, y de esa manera, se llevaba a la cama a la mujer que quería para satisfacer sus necesidades.

Pero esto era totalmente distinto.

Desde el primer momento en que la vio, pudo sentir la fuerza sensual y provocativa que la rodeaba; cuando le hablaba, cuando lo miraba, cuando lo tocaba. Parecía que cada momento fuera un momento previo a lo que nunca imaginó que ella le estuviera dando. No es que se sintiera insuficiente, pero sí se sentía intimidado.

Podía sentir su furor en aquellos apremiantes besos que lo dejaban sin aliento, y pronto los envites de sus roces iracundos fueron abriéndose paso desde la excitación, a la lujuria desmesurada que no daba tiempo de pensar con claridad.

Con sus brazos, y sin separar sus labios, la levantó tomando sus piernas para colocarlas una a cada lado de sus caderas. Ya necesitaban embestirla y azotarla contra la cama, como nunca antes lo había sentido. Jadeos profundos y gemidos sordos comenzaban a escucharse por el departamento, impregnando cada pared con una naciente pasión, y aquellos sonidos solo pudieron interrumpirse por el sonido del choque de dos cuerpos en contra de las mismas, acompañándose luego, con el de sus propias ropas cuando cayeron al suelo con suma desesperación.

Se miraron brevemente, cada uno viendo el fuego descomunal en los ojos del otro, y luego volvieron a besarse, sintiendo como un tumulto de pensamientos se enredaban con el repentino deseo.

Marianne convirtió toda la ira que había sentido hace un momento, y las calientes caricias desenfrenadas que recorrían su cuerpo, parecían ser un consuelo para ella, pero a la vez una tortura; la misma que le decía que nunca podría volver a sentir como era estar viva, y sentir el deseo y la lujuria sin la necesidad de beber la sangre de alguien, como en ese momento lo sentía cuando raspaba sus colmillos contra su cuello.

Jack, por su parte, no dejaba de pensar en que esto no era solo uno de sus tantos encuentros casuales, y el sabor de esa mujer lo único que hacía era volverlo loco; casi tanto como el hecho de que no decía ni una palabra. La seducción que lo tentaba, también era peligrosa, y percibía, aunque aún no se pudiese convencer del todo, de que cada beso y cada furioso ronce entre ambos, era un incesante jugueteo con la muerte para él.

Olvidaron su trato, que era solo obtener lo que cada uno quería, aunque esto perfectamente podría considerase un buen ejemplo de lo que cada uno quería. Olvidaron preguntas, olvidaron pasado, olvidaron futuro, lo olvidaron todo, y solo recordaban aprovechar el momento como si fuera el último.

Jack levantó el cuerpo de Marianne entre sus brazos nuevamente, sintiendo que de momentos estaba algo frío, pero esta vez se dejó caer con ella en la superficie de su cama, prometiéndose que la haría entrar en calor.

Masajeó sus pechos con rudeza y delicadeza a la vez, mientras que al mismo tiempo mordisqueaba sus pezones duros por la excitación, sintiendo como su cuerpo se movía bajo el suyo. Recorrió cada centímetro de su cuerpo con sus manos, llegando a la altura de su trasero en donde con ímpetu, atrajo su pelvis hacia sí mismo.

Marianne acariciaba su cuello rozando sus dedos por todas partes, deslizándolos por su espalda, bajándolos firmemente, con cuidado de no clavar sus uñas en su piel, sobre todo cuando lo sentía mordisquear la suya con tanta destreza.

Las manos de Jack comenzaron a bajar con lentitud por su cuerpo. Sus dedos rozaron su centro húmedo, deleitándose de lo que había provocado en ella.

Estaba lista para recibirlo.

Después de acariciar su sexo unos momentos más, aprovechándose de los ardientes sonidos que salían de sus labios ligeramente entreabiertos, deslizó su mano y sujetó su pierna para levantarla levemente, dejándole libre acceso para deleitarse con el cuerpo que deseó, mientras que con la otra guiaba su miembro hinchado dentro de sus más íntimas, húmedas, y calientes profundidades.

Era increíble como su temperatura se pudo haber elevando tanto y tan rápido cuando sintió su miembro duro e incandescente entrar con lentitud y fuerza a través de su cuerpo. No había comparación a nada, y solo pudo arquear su espalda hacia él por la nueva ola de vida que acababa de recibir, dejándose entrever a través de un fuerte pero ahogado gemido.

Sus embestidas se volvieron cada vez más salvajes, y sus gemidos salían desde lo más profundo de sus gargantas en cada exhalación, mirándose y desafiándose a poder sostener la mirada.

Jack veía repentinos flashes destellantes en sus ojos, y los cuales le parecieron fascinantes antes de que ella apartara la mirada, y se le acercara atrapando sus labios nuevamente. En un confuso movimiento, Marianne pasó a morder con demasiada fuerza su labio inferior, dejando de inmediato fluir de la herida el excitante líquido rojo que se resistía a probar de él.

Él se sobresaltó por el pequeño dolor, pero no le tomó importancia al haber algo mejor y más importante debajo de él, moviéndose a su ritmo, ahuecando su trasero de una forma increíble que lo hacía querer atravesarla con su miembro, y oírla gritar su nombre.

Pero para ella, el solo hecho de tocar esa sangre, la hizo gemir con más fuerza y desesperación. No lo quería morder, pero no era capaz de ir en contra de sus instintos en ese instante. Buscó su mirada apartándose unos centímetros, y él pudo ver en ella sus labios rojos por un líquido que era suyo.

—¿Todavía no crees en vampiros? —logró decir contra su piel, pero Jack no tuvo tiempo de reaccionar ante sus palabras antes de sentir como los labios de Marianne bajaban hasta la base de su cuello, en donde sus colmillos perforaron la delicada piel, dejando fluir el deleitante néctar.

Jack soltó un quejido de dolor, pero solo fue antes de comenzar a caer en el efecto de lo que estaba viviendo. Sus manos temblaban, y sentía algo extraño que iba desde el pecho recorriéndolo hasta su bajo vientre.

Sus embestidas se hicieron más lentas, pero la intensidad iba aumentando, sintiendo que en cada una, podía tocar un poco más allá de su interior. Sintiendo que con cada envite, llegaba cada vez más cerca de la gloria. Sintiendo que nunca antes se había sentido así con una completa extraña.

Eran casi dos completos extraños que pactaron el bien del otro en su propio beneficio, sin importarle las consecuencias irremediables que pudiesen traer sus actos.

El último gemido fue el más libidinoso que Marianne hubiese escuchado de sus propios labios, y Jack por su parte, no había escuchado canto más excitante que se uniera a la exhalación ronca de un orgasmo y su clímax.

Cada uno tocó lo más alto del otro, y los espasmos experimentados hicieron sonar la quejumbrosa cama.

Jack lanzó su ímpetu en contra de ella, y sintió como los colmillos salían de a poco de su cuello, pero no con dolor, sino que más bien, con deleite, incapaz de creer lo que acababa de vivir. Incluso con diversión, pensó que había conocido el nirvana.

Ella calmó su respiración con dificultad, después de lo que acababa de hacer. Esa sangre tan deseable y tan exquisita, había provocado que por un momento se cuestionara el hecho de matarlo. Era tan embriagadora, que no quería apartar sus labios de su piel y dejar de beber, pero lo consiguió. Tal vez fue el hecho de que él le había dado algo casi tan bueno que se comparara, o tal vez que no quería manchar su expediente, pero apartó sus colmillos de su cuello, y dejó que su cuerpo se deshiciera en respiraciones acompasadas, a la vez que el cuerpo de Jack hacía lo mismo, caliente y sudoroso sobre el de ella.

La explosión de emociones que sentía de él era tan grande, que la confundían, y ni siquiera se percató de que tenía intenciones de hablar.

—Así que, vampira, ¿eh?


Los días de Marianne pasaron entre pesadillas que la llevaban al pasado, risas que Jack le robaba de pronto con sus preguntas, y por sobre todo, largas horas de esperar a Katherine y a su novio.

Bueno, no tantas. Solo eran unos momentos en la habitación del segundo piso o en el patio lateral escuchando, antes de que comenzaran a revolcarse. Realmente le revolvía el estómago y le hervía la sangre.

No era Marianne quien predicaba castidad y profesaba culpa, precisamente. Y ahí la veía a ella, como si nada, y más encima, ni siquiera le daba tiempo para acercarse al actor.

La primera noche después de haberlos escuchado a ambos por primera vez, notó que el actorcito nombraba bastante el nombre de un tal Balthazar, pero su hermana siempre zanjaba el tema dejándolo en jaque.

Balthazar…

Percibió que le temía a ese nombre, y se le ocurrió que tal vez lo podría utilizar en su contra. Ella no sabía de quién se trataba; no lo conocía y recordaba que jamás había escuchado hablar de él antes, ni siquiera cuando estaba por algún tiempo alrededor de Katherine, así que decidió que de eso se encargaría Jack.

Cuando llegó a su departamento, y aunque a veces él también se instalaba afuera de la casona sin que supiera que ella estaba allí, esa noche él estaba durmiendo plácidamente. Se había arrojado sobre la cama a medio vestir y no se había quitado sus anteojos aún. Su ordenador portátil estaba con la tapa baja, pero aún seguía encendido, así que fue hasta la silla que él utilizaba y en la que acostumbraba a mecerse y trasladarse de un lado a otro, y levantó la tapa nuevamente para ver qué estaba haciendo… Solo por simple curiosidad.

No entendía mucho de tecnología, y se sorprendió un poco cuando la pantalla sonó al encenderse. Esa era una gran desventaja de aquellos aparatos: jamás podrías predecir cómo funcionaría, a diferencia de un humano.

Al menos sabía leer.

En la pantalla estaban los primeros indicios de una Katherine Jacobs nacida en 1881 en Nueva Orleans, y su mirada se iluminó de inmediato porque al fin Jack pudo conseguir algo. ¿Cuántas personas con ese nombre podrían existir en ese tiempo tan importantes como para figurar?

—Lo acabo de encontrar —escuchó de pronto a sus espaldas, y también se sorprendió por haberla tomado desprevenida, pero le echó la culpa al estar absorta en el texto que recién había comenzado a leer.

Jack seguía de espaldas recostado en la cama, y se comenzaba a quitar sus anteojos para dejarlos encima de su velador. Tenía el cabello revuelto, bostezaba, y no se veía sorprendido por verla allí.

—Bien, ahora sabes que ella existió —dijo volteándose para verlo de frente, sin evidenciar lo que acababa de suceder, pero también imaginándose y queriendo revolcarse en esa cama nuevamente con él.

—Pero aún no sé si es la misma —refutó sentándose con las piernas cruzadas—. No hay ninguna foto de ella que lo compruebe.

—¿Aún no me crees? —inquirió sorprendida de que quisiese más pruebas, pero él no es estaba hablando de lo mismo.

—Claro que sí te creo, pero si quieres que haga mi parte del trato, necesito algo que le demuestre a los demás que lo que diga es cierto —le explicó—. No creo que quieras acostarte con todo el que dude de tus palabras…

Marianne arqueó una ceja ante su proposición, ya que si eran todos como Jack, no tendría ningún problema en demostrárselo a cada uno.

—¿O si? —agregó haciendo la misma mueca que ella.

—No seas payaso —soltó arrojándole un cojín que estuvo a su alcance, y el cual él esquivó riendo.

Jack se sentó a la orilla de su cama para estar más cerca cuando hablaba, y comenzó a recordar cosas de las que había en el documento abierto en la pantalla de su ordenador portátil; las mismas que pensó antes de quedarse dormido. Sentía curiosidad por algunas cosas que descubrió cuando estuvo investigando, y Marianne se percató de inmediato de lo que sucedía.

—¿Hubo algún problema en lo que averiguaste? —le preguntó de improviso, siendo él el sorprendido ésta vez.

—No —respondió de inmediato—, es solo que me preguntaba… ¿cuál es tu apellido? —agregó.

¿Su apellido? Extraña pregunta para tanta inquietud, y aunque se sintió bien de que se interesara por ella, luego recordó lo que eso podía significar.

—¿Por qué lo preguntas? —inquirió meciéndose en la silla.

Ahora entendía por qué él lo hacía tanto.

—Katherine Jacobs tenía una hermana —respondió con cautela, y sus sospechas fueron fundadas.

Claro. Era por ella. ¿Por qué otra cosa se iba a interesar?

—Ella se llamaba Marianne, al igual que tú —agregó escrutándola con la mirada—. ¿Eres tú? ¿Tú eres aquella Marianne, su hermana mayor?

—Yo no tengo hermanas —soltó de inmediato con recelo, que en otras palabras, Jack lo tradujo como una afirmación a su pregunta.

Ahora, lo que no entendía, era por qué estaba maquinando todo esto en contra de su propia hermana. Es familia, ¿no? Y las familias se protegen entre ellos.

Aunque él nunca tuvo hermanos para comprobarlo, lo sabía, por lo tanto, y sin ponerlo en duda, algo muy grave debió de haber pasado entre ellas para que percibiera tanto odio de parte de Marianne hacia su hermana.

—¿Qué pasó entre ustedes? —preguntó ignorando su respuesta, pero ella no iba a responder, en vez de eso, volteó hacia la pantalla nuevamente para ver con disimulo en dónde la mencionaban.

La información era una recopilación de hechos, y la mayoría era de la misteriosa desaparición de las dos únicas hijas de un importante hacendado de Nueva Orleans: Arthur Jacobs, su padre. Ahí la mencionaban como la segunda desaparición meses después de la de su hermana menor, Katherine.

Tuvo una punzada de dolor en el pecho cuando se enteró más de lo que ella misma se había negado a saber. Cuando se fue de Nueva Orleans, nunca quiso volver a encontrarse con nada que le recordara al pasado, pero Katherine se había encargado de hacer aquello cruzándose en su camino varias veces.

Sintió que Jack insistiría preguntando, pero antes de le diera oportunidad, giró hacia él otra vez para encararlo, sin mostrar lo doloroso que era leer de su padre; aunque fueran un par de líneas.

—Necesito que averigües algo sobre alguien más —dijo finalmente, y no quiso tomar en cuenta la próxima protesta de Jack por ignorarlo.

—¿No me contestarás? —preguntó él.

—Eso no importa, ¿puedes hacer lo que quiero, o no? —exigió, y Jack se dio por vencido aquella vez por averiguar algo más, pero solo esa vez.

Su gen de encontrar lo más oculto de las personas no era algo que pudiera ignorar tal fácilmente, de hecho, por algo había elegido aquella odiada profesión.

—De acuerdo, ¿de qué se trata? —siguió, y Marianne se conformó por dejarlo pasar.

—Se llama Balthazar, y necesito que averigües quién es él —le explicó.

—Eso es muy vano. ¿Hay algún otro dato? —preguntó—. ¿Sabes el montón de personas que existen con ese nombre? Incluso aunque ese nombre sea anticuado.

—Es todo lo que tengo —reconoció—. Necesito saber si alguna vez hubo alguien con ese nombre involucrado con ella, sobre todo últimamente —agregó recordando que era algo que la atemorizaba en el presente, así que no podría ser alguien de hace muchos años, a menos que… a menos que fuera vampiro.

Su rostro se volvió inexpresivo de pronto. No había pensado aún en que pudiera ser uno como ellos, y si era así, sería difícil controlarlo, o imposible, en el caso de que fuera más poderoso que ella, y eso si solo tomaba en cuenta que pudiese encontrarlo antes que ellos. En el caso de que lo lograra, tendría que entrar a usar la persuasión para que la ayudara, pero tampoco sabía qué tipo de relación tendría Balthazar con Katherine, y si querría ayudarla.

Esto se volvía cada vez más complejo.

—¿Recordaste algo más? —le preguntó Jack contemplando su silencio, y solo en ese momento ella pareció volver a reaccionar.

—No. Solo es eso —respondió—. Quiero cualquier referencia a ese nombre en lo que averigües.

—A su orden, jefa —dijo con diversión, y decidió que dejaría las preguntas para otro día; uno no muy lejano.

Marianne se levantó de la silla y decidió que volvería a la casona, ya que aún debía encargarse del actorcito.

—¿Ya te vas? —le preguntó Jack cuando ella se levantó.

Aunque no le extrañó que pronto lo hiciera, mal que mal, ya se había acostumbrado a ese tipo de cosas, y tampoco creía que se sintiera cómoda cando él no dejaría de averiguar qué le había sucedido, y cómo ambas llegaron a convertirse en vampiros, y eso sin mencionar que Marianne le negó que tuviera hermanas.

—¿No quieres jugar un rato conmigo? —sugirió esbozando esa arrogante sonrisa que a ella le gustaba—. Hay unas páginas en internet con ideas bastante interesantes.

Marianne intentó sonreír honestamente por su ofrecimiento, y por unos momentos pensó en su propuesta, imaginando sentirse entre sus brazos nuevamente, pero se contuvo. Aún debía seguir con sus planes por el momento, pero solo para que aquellos lo trazaran a otro aún mayor.

Ahora, Jack la distraería.

—Lo siento, culo sexy —dijo conteniendo una sonrisa por su falsa mueca de ofensa—, pero tengo trabajo que hacer.

—No soy solo un juguete sexual —oyó que dijo cuando salía de allí—, también tengo sentimientos —agregó con cierto dejo de broma al alzar la voz.

En ese momento, en lo más profundo de ella, y aunque no lo quiso reconocer y jamás lo reconocería, quiso que de verdad él hablara en serio.


Marianne llegó a la casona, y esa noche se quedó atrapada en la habitación del segundo piso por esperar a que el actor saliera, ya que éste solo lo hizo hasta después del amanecer.

Eso sucedió por lo menos dos veces más.

Tampoco lo encontraba en su departamento cuando lo iba a buscar apenas se oscurecía, porque como supuso, había salido antes a ver a su hermanita. Al parecer, acordaron que él no saldría cuando el sol se hubiera puesto. Aunque lo que nunca entendió, eso sí, fue si acaso lo hacían por ella, o por el que se llamaba Balthazar.

Después de unas noches, decidió que perdía su tiempo espiándolos. Ya no podía insistir por ese lado, así que optó por seguir de vez en cuando a su hermana cuando salía dejándolo solo.

Hubiera aprovechado esos momentos para abordar al actor, pero sabía que si Katherine se enteraba de que sabía sobre su residencia, todo se pondría más complicado, y no lo dejaría solo ni a sol ni a sombra, restándole las nulas oportunidades que tenía, así que lo que más se repetía en esos momentos en su cabeza era la palabra «paciencia».

Cuando la siguió, reconoció que era bastante aburrido lo que hacía. Eran viajes al bosque, cazas de animales, y luego volvía a la casona en donde el actorcito la esperaba para… bueno, seguir con sus habituales juegos, de los cuales ella no se quedaba atrás, tampoco, ya que cuando se aburrió de seguirla, observarla, y no conseguir nada, terminaba por disfrutar unos momentos que Jack podía entregarle.

Era maravilloso. Más que cualquier otro mortal, y lo mejor de todo, es que no tenía que hacer nada para controlarlo ni inducirlo, porque incluso él mismo la deducía con sus encantos. Y tampoco hablaría, porque si no salió gritando cuando se convenció de lo que era, ¿por qué lo haría ahora? Además que ella no sentía ningún tipo de reacción de su parte que evidenciara una traición, y si es que eso llegara a sucede, solo en ese caso tendría que ocupar sus capacidades con él. Pero de momento, era grato vivir como lo más parecido a un mortal.

Por momentos temía olvidar su verdadero objetivo de estar allí, sobre todo al perderse entre sábanas y el aroma masculino de Jack, pero pronto, él mismo se lo hacía recordar cuando al pasar los días, cada noche le mostraba algo nuevo de sus investigaciones, aunque nunca supo quién era ese tal Balthazar que ya ni siquiera mencionaban.

Las sonrisas que Jack le dirigía, o a veces esas divertidas miradas después de tener sexo eran las que la perturbaban, y que a la vez le hacían temer que el fotógrafo le gustara demasiado; más de lo permitido.

Los días que lo conoció, descubrió que era inteligente, divertido, un verdadero galán, y ambicioso… Eso la aterró. No podía dejar que eso pasara. Tenía que volver a encontrar su norte.

Esa noche, en que aquellos pensamientos la amenazaban, salió molesta del departamento ignorando las preguntas que Jack le hacía. Esa misma tarde él había traído una revista de espectáculos de la semana anterior, y se la entregó para que la viera. Tenía la foto en donde salía el actor y su hermana, la que ella había visto en la televisión. La misma que él había tomado, y por la cual le habían pagado bastante dinero

Molesta por lo que le seguía viendo, la guardó en el cinturón de su pantalón y se encaminó a la casona, decidida a hacer algo. Decidida a obligarse a seguir con su plan, pero antes de llegar a su destino, vio desde lejos que Katherine salía a toda prisa de la ventana de su habitación.

La siguió. Era por ella por quien había venido. Y era por ella que Marianne estaba furiosa con una revista en su cinto como si fuera una espada.

Llegaron hasta el bosque nuevamente, y la vio comer.

¡Puaj! Sangre de venado. Completamente repulsivo.

El bosque estaba en total silencio, y supuso que era por la presencia de ambas, pero en ese momento se percató de que Katherine se había inquietado por algo. Tal vez la había sentido.

Extraño, porque nunca antes se había percatado de ella rondando cerca.

Vio como se detenía en medio de la nada, y comenzaba a mirar a su alrededor con la ansiedad y el miedo a flor de piel. Esas impresiones eran tan grandes, que por un momento pudo sentir cierto grado de ansiedad de su parte.

Estaba comenzando a caer en ese mismo efecto de alerta a su alrededor, pero para no caer en él, decidió que saldría de las sombras.

—Toc-Toc —soltó como cuando jugaban siendo niñas, y Katherine la pudo reconocer de inmediato.

Sintió tantas emociones de su parte en ese momento. Sorpresa, miedo, y varias otras que ella ni siquiera conocía, pero todas aquellas se quedaron en la alegría cuando sus ojos se encontraron con los de ella, y sus labios dijeron su nombre.

Katherine se acercó a ella con claras intensiones de abrazarla, pero su ira era tan grande al verla, que solo se apartó algunos pasos de su alcance.

—También es un gusto verte —espetó con sarcasmo y de manera desafiante, con su mirada fija en la de ella, esperando que cometiera algún error.

Sentía su mirada escrutándola de pies a cabeza, y se percató de un extraño brillo en sus ojos que no podía reconocer bien, pero aquello se interrumpió cuando sintió la ola de culpabilidad que emanaba de ella. Al menos, era consciente de lo que le había hecho.

—No me digas que ahora te alimentas de animales teniendo a un bombón a tu lado —soltó acercándose un poco, pero el mencionar aquello no pareció causarle el efecto que ella esperaba. Es más, seguía pensando en otra cosa.

—¿Por qué estás aquí, ahora? —le preguntó—. Se supone que nunca antes habías querido acercarte. ¿Por qué ahora?

Al parecer, su novio le había hablado de ella. Pero ¿le habrá dicho todo?

Quiso averiguarlo.

—Veo que el “chico Cullen” no se ha reservado nada —comentó rodando los ojos, pero no pudo evitar jactarse de lo evidente—, ¿o si? —agregó.

—¿Qué quieres decir?

Era obvio que no entendía.

—Veo que no —agregó sonriendo con ironía—. Pero ¿no te hace feliz verme después de tanto tiempo?

Ahora percibía la cautela de ella ante su persona, lo que le decía que comenzaría a actuar de la misma manera.

Su brillo en los ojos no cambiaba, y en ese momento, en el cual ya nada la podía desenfocar de su propósito, se percató del motivo de aquel efecto, porque aunque tuviera los ojos de un azul intenso, aquel refulgir no era normal como cuando uno se alimentaba, o cuando estaba excitado. Eso ya lo había visto antes; estaba enamorada.

Esto se pondría cada vez mejor

—Te he visto muchas veces antes, para saber que no es algo normal —le dijo tras hablar unos momentos, moviéndose alrededor de Katherine, disfrutando como la acechaba—. Ese mortal debe ser muy importante para ti, como para ir a su departamento y salir con él arriesgándote a que pudieran descubrir la mierda que eres. Además, el brillo en tus ojos aparece solo en los vampiros cuando están enamorados. ¿Lo estás, o me equivoco?

Marianne se dio cuenta de que Katherine no tenía idea de lo que decía, y la incertidumbre fluctuaba en hablar o mantenerse en silencio.

Le habló, pero solo eran preguntas que a ella no le interesaban, sobre todo cuando comenzó a disculparse como antes lo había intentado hacer. Era realmente lamentable. Tanto, que le provocó soltar una risa carente de emoción más allá del rencor.

¿Acaso se trataba de autocompasión?

—Aún así ya te cansaste de ser odiada —le dijo ante sus inútiles disculpas—, de pasar tu eterna existencia disolviéndote entre tu patético arrepentimiento por lo que me hiciste.

Y no solo lo que le había hecho a ella, sino que también a los que ella quería.

La atacó con palabras que una venganza justificaría la crueldad de ver aquel golpe bajo en ella.

—Marianne, por favor —decía de todas formas—. No sigas. Termina.

—¿Terminar? —repitió son una sonrisa sin inmutarse por nada, disfrutando cada segundo de aquella mirada agónica.

Todavía tenía el anillo que era de Thomas, el que se supone que debía haber sido para ella, y no iba a desperdiciar lo que aquello podía entregarle.

—Esto recién está comenzando —agregó apretando sus puños—. ¿Sabes por qué se suicidó tu querido Thomas?

Y ¡bang! Ahí comenzaba de nuevo. Atacándola para saborear su culpa.

—¿De verdad creías que él se había suicidado porque pensaba que tú no lo querías? —se burló recordando lo cobarde que había sido Thomas cuando Katherine fue hasta su habitación el día de su cumpleaños, pero también recordando que por lo estúpido que había sido, se suicidó-

—Tú me lo dijiste —habló confundida

—Bueno, es cierto —comentó regodeándose—, pero no esperarías que te dijera la verdad cuando yo creía que estabas viva, ¿o si?

Aún recordaba lo que le había dicho la primera vez que la vio de nuevo.

—¿La verdad? —repitió frunciendo el ceño.

—Así es —comenzó con el mismo semblante—. ¿Recuerdas la mañana de mi cumpleaños, antes de que desaparecieras?

Vio como su expresión la hacía recordar, y se preguntaba qué tanto podía hacerlo al ser tan tonta que hasta Meme, la sirvienta, lo sabía y ella no.

—Lo recuerdo —contestó finalmente.

—¡Perfecto! —soltó sonriendo—. Digamos que Thomas me estaba dando su propio regalo de cumpleaños.

La impresión cayó encima sobre ella, y le provocó reír. Si todo lo que sucedió no hubiera sucedido, ella estaba segura de que las cosas podrían haber sido iguales, y ella nunca se enteraría.

—Él se iba a casar conmigo… —balbuceó mirando a la nada, afectada por lo que le acababa de decir, pero también recordándole cómo sucedía todo.

Él no amaba a Katherine, y ella lo sabía, pero aún así prefería casarse con ella porque era la mano que su padre le había ofrecido, además que ellos se conocieron después de que volviera de vacaciones.

Pero ¿por qué no arrepentirse?

Por simple ambición. Por conseguir sus propósitos.


>>—Thomas, ¿tú me amas? —recordó como le había preguntado una noche en que él se había escabullido hasta su habitación.

>>—Por supuesto que sí, preciosura —le respondió el apuesto hombre desnudo junto a ella en su cama—. Nadie podría hacer lo que tú haces.

>>—Si es así, ¿por qué no la dejas y te casas conmigo? —preguntó como otras veces, recostándose en su pecho—. Yo soy todo lo que necesitas.

>>—Ya hemos hablado antes de eso, Marianne —le contestó evitando su mirada—. ¿Sabes lo que haría tu padre si dejo a Katherine por ti? Jamás lo permitiría.

>>—Pero no nos hace falta. Podríamos huir solos, tú y yo —insistió observándolo esos oscuros ojos que la habían hipnotizado desde el primer momento, buscando su amor.

Pero lo que encontró en ellos, fue algo que no le hubiese gustado saber.

>>—¿Estás loca? —lanzó apartándose de su abrazo para ponerse de pie.

Le dio la espalda y comenzó a vestirse.

>>—Perdería todo lo que he conseguido hasta ahora —dijo abrochando sus pantalones—. Adiós a mi apellido. Adiós dinero. Adiós todo —concluyó encarándola.

Aún así, nunca logró obtener nada.


Al recordar todo aquello, inconscientemente también se cuestionó si esa ambición era la misma que percibía en Jack.

—No me lo recuerdes —soltó disgustada—. Siempre le convino casarse contigo antes que conmigo, además que nuestro padre ofreció tu mano, no la mía, y no iba a negar la oportunidad que le daban. Debo reconocer que era bastante interesado —reconoció antes de que una idea asaltara su mente inundada de rencor—, pero que fuera un buen amante lo compensaba todo. ¿Por qué creerías que se enamoraría de una simple niñita como tú?

Otro asalto, y se seguía aprovechando de Katherine. Sabía que los recuerdos eran los que más la torturaban.

—Yo era una mujer y eso era lo que él quería —continuó burlándose—, y definitivamente nada ha cambiado —y ahí tenía una carta bajo la manga—. Solo que ya no es Thomas, ahora es ese actorcito, ¿cómo se llama? —se detuvo al ver una fracción de segundo su reacción—. ¿Robert?

De inmediato vio como sus ojos llamearon de ira.

—¡No te acerques a él! —le gritó.

Nunca la había visto tan enojada, y eso la divirtió bastante.

Como si pudiese hacer algo para detenerla. ¿Con lo débil y cobarde que era? Desde niña; siempre llorando. Nada cambiaría.

Entre más se burlaba, más la alteraba.

—Vete —le ordenó como si su palabra pudiera influenciarla en algo, aunque si la molestó.

No era quién para darle órdenes, ni por mucho que se riera.

—Si no querías que te encontrara, ¿por qué te dio esa repentina obsesión de salir en todas las portadas de las revistas? —soltó con desprecio tomando la revista que tenía en su cinto para de lanzársela contra el rostro, y ella apenas la esquivó—. ¿Te gustó la fama?

Marianne vio como Katherine quiso golpearla, y eso la enfureció más. Jamás le iba permitir que lo hiciera. Nunca llegaría alguien que la hiciera doblegarse.

—Necesitarás algo más que tu simple fuerza para hacer que me vaya —le lanzó a la cara tras frenar su mano con fuerza, sin soltarla—. Recuerda que fuiste tú quien me hizo así, por lo tanto ahora tendrás que atenerte a las consecuencias.

Apartó de golpe su mamo soltándola con fuerza, y aquel movimiento la hizo trastabillar hacia atrás, pero aún así no se daba por vencida, como si con palabras pudiese conseguir algo más.

—No te acerques a Robert —repitió, pero por un momento había olvidado quién era Robert.

Cuando lo recordó, también recordó que lo iba a alejar de ella, y Katherine sería consciente de todo lo que haría.

—No me importa cómo se llame, y con que sigas repitiéndolo, no significará que lo vaya a hacer —la retó—. Decláralo como el comienzo de nuestra pequeña gran batalla, “hermanita” —concluyó con sarcasmo alejándose de ella, deseando en ese momento estar lo más lejos posible de ese lugar. No verla, no sentirla, y que ojalá nunca hubiera nacido.

Ese encuentro había sido gratificante, pero además, sumamente irritable. Creyó que cuando le dijera unas cuantas cosas, tendría algo de paz, pero aunque la satisfacción de ver su molestia la complacía, no era lo que ella esperó.

A bastantes metros de allí, se detuvo en un lugar en donde no pudiera sentirla, en donde pudiera pensar y tragar la amargura que tenía en su garganta, pero el silencio apremiante que la comenzó a rodear en ese instante la colocó nerviosa. Era un nerviosismo inexplicable, extraño, y que a la vez le hizo recordar lo que emanaba de Katherine hace algunos momentos.

Pensó que tal vez estaba paranoica por lo que acababa de hacer y lo que acababa de decir, y por eso no supo controlar su ansiedad; traduciéndola a lo que sentía. Como no quiso continuar sintiendo aquello, decidió que sería mejor volver a la casona para escuchar cuando volviera. A pesar de la rabia, sabía que cualquier cosa podría servir.

Al llegar a sus destino, se percató de que incluso había llegado antes que Katherine, y que además, al igual como las últimas semanas, su novio estaba allí.

Podría habérsele acercado, pero decidió que escucharía sobre qué hablarían primero.

Se sorprendió de inmediato de la terrible ansiedad y angustia que emanaba ese mortal mientras oía sus pasos al pasearse de aquí para allá. Había descubierto de la manera más grafica el sentimiento de que Katherine estaba enamorada, y fue más que obvio que el humano también. Tal vez por eso fue que no pudo influirlo cuando lo intentó. Ese debía ser un muy buen motivo, y no que ella estuviera perdiendo sus poderes.

Todo le dijo que sería divertido seguir, y que disfrutaría de gran manera separarlos. Lo único que esperaba era que cuando todo esto terminara, ella pudiera sentir la paz que no sintió hace unos momentos.

De pronto, cuando ya se estaba aburriendo, pasos se apresuraron hasta la ventana, y que con lo que escuchó luego, su hermana por fin había llegado.

¡Aleluya!

—>>¿Por qué tardaste tanto? —escuchó que decían el humano con premura—. ¿Sucedió algo? Estaba preocupado por ti.

¿Preocupado? ¡Pero si solo había salido unas horas!, pensó con burla. ¡Bah!. Otro melodramático para integrar al club.

—>>Solo me encontré con alguien —escuchó la respuesta de su hermana, pero tan imperceptible que apenas la pudo escuchar.

Sin duda lo que habían hablado la afectó.

—>>¿Con alguien? ¿Balthazar? ¿Te hizo algo? ¿Te dañó? —escuchó de inmediato en respuesta, y ese nombre la alertó.

Después de todo, ese Balthazar si era importante, y a ambos los ponía alerta. Iba a insistir en que Jack averiguara.

Con aburrimiento descubrió que no tardaron nada para enfrascarse en cursilerías que la harían vomitar si fuera otra la situación, y mucho menos se demoró en contarle lo que habían hablado.

Si ella le tenía confianza para decirle las cosas, era evidente que él no hacía lo mismo. Tal vez por miedo, porque en ningún momento se percató que él hubiese hablado alguna vez de los detalles de su conversación.

Cuando Katherine le dijo lo que Marianne quería, ella misma se sorprendió de la seguridad con que él habló luego sobre ella. Si tan solo supieran que Marianne estaba escuchándolos en ese momento, quizás pensarían más antes de hablar.

—>>No te preocupes, amor, que eso no ocurrirá —le dijo, y Marianne estaba atenta recostada sobre un mueble con los brazos cruzados detrás de su cabeza—. Yo solo quiero que tú me tengas.

¡Puaj! Para Marianne, esto estaba siendo peor que beber sangre de animal.

—>>Pero nada —continuó ante un «pero» inconcluso de Katherine—. Ella está cegada por el odio de algo que en realidad tú no tuviste nada que ver, y pronto ella se dará cuenta de todo lo que ha hecho, así que ahora no te envenenes más. Ya sufriste bastante por mucho tiempo, y lo que pasó hace más de cien años ya no vale tu condena. Es el ahora lo que importa. Y en cuando a mí, ella no podrá hacer nada para separarme de ti. ¿Lo entendiste?

Marianne quedó aturdida por unos momentos. ¿Cómo él podía decir aquello sin conocerla, sin saber toda la verdad? ¿Y cómo, más encima, creía a Katherine como la victima de todo aquello? ¿Qué había de ella? ¿Qué había de todo lo que Marianne había pasado? ¿Que acaso, a nadie le importaba lo que pudo sentir? ¿Acaso tuvo que ser una débil niña desde el principio para que alguien se preocupara por ella una sola vez? ¿Acaso tenía que arruinarles la vida a todos quienes la rodearon para una vez ser importante?

Se fue de la habitación sin importarle que alguien la sintiera, y de camino aplastó una araña con su tacón, como si aquel animal hubiese tenido la culpa de todo.

Abordó a un adolescente y su amigo cerca de un parque a unas cuantas cuadras de la casona, y su enojo lo tradujo clavando sus dientes en el rubio chico que parecía jugador de futbol americano.

El olor a tabaco le molestó, ya que le recordó a Katherine y sus vicios, así que no se detuvo mayor tiempo en ellos antes de seguir su curso.

Faltaba aún para el amanecer, pero por esa noche decidió que no volvería a la casona, y en vez de eso, optó por apresurar las cosas. Tomó su nuevo teléfono celular, y marcó el número que Jack le había dado, pero solo después de varios toques, él contestó.

—Jack, habla Marianne —soltó sin esperar un saludo.

—¡Vaya! ¿Pero ahora, quién no tiene modales? —se burló con la voz impregnada de pereza. Lo acaba de despertar—. Espero que sea importante, porque me despertaste de un ardiente sueño contigo —agregó antes de reprimir un bostezo.

Marianne se dio cuenta de que, a pesar de lo furiosa que se encontraba, estuvo a punto de sonreír al escucharlo.

—No te hagas el payaso —lanzó en tono frío—. Será mejor que traigas tu culo sexy a la casona antes de que amanezca. El actorcito no debería tardar en salir.

Escuchó unos momentos al otro lado de la línea, pero no decían nada.

—Su auto está en la esquina oeste de la dirección, junto a un gran árbol, así que tú deberías hacer lo que tengas que hacer —continuó, recordando que Jack ya tenía bastante información como para comenzar a asustarlo—. Tú ves cómo lo abordas. Yo solo quiero que entregues a Katherine Jacobs tal como es. ¿Me oíste? —concluyó sin detenerse más.

Jack guardó silencio otros segundos, seguramente asimilando lo que acababa de escuchar.

—¿Hablas en serio? —preguntó finalmente, y aunque no estaba a su lado para poder percatarse de sus emociones, el tono de su voz se inundaba de emoción.

—Por supuesto que sí. No me gusta perder mi tiempo —respondió—. Ahora iré a dar un paseo y te veré en tu departamento más tarde, cuando hayas hecho tu trabajo.

Y en realidad esperaba que todo saliera bien.

—Perfecto. Nos vemos —escuchó al otro lado de la línea, y esta vez fue Marianne quien guardó silencio esperando por algo que ni ella conocía muy bien.

—Como sea —fue lo único que dijo antes de colgar.

Regresó el celular a su bolsillo, y se sentó en la acera hacia la calle en donde no pasaba ningún vehículo a esa hora. Estaba pensando, y era lo único que hacía mientras miraba las estrellas, tratando de recordar el nombre de al menos una constelación, pero se dio por vencida cuando el tumulto de emociones la seguía torturando. Por fin estaba consiguiendo algo después de dos semanas de estar en esa ciudad, y después de más de cien años de esperar, pero aún así no se sentía como creyó que se sentiría al estar a pasos de una esperada revancha.

Su madre le dijo que la cuidara, su padre le dijo que la cuidara, pero la vida se encargó de demostrarle que solo debía acabarla.



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cuando tenga tiempo subo el otro, porque ya lo tengo.... continua en el presente, espero que les haya gustado
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